martes, 12 de junio de 2012

Crímenes del futuro


Esta es una de esas obras en las que aparentemente no ocurre nada, donde no encontramos un argumento definido entre sus líneas sino una incógnita por resolver; si exceptuamos todo aquello que le sucede a nuestro único protagonista y como consecuencia de ello el descubrimiento de todo ese complejo microcosmos que gravita a su alrededor en ambientes que Hamsun intercala en la narración con suma maestría, tanto cuando nos movemos entre espacios cerrados, viciados y sumamente claustrofóbicos (habitaciones de alquiler), como cuando salimos al exterior a buscarnos la vida, básicamente porque tenemos hambre de existencia.

Como lectores que traspasamos el umbral de la dolorosa experiencia que supone ponernos en la piel del protagonista, nunca se cita su nombre así que vamos a llamarlo ‘Ninguno’ en todo caso cada cual puede bautizar al individuo con su propio nombre si ese es su deseo, yo no lo haré para no sentir el peso de la vergüenza ajena sobre mis espaldas; firmamos voluntariamente el ingreso en la novela y aceptamos todas aquellas vicisitudes que puedan acontecer en el trascurso de esta odisea del espacio temporal. Conocemos, eso sí, como una de las escasas concesiones del autor al público lector, el lugar en que transcurre (la ciudad de Cristianía, a la que conocemos mejor por su actual nombre: Oslo; y a la que reconocemos por las nomenclaturas de calles, plazas, etc, que aparecen en la novela…), y también el momento histórico en que transcurre: 1890. Llamando desesperadamente a las puertas de la percepción del Siglo XX.

Nuestro protagonista es escritor, o así se nos presenta en una sociedad sumamente individual, la que se desarrolla en su mente, escribe artículos que no le ha pedido nadie e intenta colocarlos en los periódicos de la época, es tan jodídamente bueno que a veces cuela alguno de ellos con lo que consigue unas pocas coronas (de espinas) que le sirven para mantenerse en pie… y continuar escribiendo. El problema es que Ninguno cada día está más débil porque las punzadas del hambre le han agujereado los bolsillos de sus raídos pantalones. Y si no come no puede escribir, y si no puede escribir su vida carece de sentido. Aún así, toma voluntariamente un sendero sin fin que le conduce a vagar sin descanso por las calles de la ciudad en busca de ese indefinido deseo de grandeza que bulle en su interior. Incluso coquetea con una señorita, pero apenas le quedan fuerzas que malgastar ni siquiera para levantarle las faldas a la musa que podría haberle servido como inspiración. Ninguno duerme en los fríos bosques que rodean esa ciudad nórdica abrazado a una esperanza que se le escapa entre las costuras de los sueños. Ninguno pierde la razón pero conserva una dignidad de valor incalculable (hermoso ese pasaje en que regala una pequeña herencia a un pordiosero necesitado, ya que su ambición es más espiritual que material). Ninguno se desespera cuando aparece la paranoia de la locura para jugar una partida de supervivencia con él. Ninguno quiere ser reconocido como un creador superior y codearse con la naturaleza del arte… Ninguno es un ser frustrado.

Dividida en cuatro partes que tan solo suponen un breve descanso donde aposentar el punto de libro para que se alimente de las migajas que Hamsun te deja en su afán de grandilocuencia, ya que apenas cambia el sentido ni la dirección de la trama sino para que el autor nos deje bien claro que este asombroso debut tiene marchamos de clásico de la literatura por la voracidad con que sus letras te van mordiendo el alma, esta novela (que supuso el debut del autor) merecería mucha mayor difusión de la que ha tenido de no haber sido por la turbulenta vida privada de su autor: sorpréndase ustedes mismos del estudio de la biografía de un autor que ya de viejo se convirtió al fascismo durante la segunda guerra mundial, de hecho le entregó la medalla que obtuvo por el Premio Nobel de 1920 a Joseph Goebbels en una reunión de amiguetes a la que no faltó el propio Hitler. Sin comentarios.

