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miércoles, 15 de mayo de 2024

Alice Munro (1931-2024)

 

Entrevista concedida por Alice Munro en el verano de 1994 para The Paris Review actualmente desbloqueada y disponible en abierto/todos los idiomas a raíz del fallecimiento de la autora en el día de ayer: AQUÍ.

sábado, 9 de marzo de 2024

El hombre que inventó la ciudad de los prodigios

 

Les dejo el enlace de una entrevista vía eldiario.es que me ha parecido deliciosa. Dos horas y tres cervezas después espero que puedan disfrutarla tanto como un servidor.

Ladies & Gentlemen: Javier Pérez Andújar & Eduardo Mendoza.

Pueden leerla gratis y en abierto: AQUÍ

viernes, 2 de marzo de 2018

L’art del Ninotaire


Ferreres, dibujante como a él le gusta llamarse, ha sido despedido de El Periódico por sus ideas políticas (divergentes con la línea editorial de este rotativo vendido a la dictadura española) después de trabajar en la casa desde 1997, finalizaba contrato el pasado 28 de febrero y esta es la última viñeta que parió… y que no le publicaron. Motivo: CENSURA.

Desde ayer 1 de marzo de 2018, ni un puto día en el paro, dedicará su talento a ilustrar la contraportada de un diario moderno, plural, y de una excelsa calidad (esto es una opinión personal): Ara.
Aquí vamos a publicarla, claro, porque me sale de los cojones y porque sin Libertad de Expresión, personalmente again, no merece la pena vivir.




miércoles, 2 de septiembre de 2015

Roberto Bolaño: Ipse dixit

Me dispongo a copiar en formato blog una selección de fragmentos de la última entrevista, tan larga como sumamente interesante, que concedió Roberto Bolaño antes de su partida al otro barrio en el año 2003. La periodista preguntona fue Mónica Maristain y fue publicada en la edición mexicana de la revista Playboy. Si se les hace corto este post pueden continuar leyendo AQUÍ


¿Le dio algún valor en su vida el haber nacido disléxico?
Ninguno. Problemas cuando jugaba al fútbol, soy zurdo. Problemas cuando me masturbaba, soy zurdo. Problemas cuando escribía, soy diestro. Como puedes ver, ningún problema importante.
¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mastretta otro sería su parecer acerca de sus libros?
No lo creo. Primero, porque esas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo. Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de lo prosodia y el ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio.
¿Quién le hizo creer que es mejor poeta que narrador?
La gradación del rubor que siento cuando, por pura casualidad, abro un libro mío de poesía o uno de prosa. Me ruboriza menos el de poesía.
¿Usted es chileno, español o mexicano?
Yo soy latinoamericano.
¿Qué es la patria para usted?
Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.
¿Enrique Lihn, Jorge Teillier o Nicanor Parra?
Nicanor Para por encima de todos, incluidos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y Gabriela Mistral.
¿Qué le hubiera dicho a Gabriela Mistral si la hubiera conocido?
Mamá, perdóname, he sido malo, pero el amor de una mujer hizo que me volviera bueno.
¿Usted tiene más amigos que enemigos?
Tengo suficientes amigos y enemigos, todos gratuitos.
¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que ha recibido por parte de sus enemigos?
Muchísimas, cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?
¿Ha experimentado el hambre feroz, el frío que cala los huesos, el calor que deja sin aliento?
Como dice Vittorio Gassman en una película: modestamente, sí.
¿Ha robado algún libro que luego no le gustó?
Nunca. Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito.
¿A qué personaje de la historia universal le hubiera gustado parecerse?
A Sherlock Holmes. Al Capitán Nemo. A Julien Sorel, nuestro padre, al príncipe Mishkin, nuestro tío, a Alicia, nuestra profesora, a Houdini que es una mezcla de Alicia, de Sorel y de Mishkin.
¿Piensa alguna vez en sus lectores?
Casi nunca.
¿Qué cosas de todas las que le han dicho sus lectores en torno de sus libros le han conmovido?
Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.
¿Qué cosas lo aburren?
El discurso vacío de la izquierda. El discurso vacío de la derecha ya lo doy por sentado.
¿Cuáles son los cinco libros que marcaron su vida?
Mis cinco libros en realidad son cinco mil. Menciono éstos solo a manera de punta de lanza o embajada aviesa: El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa, de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Pero también debería citar: Nadja, de Breton. Las cartas, de Jacques Vaché. Todo Ubu, de Barry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y el proceso, de Kafka. Los aforismos, de Lichtenberg. El Tractatus, de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los pensamientos, de Pascal. 