En defensa de la cultura; el hambre, la voracidad de conocimiento que tenemos como lectores, nos lleva a veces a comer… “cualquier cosa”. Este es un manjar especial, no nos vamos a engañar, a pesar de los condimentos de los que se adereza. No apto para estómagos sensibles, muy recomendable para mentes sin prejuicios.-

sábado, 9 de junio de 2012

Tal Winkelfeld

De los vivos, posiblemente sea el mejor guitarrista en activo. Y como me jode que sea tan poco valorado. Los muertos, con Hendrix a la cabeza, esperan impacientes su llegada al Olimpo de la Eternidad para tocar junto a él. Dicen que ya no quedan entradas, y que en la reventa algunos hasta venden su alma al Diablo Musical para poder asistir a la futura velada…
Mientras tanto, Jeff invita a jóvenes músicos a tocar junto a él para que la memoria del tiempo no borre jamás la esencia que desprenden los acordes de una buena canción.
Ladies and Gentleman: Al bajo, la Srta. Tal Winkenfeld, australiana de 26 años para más señas, en su curriculum además de esta sobrecogedora colaboración con Jeff Beck ha tocado con gente de la talla de Eric Clapton, Wayne Shorter, Chick Corea, Herbie Hancock, Steve Vai, Alman Brothers Band…

jueves, 31 de mayo de 2012

Björk Out


Aquellos que dispongan de entrada de día para la jornada del sábado 2 de junio y tras la cancelación de Björk ya no deseen asistir a esa jornada podrán cambiar su entrada para asistir a otra de las jornadas principales que se celebrarán en el Parc del Fòrum el jueves 31 de mayo o el viernes 1 de junio. El cambio de entrada para otra de las jornadas principales se realizará solo durante la misma jornada a la que se desee asistir en los accesos al recinto.


El interesado ha de personarse del 5 al 18 de junio (ambos inclusive) en el punto de venta donde se efectuó la compra y entregar la entrada original en buen estado. El importe correspondiente a la entrada se entregará al interesado en el propio punto de venta.

Pues que mala suerte porque la ocasión la pintaban única para disfrutar de Björk, junto a otra serie de grupos, a un precio asequible, no interesa el cambio de sesión porque muchos de los que teníamos entrada para el sábado pasaran al viernes (en general el mejor día de cartel) con lo que el recinto estará a petar y con ello se resentiría el buen disfrute no masificado en exceso.

La nena tiene una afección en el nódulo de la garganta y entiendo perfectamente que si le falla la voz, algo indispensable en ella, suspenda el concierto. Lo que me parece increíble es que no devuelvan el importe de las entradas hasta 3-15 días después del evento, vaya que van a estar especulando con la pasta de un concierto que no vas a disfrutar durante dos semanas. Algo similar me pasó hace algunos años con el concierto de los Rolling Stones, donde resulta que el día anterior el amigo Keith Richards se cayó de un cocotero mientras hacía el indio y tuvieron que suspender el concierto. Que casualidad. Yo llevo currando en diferentes historias algo así como 26 años y creo que no he faltado ni un solo día al trabajo. Llámame responsable, o mejor dicho… Gilipollas!!!!

sábado, 19 de mayo de 2012

Auster-idad


Magistral ejercicio autobiográfico de un autor que se ha hecho a sí mismo, desde la Auster-idad de medios disponibles con los que el joven Paul decide cierto día dedicarse a esto de escribir, deliciosas pinceladas de sus vivencias parisinas, hasta el invierno de una existencia que el mismo da comienzo en cierto momento de sus 64 años actuales, instalado en la confortable placidez de su República Independiente de Brooklyn -Nueva York-, por elección propia. Un buen puñado de recuerdos de diferentes etapas de su vida que el lector debe ir situando en el tablero mágico de su memoria para ir dando forma a la persona, humana demasiado humana, que firma todas esas novelas que conforman una de las más impresionantes bibliografías contemporáneas existentes en la actualidad. Vivencias muy personales entregadas de forma aleatoria a cada salto de mata que puede suponer ese breve descansillo, flashbacks literarios que vuelan caprichosos de Infancia a Madurez o de Juventud a inicio de Tercera Edad; que encontramos en este diario, a pesar de que su estructura no es exactamente esa, la de diario de un becario de triste salario, así que lo rebautizaremos en anuario repleto de confesiones que van a sorprender, y mucho, a todo su ejercito de admiradores pero también a sus detractores (que aquí sentirán una irremediable simpatía hacia un autor que se desnuda sin tapujos dejándose puesto tan sólo un taparrabos de intimidad). Acuérdate de cuando eras niño y abrías un paquete de cromos rompiendo con tanto cuidado como precisión la solapa del sobre para ir sacando una a una esas estampitas que pintaban de ficciones el cuadro de tu imaginación. Esa podría ser la sensación que he ido sintiendo al avanzar entre las páginas de esta confesión.

Escrito en una especie de 2ª persona donde son las páginas en blanco que Paul va introduciendo en su vieja máquina de escribir Olympia las que le van arrancando su declaración a golpe de tecla, un gran acierto la elección de este recurso en mi opinión, y no al revés como suele desarrollarse habitualmente la batalla entre la mente del escritor y el alma nítida del papel virgen; ya desde la primera frase el tuteo entre uno y otro deja entrever una confianza ciega en lo que se nos va a contar de principio a fin. Imposible escoger algún pasaje en particular, todos contienen tal cantidad de detalles interesantes que hacen que sea sumamente difícil destacar alguno en particular (entiendo la dificultad de la persona que tuvo que escribir la sinopsis, esta de Anagrama, de un libro tan complicado de resumir que la mejor opción sería dejar que el lector extrajera sus propias conclusiones sobre lo que acontece entre líneas o despachar la explicación con tres o cuatro frases certeras sobre lo que vas a encontrar ahí dentro); cualquiera de esas hojas de calendario anuario que corren tan deprisa, que vuelan tan despacio, podría hacer que me extendiera demasiado sobre lo que sucede en su interior... Creo que no debo divagar más con respecto al argumento. Menos es más, siempre que multipliquemos sensaciones y dividamos su resultado entre el conjunto de días que cada uno ha vivido o vivirá: el resultado dependerá de los méritos adquiridos por cada cual.

Seriedad, templanza, moderación o prudencia podrían ser sinónimos de Auster-idad. Aquí conocemos personalmente, o casi, a un tipo particular, extremadamente raro (¿Quién cojones son los extraños: vosotros, nosotros… o, ¿puede que sean ellos?), que se gana la vida escribiendo libros, y lo hacemos porque el nos lo quiere contar ahora, justo en este preciso momento, en que la vida ha decidido que debe iniciar el invierno de su existencia. El trayecto que le lleve a esa última estación llamada Muerte puede durar unas cuantos años más, ojala sean los suficientes para que siga contándonos otras historias suyas, tan sólo hay que dejarse llevar con la elegancia que se le supone a cualquier persona digna de haber transitado por este mundo, y Paul Auster es una buena persona. Caerán muchas nieves en le invierno futuro, se perlaran de blanco las cumbres de tus sienes, puede que incluso el frío (ese que todos sentiremos) se haga insoportable; entonces y solo entonces será el momento de armarse de valor y enterrar bajo metros de tierra el miedo a traspasar la frontera. Y adentrarse en lo desconocido con la cabeza bien alta.