lunes, 16 de febrero de 2015

El trueba chico


Un tipo que no quiso pasar por el altar y no cree en el matrimonio -porque "el amor no sabe de papeles"- pero es capaz de terminar su primer libro encerrado en el monasterio de Silos, una semana en silencio preceptivo, no puede ser más que conciliador. Reflexivo, ocurrente, niño con canas, talentoso, David Trueba, director de cine, guionista, periodista, es buena gente. De esos a los que no les interesa meter el dedo en llaga ajena. De los que prefieren la playa en invierno. Se ha atrevido ahora con su última novela, Blitz (Anagrama), con una trama que traerá cola: joven arquitecto treintañero inicia relación sentimental con una mujer que casi le dobla la edad, la traductora Helga.

¡En menudo jardín se ha metido! Lo más suave que dice su protagonista es: "Me he follado una señora mayor alemana".
Es que no quería una historia edulcorada. Preferí ese ejercicio de sinceridad aunque sea más cruel. Lo que siente se ve interferido por lo que la sociedad dicta.

Pasa de sentir "un delirio de carnalidad" a verse grotesco.
Se defiende con el "estaba medio borracho". Esa es la gracia. El qué dirán ha calado tanto que el chico se busca excusas para algo que ha hecho voluntariamente.

Si fuera a la inversa -señor mayor y chica joven- ella en lugar de llamarle viejo citaría maravillas de un hombre maduro, la experiencia y esas cosas...
Claro, porque una chica joven que va con un hombre mayor no se siente tan observada socialmente. A mí me gusta que uno quiera a mi personaje pese a que a veces se comporte como un miserable.

Es inevitable que se lo pregunte: ¿hubo Helga en su vida?
Bueno..., sí, la hubo. No como sale en el libro pero sé perfectamente lo que siente él.

¿Cómo se le ocurre escribir que volvería a encamarse al probar su tarta de manzana?
¡Somos unos críos! El reto, al escribir, es generar una incomodidad pero en la que el lector se sienta cómplice. Abrir costuras.

Dice de su exnovia "era mi lugar de acogida".
Sin ella el tipo se siente huérfano. Pero creo que las mujeres, con la edad, son más interesantes. A los hombres de mi generación a veces les asusta el compromiso con jóvenes. Te dicen ellas "se fue". ¿Pero qué le has dicho, tía?. "Nada, que teníamos que tener hijos en un par de años, que concretáramos la relación..." Claro, ¡ellos buscan la ventana más cercana!

Familia con varios genios, celos seguro.
Supongo que sí. Pero no de que a tu hermano le den un Oscar, no, más bien de sus habilidades.

Le vimos en la gala de los Goya. ¿Le gustan los saraos?
Yo, durante las galas, siempre estoy pensando en gamberradas. Me aburre mucho lo de pensar en vestirte, etcétera.

Si aquella noche se hubiera cruzado con el ministro Wert ¿qué le hubiera dicho?
Ya se lo he dicho alguna vez. Que al Consejo de Ministros un ministro debería ir como el jefe de una sección a la junta de portada: a defender a los suyos. No a atacar. A mí me da la sensación que nadie, en el Consejo de Ministros, está defendiendo la cultura.

¿Y él contesta?
Sí, es un hombre bastante... no quiero usar la palabra cínico porque es una palabra fuerte y un poco teñida pero, vamos, sí, te dice que es culpa de Montoro o que a Rajoy no le interesa nada la cultura... Torea, es inteligente.

¿Podemos sólo capitaliza un desencanto?
Sí, y de pronto algunos de los que se llenaban la boca diciendo que había que involucrarse en política, para cambiarla, ahora quieren echarlos del territorio político. ¡Ten cuidado con lo que deseas, no sea que se cumpla!

En su libro empieza el lío por un SMS equivocado que ella le dirige a un antiguo novio. ¿Es usted insumiso digital?
Bastante. Aproveché que Mark Zuckerberg compró WhatsApp para darme de baja pero en realidad quería liberarme. Nunca he tenido Facebook y ya me agoté de Twitter y todo eso.

Los libros informáticos los encuentra estéticamente feos.
Miro a la gente, con el dedito en ristre, y siempre me parece que entre la literatura y el soporte digital hay algo, inexplicable, que se pierde en el camino.

"Renunciar al papel me parecería como renunciar a tocar la piel de una mujer".
Lo dije yo, ¿verdad? Es que yo tengo memoria fotográfica. Sí, al libro hay que olerlo desnudo, en papel. Es que leer no es sólo un placer intelectual, es físico.

¿Cuál ha sido el último blitz (relámpago) en su vida?
Mi hija Violeta cumplió el otro día 18 años. Uff. Fue como el túnel del tiempo. Nos juntamos todos a comer, con su hermano pequeño, Leo, y empezamos a sacar fotos con su madre, ella en mis brazos, Ariadna... empezamos a explicarle cuando nos quedamos embarazados y, de pronto, ¡blitz!

Le veo un padre muy madre
Cierto. Porque desde que nacieron me propuse no perderme nada de ellos, no ejercer de hombre rancio. No me interesaba.

¿Por qué no funcionó su unión con la actriz Ariadna Gil?
Funcionó de maravilla

Hasta que se rompió.
Nunca llegamos a casarnos, no creemos en eso. La pasión no puede formalizarse. Y, en todo lo que afecta a nuestros hijos, sigue funcionando. Un día decidimos estar juntos mientras hubiera plenitud, y cuando esta dejara de existir seguir juntos en algunas cosas. Seguramente muchos hacen un pacto, nosotros no lo hicimos.

¿Está ahora enamorado?
No y me fastidia mucho. Lo siento porque es el estado ideal del ser humano, el mejor, maravilloso. El tesoro de la vida es la legión de personas que son importantes para ti. Bueno, movimiento tengo... pero no ese amor pasión que te deja sin aire, el que te arranca y te descoloca.

Pero luego viene Helga y dice que el dolor es una inversión.
Eso está sacado de mi editora norteamericana: el dolor por amor es como dinero en el banco. Lo primero que piensas cuando te dicen algo inteligente es "métete el consejo por el culo". Luego descubres que llevaban razón.

Conoce perfectamente qué ocurre en Catalunya y cómo somos. ¿Le resulta incómodo?
A veces. Es que yo, el concepto fronterizo, el concepto de patria, lo pisoteé muy temprano. En casa no mirábamos la etiqueta de las cosas, sólo el placer que te producían. Nunca he tenido sensación de pertenencia exclusiva; me sentí muy bien en Catalunya cuando llegué, tengo amigos y la familia catalana de Ariadna es estupenda, es mi familia.

Se enfadaron en Madrid porque en los pasados Goya pidió que España hiciera un gesto.
Les respondí "pues será la primera vez en la historia que a uno lo critican por decirle a otros que les admira". He tenido muchos amigos que eran independentistas mucho antes, décadas, de que esto ardiera. Yo sólo dije, "oye, ¿por qué no les hacemos saber que les queremos?" Pero les advierto: a veces tu peor enemigo es tu aliado. Me sorprendió que se hicieran tantos independentistas en tan poco tiempo.

Y que siga sirviéndonos L'estaca después de tantos años
Sí, o Al vent. No suena Nirvana, no. En eso tal vez tenía razón Sabina, que el envoltorio hay que reciclarlo para que las proclamas no suenen "algo viejunas" creo que dijo. Rancias. Hay que ver cuánto hay de enfado, de efecto Podemos. Luego igual la botiga remonta, salimos de la crisis y ya hablamos de otras cosas...

Nada peor que decir a una mujer "debió de ser guapa de joven", ha dicho. Mire luego qué nos ha hecho Uma Thurman...
Desde luego, pobre. Mi mejor recuerdo de los Oscar del año de Balseros es que me crucé con ella: espectacular, alta, con vestido blanco, bella y salvaje. Pero los mismos medios que exigen que uno se reinvente -palabra que detesto- la critican. Y cae la gente que no está rodeada de un círculo suficientemente amoroso e inteligente para decirle "no te cambies que es peor". Tengo amigas actrices que están mirándose el bótox de reojo para tener trabajo, pero las aconsejan mejor.