jueves, 17 de mayo de 2012

La Kultura no es tortura


Esta peña cumple un año en la red, por ahí abajo los tengo enlazados, pero pincha aquí para conocerlos mejor por ti mismo, ofreciendo otra forma de hacer periodismo y tratando la cultura desde cualquiera de los diferentes prismas que la comportan. Vaya, que no te vas a aburrir si lo que buscas es profundizar en la materia y aprender de temas tan dispares como: Arte y Letras, Cine y TV, Deportes, Ciencias, Música, Gastronomía, Tendencias, Viajes… y muchos otros temas que te van a sorprender por la calidad con que son tratados por el responsable de turno. Además de unas rigurosísimas entrevistas a personajes conocidos, y no tanto, que pondrían los dientes largos al mismísimo Vampiro que a veces asoma por este blog.
Para celebrarlo lanzan una edición especial en papel que estará disponible a principios del mes de junio en las ciudades más importantes del jodido Estado, aunque también se puede conseguir contactando con ellos en la misma página para urbes pequeñitas, pueblos más chiquitines, y otros países del Universo. Una gran noticia ver aparecer publicaciones como ésta, entre tanta basura que rezuma por las cuatro paredes de cualquier kiosko. Lo pillaremos, claro.

sábado, 12 de mayo de 2012

Año 1 después de Crisis


El próximo martes se cumple el primer aniversario del 15-M, movimiento evolutivo y pacífico que la humanidad debería instituir como festividad propia, para que esos pocos que se empeñan en destrozar el mundo sepan que no sólo no lo van a tener fácil sino que lo de someter al respetable les va a ser imposible de realizar. La cosa va a nivel internacional, o sea que en todas las ciudades del globo la buena gente saldrá a tomar las calles para que no se apague la llama del derecho básico que supone vivir con dignidad. Que la vida es sueño, como dijo Calderón, así que móntate en la barca libertaria.
Como cae en martes, ni nos casamos con el sistema ni nos embarcamos en su aventura suicida, la concentración más potente se celebrará hoy sábado, o sea que esta tarde a las 18.00 h. en la plaza de tu pueblo, de tu ciudad, de tu país, de tu mundo, puedes darte un paseíto y disfrutar de la primavera que si llega. En todas partes cuecen habas, las razones de las que bullen en la olla española podrían ser estas: ni un puto euro más para rescatar a los bancos, educación y sanidad públicas y de calidad (que no nos quiten todo aquello que tanto costó conseguir…), nada de precariedad en tu trabajo y por supuesto que se metan la reforma laboral por donde les quepa, por una vivienda digna garantizada, una renta básica universal… ¿Te parece poco?.

martes, 8 de mayo de 2012

Ghotic Rugby


Título: La gloria hay que ganársela
Autor: Ray McManus (Irlanda) – Sportsfile

El fotoperiodismo, profesión admirable donde las haya, da imágenes inmortales a lo largo de cualquier año. El World Press Photo (que llega a España con una Exposición que espero ver más pronto que tarde) premia los mejores momentos congelados en el tiempo, retales de nuestra historia, y ahí tiene que estar un profesional de la cámara para captar ese instante que transcurrido un solo segundo más ya no se volverá a repetir. Esta estupenda fotografía obtuvo el 2º premio en la categoría de deportes. Dudo mucho, aunque le concedo el beneficio de la duda, ya que desconozco la foto todavía, de que pueda gustarme más el primer premio.
Llueve a mares y el terreno de juego se ha convertido en un lodazal impracticable, pero no se puede parar el partido porque hay demasiado en juego, aunque sea a la pequeña escala local donde se desarrolla la batalla, además nadie se mueve de su asiento. El tío que libera el melón de cuatro gajos fabricados en cuero se llama Conor Crowley y su equipo es el Blackrock College, están jugando contra el Old Belvedere en la última jornada de la All Ireland League. Ni idea de cual fue el resultado final pero parece que no fue suficiente para el bueno de Crowley porque los Belvederes acabaron ganando el partido y la Liga.