Fuente: La Vanguardia

domingo, 29 de abril de 2012

Curro 'Kurt' Savoy, silbador


FUENTE: La Contra de LA VANGUARDIA 26/04/2012

Nació Francisco Rodríguez Muñoz, luego fue Curro, el del puesto de chucherías, y luego Kurt Savoy, el que ponía silbidos en los duelos de las películas del Oeste. Su silbo le llevó un día a actuar en el teatro Olympia de París, "¡el sueño de mi vida!". Y ahora acaba de poner silbidos a una película francesa con Gérard Depardieu y Catherine Deneuve. Aprendió a vestir siempre gorra y camisa negra -"así no se ve la mierda"- en sus giras, y te silba lo que le pidas. Dice Kurt (Currosavoy.com) (Kurtsavoy.es) que silbar combate la apoplejía. Y que existe en Estados Unidos una asociación internacional de silbadores, de la que es presidente de honor. Y ahora él funda otra europea, Siffleurs du Monde.

No se cansa de silbar?
Cada vez que voy a un sitio me piden que silbe...

¿Y qué hace usted?
Silbo al principio, y así luego me dejan cantar.

¿Desde cuándo silba?
Desde siempre. Nadie me enseñó. De niño ya silbaba a las niñas, y luego a las mozas.

Y ya no ha parado.
Sigo silbando, sí. Pero jamás imaginé que un día podría vivir de silbar. Es que todavía no me lo creo... ¡Yo vivo del aire!

¿Hasta qué punto?
Tengo asegurada mi dentadura en 480.000 euros. Pago 7.000 euros al año.

¿Y eso?
Un traumatismo en los dientes alteraría mi capacidad de silbar. Y me gano bien la vida.

¿Qué trabajos le ha permitido silbar?
He silbado para la banda sonora de un centenar de películas. Y para la música de 130 anuncios. Y he grabado 43 discos.

¿Discos de silbidos?
Sí, he silbado los mayores éxitos del jazz (acompañado por un cuarteto), he silbado los villancicos más célebres, he silbado temas populares, éxitos del pop y del rock, del country, del flamenco... ¡Y piezas de música clásica! Esto gusta mucho en Japón.

¿Cuál ha sido su trabajo más célebre?
Mi silbido en las bandas sonoras de westerns musicados por Ennio Morricone: he silbado en El bueno, el feo y el malo, Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, El hombre de la armónica...

¡Pequeños grandes clásicos del género!
También he silbado algunos temas compuestos por mí mismo, como La diligencia, El gran duelo, El día comenzó...

¿Estudió música?
Cursé estudios en el conservatorio. Me obsesioné tanto con la música que un día olvidé a mi esposa en una gasolinera.

¿Cómo es eso?
Andaba yo abstraído repasando mentalmente compases y armonías, y arranqué el coche después de haberme detenido a repostar gasolina. Ella había bajado al lavabo. Y muchos kilómetros más allá veo que ella no está a mi lado en el coche. Pero como circulaba por autopista, me costó regresar...

¿Cómo le recibió ella?
Nos habíamos casado hacía poco, yo estaba loco por ella..., y me tuvo 14 días sin tocarla. ¡La música casi me cuesta el divorcio!

¿Pudo ablandarla con unos silbiditos?
En casa están hartos de mi silbido, ja, ja...

¿Silba en la ducha?
Y en la cocina... Voy ensayando por casa...

Su mujer es una santa.
Es muy valiente: es torera. Nació en Nimes, ciudad taurina. Se lanzó a la plaza de espontánea en 1970. Luego toreó en Sudamérica.

¿No triunfó?
Por el machismo del mundo taurino.

¿Cómo la conoció?
La vi entrenar en la Casa de Campo, me gustó mucho y la invité a una actuación mía en Madrid. ¡Y vino! Nos enamoramos.

¿Qué tipo de actuación?
Un recital de canciones rock y pop. Yo siempre quise ser cantante y así empecé. ¡La primera guitarra eléctrica de España fue mía!

¿En serio?
Creo que era la primera: la exponía una tienda de música en Madrid, cerca de la portería en la que trabajaba mi madre.

¿En qué trabajaba su madre?
Vendía caramelos y chucherías. Yo la ayudaba. Éramos pobres, pero ella prometió al de la tienda que pagaría la guitarra a plazos.

¿Y empezó a actuar con su guitarra?
Mi padre era albañil y ganaba 20 pesetas al día. Me enteré de que en un concurso de la cadena Ser, con Bobby Deglané, ¡al ganador le daban 20 duros y un bote de Cola Cao!

¿Y participó?
Canté una canción de Elvis, me olvidé de la letra... y rellené el hueco silbando.

¿Y?
¡A todo el mundo le encantó! Y así gané.

Y así empezó a silbar en público.
Mi nombre salió en un luminoso en Cibeles, y mi madre llamó a los vecinos para verlo.

Y empezó a grabar discos.
Una discográfica me dio cita... y me olvidé del día. Pedí perdón, pero me castigaron: ficharon a un chico llamado Mike Ríos.

Miguel Ríos.
Fuimos los primeros rockeros aquí. Por el periodista Tico Medina me llegó una carta de Elvis Presley: quiso conocerme.

No me lo creo.
¡Que sí, que sí! Yo había estado una tarde con Paul Anka: le encantó mi silbido..., ¡y digo yo que se lo debió de comentar a Elvis!

¿Cuál es el truco para silbar bien?
Hacerlo con sentimiento. Sentir la canción. Y tener estilo personal,

¿Qué es lo más raro que ha hecho con su silbido?
Meterme en una jaula con leones, en un circo por Castilla. Allí dentro, yo silbaba para atraer al público. Estaba acojonado, casi no me salía el silbido.

No me extraña.
Fuera había un guarda con rifles, por si me atacaban los leones. Y así conseguí que viniese mucho público.

De todas las canciones que ha silbado, ¿cuál es la que le gusta más silbar?
La canción Over the rainbow, del musical El Mago de Oz.

¿Le han llamado freaky por todo esto?
Bah, yo me gano la vida sin quebraderos de cabeza ¡y divirtiéndome! Silbar me compensa. El resto... me da igual.

domingo, 17 de abril de 2011

¡ Indignaos !

Stéphane Hessel (93 años) - Contra la indiferencia.
Último superviviente de las personas que hicieron posible la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un marco sólido por el que luchar, este veterano de la resistencia, que sobrevivió a la tortura y la deportación en el campo de concentración de Buchenwald, ha dedicado su vida como embajador de Francia a combatir los totalitarismos y las injusticias políticas y sociales. Con '¡Indignaos!', superventas en Francia, llama a la insurrección pacífica, sobre todo de los jóvenes, a no claudicar ante la dictadura actual de los mercados financieros que amenazan la democracia, a no permitir tanta injusticia. "Coged el relevo, ¡indignaos!, porque la peor actitud es la indiferencia".
Hablemos de la suerte.
Yo soy un suertudo. He estado confinado en campos de concentración de los que me escapé en dos ocasiones, fui condenado a muerte..., pero he sobrevivido.
Era usted Greco, el espía.
Debía reorganizar la red de radios clandestinas para preparar la llegada del ejército aliado a Francia. La Gestapo me detuvo en julio de 1944, lo que significaba el fin de mi vida.
Se salvó por los pelos...
La noche antes de mi ejecución, gracias a Eugen Kogon, que llevaba tres años en Buchenwald trabajando con el jefe del hospital y lo convenció de que podría paliar su pena si salvaba a tres oficiales aliados.
¿Y cómo lo hizo?
Cuando tres jóvenes franceses moribundos fueron enviados al crematorio, lo hicieron con nuestra identidad.
Qué duro.
El día que cumplí 24 años me convertí en otro. Es una historia trágica, sí. Es duro sobrevivir a un muerto.Me dejó un gran sentimiento de responsabilidad: considero que una vida ganada tiene que ser una vida comprometida, y todo lo que hago lo hago porque sobreviví.
¿Cree en el destino?
Sí, creo que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de hacer algo con su vida que sea significativo no sólo para sí mismo, sino también para los demás.
¿Qué ha entendido del ser humano?
En los campos de concentración las personas reaccionaban de dos maneras: estaban los que luchaban por su vida, los que se protegían y lo querían todo para ellos; y estaban los que ayudaban a los demás.
¿Y?
Morían antes los egoístas que los altruistas. Y este es un mensaje para todos nosotros: hacer algo por los demás nos hace bien; sólo mirar por uno mismo nos hace caer, pero pensamos que es al contrario. Sé que lo que digo parece muy ético y moral, pero para mí fue una experiencia vital.
Con 92 años se fue con su mujer a la franja de Gaza.
Sí, justo después de la operación Plomo Fundido. Tengo la suerte de tener un cuerpo que funciona. Sólo me falta un ojo. Si me tapo el bueno, no la veo, pero con los dos veo su sonrisa y vi la destrucción que el ejército israelí hizo en ese pequeño territorio con una brutalidad insoportable para mí.
¿Producto del miedo?
Se consideran un país pequeño, democrático y moderno, rodeado de gente que se puede volver loca y provocar atentados, así que eligen políticos estúpidos que creen que se puede vencer mediante la fuerza. Pero lo inteligente sería ayudar a los palestinos a tener un Estado y trabajar conjuntamente, porque siempre van a estar ahí.
¿Qué virtud le ha ayudado en la vida, la alegría, la inteligencia, la valentía...?
Mi madre; una mujer excepcional, muy libre. “Tienes que ser feliz para que los demás sean felices”, me repetía, y yo hago lo que puedo.
Es usted jovial, lo ha conseguido.
La gente que me conoce me considera un optimista empedernido, y yo siempre les digo: he vivido muchos problemas y siempre se fueron resolviendo. Hemos vencido al nazismo, al fascismo, al franquismo, al estalinismo, y vamos a vencer también al bushismo, ja, ja, ja.
¿Ese es su caballo de batalla?
Sabemos que si seguimos con una explotación loca de los recursos en 50 años ya no se podrá vivir aquí en la Tierra. Y que la inmensa distancia que existe entre ricos y pobres no para de aumentar.
¿Qué entendió del ejercicio de la diplomacia?
Es lo contrario a hablar sin decir nada. La auténtica diplomacia dice lo que piensa a su gobierno y al gobierno con el que trabaja.
¿Qué ha aprendido de la muerte?
Yo soy goloso de la muerte, pienso que cuando venga, pronto, la acogeré como una amiga. Acabar la vida es algo maravilloso, ya ha durado suficiente, y no sabemos nada de la muerte, pero le puedo citar a Shakespeare.