La cuestión es que al mismísimo Caravaggio le hubiera costado pintar un cuadro mejor…

sábado, 5 de mayo de 2012

El aprendizaje de la Soledad


Ha sido un acontecimiento extraordinario, de esos que suceden en contadas ocasiones a lo largo de toda una vida y como tal, digno de figurar en mi bagaje existencial. Sensaciones, momentos en el tiempo, cruce de caminos mentales; multitud de formas diferentes podrían dar nombre a lo sucedido durante la semana en curso. Jean-Paul Charles Aymard Sartre dio a luz al ciudadano Antoine Roquentin en 1938, en un parto tan extremadamente placentero para su primerizo autor como doloroso para todo aquel futuro lector que sepa descifrar el mensaje encerrado en ese bote de tinta roja que contiene su obra, elocuencia reafirmada hasta el extremo del paroxismo para quién firma esta reseña. Casi tres cuartos de siglo después, a principios de un mayo de 2012, clausuro la lectura de LA NAUSEA, giro el cuello a izquierda y derecha arrancando un leve gemido a las astillas de hueso que resbalan por mi espina dorsal, después miro hacia arriba y hacia abajo; allí en lo alto observo el mismo cielo cambiante de todas las primaveras mientras presencio allá abajo como mis manos que tiemblan nerviosas de emoción contenida, desplegan una y otra vez el abanico de páginas del libro como si así pudieran ahuyentar al demonio que encierra dentro. Simone se lo explicó a Jean-Paul, mientras Anny se disfrazó de diosa materialista y menospreció el espíritu de Antoine... Some of these days you’ll miss me, Honey.

La estructura en forma de diario de la novela es algo bastante relativo, ya que como podemos observar el autor “malgasta” días enteros en una solo línea (como cualquiera de nosotros podría despachar 24 horas de su existencia de un solo trago), mientras que dedica ciertos ramilletes de tiempo, tan precisos como exactos (viernes a las 3, jueves a las 6…) a desarrollar toda una serie de anécdotas capaces de envolver al lector en una nebulosa de fluida narrativa ajena al río del transcurso de la acción. En todo caso, asistimos a los últimos estertores de la estancia de Antoine en Bouville, un pueblucho en mitad de ninguna parte del que Sartre (intentando “engañar” al lector, ya que afirma en cierto pasaje que es la 7ª población francesa, algo que, investiguen ustedes al respecto, no consiguió hacer con un servidor, a no ser que decidiera disfrazar una innombrable ciudad bajo el pseudónimo de Bouville, que también podría ser…) antes de partir hacia París en busca de un poquito más de… grandeza. Él que lo ha viajado todo, lo ha leído todo, lo ha vivido todo; él que tiene la facultad de valorar a las personas con un simple vistazo, y de borrar a los personajes superfluos de un solo plumazo. Todo ocurre allí, el descubrimiento de la extraña sensación, el reencuentro con Anny (descomunal en cuanto al contenido de la conversación en uno de los escasos pasajes dialogados de la obra), allá localizamos su territorio de acción, su coto de caza, entre cafés y las señoritas que los sirven, además de sus inexcusables visitas diarias a la biblioteca municipal. Supongo que no olvidaré nunca ese paseo, un domingo cualquiera, de Antoine por Bouville, sus parques y sus gentes, sus convenciones sociales, la idiosincrasia propia de los personajes que pululan por la calle vestiditos de domingo a las 12 del mediodía en cualquier ciudad, ayer y hoy, prueben ustedes sino a observar atentamente… Some of these days you’ll mis me, Honey.