En La tempestad él dice: “Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño”. Me desperté ya hace mucho y un día me dormiré, y me gusta dormir.
¿Qué ha descubierto sobre sí mismo?
Que lo desagradable que me ha ocurrido se puede superar e incluso olvidar. No guardo recuerdos de lo que me hirió, guardo recuerdos de lo que funcionó, de lo que me alegró. Considero que para los problemas más graves de nuestro mundo actual podemos encontrar respuestas positivas. Por supuesto, muchos de mis amigos me llaman iluso.
¿La mejor herramienta para vivir?
Confianza y valor. Necesitamos confiar, en primer lugar en nosotros mismos, y después en los demás; y hay que saber que sólo funciona si ponemos también valor. Las dos cosas que tenemos que evitar son la indiferencia y la desesperación: aquello que probé y no funcionó y no volveré a probar.
¿Cuál es su consejo para los jóvenes?
Tened confianza, sed valientes, tenéis muchas cosas que hacer y más medios de los que nosotros tuvimos cuando éramos jóvenes, herramientas como internet para trabajar juntos como acaban de hacerlo los egipcios. ¡Adelante!

FUENTE: La Vanguardia.es / La Contra
¡Indignaos! - Stéphane Hessel - Pincha AQUÍ

domingo, 25 de julio de 2010

Poesía experimental


Descubriendo ayer la trayectoria del artista mallorquín Miquel Barceló en esta doble exposición que recorre desde sus obras más precoces concebidas con 16 años hasta sus trabajos a día de hoy, uno se da cuenta de la importancia de la obra de este artista (uno de los 20 creadores vivos más cotizados del mundo), un universo fascinante compuesto por diferentes obras: me encantan por ejemplo sus poemas visuales o sus “Vanitas” (trabajos realizados con excrementos y cráneos de animales, flores…) o las famosas “Cadaverinas” (pequeñas cajas de Correos en las que encerraba material orgánico en descomposición: tomates, peces, huevos fritos, conchas, pasteles…), o sus pinturas surrealistas que ya desde joven expresan un lenguaje creador asombroso (la serie dedicada a los perros rabiosos es impresionante…).
Recomendar esta Expo a quién le apetezca perderse por los interminables caminos del arte y masajearse los sentidos con un poquito de imaginación. La entrevista con el artista tampoco tiene desperdicio, todo un personaje…

ARTS SANTA MÓNICA - BARCELONA
“Barceló canalla”
(1973-82)
• Del 15/Julio al 26/Septiembre/2010
• Entrada gratuita


CAIXAFORUM - BARCELONA
“El artista reconocido”
(1983-2009)
• Del 15/Julio al 9/Enero/2011
• Entrada gratuita

Tengo 52 años, creo… Nací en Felanitx, vivo entre Mallorca, París y Mali. Soy pintor: pinto con pinceles, esculturas… Tengo dos hijos, de 17 y 15 años. Soy un anarco de izquierdas. Soy ateo (practico por la vía animista). Los pulpos devoran parte de sí y se regeneran, ¡como yo!