Todas aquellas personas que hayan tenido la oportunidad de disfrutar de esta obra maestra de la literatura, que reposa desde ya en el Olimpo de la Inmortalidad de mis lecturas personales, sabrán valorar en su justa medida el peso que tiene en ella el personaje del Autodidacto, lo pongo en mayúscula porque así quiso que fuera el propio Sartre, y todo aquello que surgió de su relación con Roquentin (un tipo asocial, extremadamente reservado y solitario, rara avis que sobrevuela las alturas de la inteligencia suprema). Un Autodidacto vendría a ser alguien que aprende por si solo de las cosas que le ofrece la vida, que no acepta las enseñanzas de los gurús que imponen los tiempos dados y nunca prestados; aunque busque desesperadamente el contacto con ellos para pasarles, con tanto disimulo como respeto, la esponja que todo lo absorbe por la espalda (es)cultural. Alumno de todo maestro de nada, gracias por todo y desgracias por nada. Múltiples vericuetos se pueden tomar desde el sendero que conduce la trama; personalmente, y una vez devorado ese tercio final que incluye el apoteósico cierre de la obra (donde entre cosas el autor nos devela la edad real de Roquentin, algo que supongo tirará por tierra muchas de las conjeturas prematuras del lector desprevenido…), olvido voluntariamente presentarme en esa estación donde el tren de las sombras ya emite el último aviso a los pasajeros que desean marchar; aquí me quedo, todavía tengo muchas ganas de aprender. Y vuelvo al Rendez-vous des Cheminots, pido un café solo y le suplico a la camarera que vuelva a poner aquel antiguo disco de vinilo, quiero volver a sentir como la aguja de diamante que surca las venas de notas, de letras, crepita de nuevo sobre la superficie oscura y lisa del objeto redondo; quiero escuchar de nuevo aquella canción de la solista negra sin nombre, acompañada por su banda de jazz, y cuyo estribillo dice aquello de… Some of these days you’ll mis me, Honey.

domingo, 29 de abril de 2012

Curro 'Kurt' Savoy, silbador


FUENTE: La Contra de LA VANGUARDIA 26/04/2012

Nació Francisco Rodríguez Muñoz, luego fue Curro, el del puesto de chucherías, y luego Kurt Savoy, el que ponía silbidos en los duelos de las películas del Oeste. Su silbo le llevó un día a actuar en el teatro Olympia de París, "¡el sueño de mi vida!". Y ahora acaba de poner silbidos a una película francesa con Gérard Depardieu y Catherine Deneuve. Aprendió a vestir siempre gorra y camisa negra -"así no se ve la mierda"- en sus giras, y te silba lo que le pidas. Dice Kurt (Currosavoy.com) (Kurtsavoy.es) que silbar combate la apoplejía. Y que existe en Estados Unidos una asociación internacional de silbadores, de la que es presidente de honor. Y ahora él funda otra europea, Siffleurs du Monde.

No se cansa de silbar?
Cada vez que voy a un sitio me piden que silbe...

¿Y qué hace usted?
Silbo al principio, y así luego me dejan cantar.

¿Desde cuándo silba?
Desde siempre. Nadie me enseñó. De niño ya silbaba a las niñas, y luego a las mozas.

Y ya no ha parado.
Sigo silbando, sí. Pero jamás imaginé que un día podría vivir de silbar. Es que todavía no me lo creo... ¡Yo vivo del aire!

¿Hasta qué punto?
Tengo asegurada mi dentadura en 480.000 euros. Pago 7.000 euros al año.

¿Y eso?
Un traumatismo en los dientes alteraría mi capacidad de silbar. Y me gano bien la vida.

¿Qué trabajos le ha permitido silbar?
He silbado para la banda sonora de un centenar de películas. Y para la música de 130 anuncios. Y he grabado 43 discos.

¿Discos de silbidos?
Sí, he silbado los mayores éxitos del jazz (acompañado por un cuarteto), he silbado los villancicos más célebres, he silbado temas populares, éxitos del pop y del rock, del country, del flamenco... ¡Y piezas de música clásica! Esto gusta mucho en Japón.

¿Cuál ha sido su trabajo más célebre?
Mi silbido en las bandas sonoras de westerns musicados por Ennio Morricone: he silbado en El bueno, el feo y el malo, Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, El hombre de la armónica...

¡Pequeños grandes clásicos del género!
También he silbado algunos temas compuestos por mí mismo, como La diligencia, El gran duelo, El día comenzó...

¿Estudió música?
Cursé estudios en el conservatorio. Me obsesioné tanto con la música que un día olvidé a mi esposa en una gasolinera.

¿Cómo es eso?
Andaba yo abstraído repasando mentalmente compases y armonías, y arranqué el coche después de haberme detenido a repostar gasolina. Ella había bajado al lavabo. Y muchos kilómetros más allá veo que ella no está a mi lado en el coche. Pero como circulaba por autopista, me costó regresar...

¿Cómo le recibió ella?
Nos habíamos casado hacía poco, yo estaba loco por ella..., y me tuvo 14 días sin tocarla. ¡La música casi me cuesta el divorcio!

¿Pudo ablandarla con unos silbiditos?
En casa están hartos de mi silbido, ja, ja...

¿Silba en la ducha?
Y en la cocina... Voy ensayando por casa...

Su mujer es una santa.
Es muy valiente: es torera. Nació en Nimes, ciudad taurina. Se lanzó a la plaza de espontánea en 1970. Luego toreó en Sudamérica.

¿No triunfó?
Por el machismo del mundo taurino.

¿Cómo la conoció?
La vi entrenar en la Casa de Campo, me gustó mucho y la invité a una actuación mía en Madrid. ¡Y vino! Nos enamoramos.

¿Qué tipo de actuación?
Un recital de canciones rock y pop. Yo siempre quise ser cantante y así empecé. ¡La primera guitarra eléctrica de España fue mía!

¿En serio?
Creo que era la primera: la exponía una tienda de música en Madrid, cerca de la portería en la que trabajaba mi madre.

¿En qué trabajaba su madre?
Vendía caramelos y chucherías. Yo la ayudaba. Éramos pobres, pero ella prometió al de la tienda que pagaría la guitarra a plazos.

¿Y empezó a actuar con su guitarra?
Mi padre era albañil y ganaba 20 pesetas al día. Me enteré de que en un concurso de la cadena Ser, con Bobby Deglané, ¡al ganador le daban 20 duros y un bote de Cola Cao!

¿Y participó?
Canté una canción de Elvis, me olvidé de la letra... y rellené el hueco silbando.

¿Y?
¡A todo el mundo le encantó! Y así gané.

Y así empezó a silbar en público.
Mi nombre salió en un luminoso en Cibeles, y mi madre llamó a los vecinos para verlo.

Y empezó a grabar discos.
Una discográfica me dio cita... y me olvidé del día. Pedí perdón, pero me castigaron: ficharon a un chico llamado Mike Ríos.

Miguel Ríos.
Fuimos los primeros rockeros aquí. Por el periodista Tico Medina me llegó una carta de Elvis Presley: quiso conocerme.

No me lo creo.
¡Que sí, que sí! Yo había estado una tarde con Paul Anka: le encantó mi silbido..., ¡y digo yo que se lo debió de comentar a Elvis!

¿Cuál es el truco para silbar bien?
Hacerlo con sentimiento. Sentir la canción. Y tener estilo personal,

¿Qué es lo más raro que ha hecho con su silbido?
Meterme en una jaula con leones, en un circo por Castilla. Allí dentro, yo silbaba para atraer al público. Estaba acojonado, casi no me salía el silbido.

No me extraña.
Fuera había un guarda con rifles, por si me atacaban los leones. Y así conseguí que viniese mucho público.

De todas las canciones que ha silbado, ¿cuál es la que le gusta más silbar?
La canción Over the rainbow, del musical El Mago de Oz.

¿Le han llamado freaky por todo esto?
Bah, yo me gano la vida sin quebraderos de cabeza ¡y divirtiéndome! Silbar me compensa. El resto... me da igual.

lunes, 23 de abril de 2012

Sant Jordi 2012


Dice el calendario que hoy es día laboral, cumplan ustedes con sus obligaciones pues. Que no son otras que regalar a sus seres queridos, o porqué no a ustedes mismos, un libro y una flor. Rieguen sus neuronas de cultura y procedan a entregarle un sorbito de su agua de vida a esa rosa llamada Amor que la reclama desde su caprichoso silencio.
Nubes, solecito, y un poquito de lluvia. Dejen que la primavera desnude sus sentidos y nos muestre su cara más amable. Sorpréndanse de estar y sentirse vivos. Disfruten el momento y compartan una sonrisa sincera con el mundo que les rodea.
Y mañana será otro día…