¿Qué le inspira?
Las cacas de mis asnos mallorquines: con ellas he modelado las figuras de Anselm Turmeda, Ramón Llull y Joanot Martorell, tres referentes míos.
¿Por qué pinta?
Pinto para saber por qué pinto.
¿Lo sabrá un día?
Pinto todos los días desde los 15 años, y es ya mi extraña forma de vida: cada respuesta me plantea siempre otra pregunta…
¿Qué está pintando ahora?
Paisajes del Himalaya, desérticos… Son paisajes del interior del cerebro, sin luz.
¿Y que tal le están quedando?
Creí haber entrado en vía muerta, pero ahora no estoy descontento. Así funciono: avanzo sobre los errores. Mi vida entera es así.
¿Qué le gusta tanto como pintar?
Leer, follar, bucear. Bucear más que follar… porque aguanto más rato.
¿Y si combinase esas dos cosas?
Le contaría experiencias preciosas… ¡Bajo el mar he hecho de todo!: crecí junto al mar…
No puede llevarse el mar a París, Mali…
Me llevo su perfume: rasco salitre del fondo de mi barca – agua de mar, sepia podrida, gasóleo…- y me lo llevo en una lata. Pintaba la cúpula de Ginebra e iba oliéndolo…
Ya tenemos su pócima secreta…
Y el perfume del algarrobo y de la ruda. Y los tomates de mi huerto, buenísimos…
¿Es supersticioso?
A veces le cojo manía a algo, a un color…
¿Qué color?
Son cosas que no se deben decir.
¿Qué queda del niño hiperactivo que fue usted?
Todo, espero. Trastear con pinceles y pinturas me apartaba de trastadas mayores.
¿Qué le gustaría que aprendiesen de usted sus hijos adolescentes?
A mirar obras de arte… Y a no encerrarse en una galería de arte de Europa y América. Por eso los llevo a ver el sufrimiento humano de cara, a vivir con pobres de África.
¿Hay alguna obra de Barceló oculta en algún ignoto rincón del planeta?
He pintado en las paredes de una caverna las “Jornadas de Sodoma” de Sade, carboncillos pornográficos… ¿Dónde? Ah, imagine…
¿Qué querría que se dijese de Barceló?
Me gustaría que dentro de dos mil años mis obras provocasen la misma excitación que nos provocan algunas obras primitivas, de cuyos artistas no sabemos nada: ¿fue un hombre, una mujer, un joven, un viejo…?
¿Qué le impresiona más?
Cada león y leona es un retrato individualizado de extrema exactitud, puedo sentir su ansia de sangre previa al ataque… ¿Cómo pudo aquel artista acercarse y captar con tanto detalle a bestias tan peligrosas? Tuvieron la capacidad de empatizar e identificarse con la bestia, de casi convertirse en ella, con sus pelos hirsutos y enhiestos en la nuca, los cojones pegados a la cola…
En sus cuadros viven también muchos animales…
Sí, sobre todo cabras, asnos, pulpos y sepias: ¡estoy fascinado por los cefalópodos! He matado miles de pulpos en mi vida… pero hoy ya no: sólo los observo. Pienso montar un espectáculo artístico con cefalópodos.
¿Qué le atrae tanto de los pulpos?
Si lo necesitan, ¡se comen una pata!: pueden devorar parte de si mismos y regenerarse. ¡Yo hago lo mismo (metafóricamente)!
¿Ha devorado alguna obra suya?
Pinté con gran intensidad un cuadro con tres pingüinos borrachos bajo la nieve…, y con la misma intensidad ¡lo destruí! Al acto me arrepentí: ¡el cuadro era cojonudo!
¿Entonces…?
Sentí como si el acto creativo quedase incompleto si no incluía la destrucción… Intenté rehacer el cuadro: ha sido imposible.

Fuente: La Contra - La Vanguardia

domingo, 25 de abril de 2010

Integro y consecuente

Luis Tosar quiere que sus interpretaciones inviten a reflexionar sobre los problemas de una sociedad que le parece injusta. Su último papel, el temible preso Malamadre de Celda 211, le ha
valido un Goya y el reconocimiento por parte de sus colegas como mejor actor del año. Tosar cree que quedan temas pendientes, como la emigración, sobre los que el cine aún tiene mucho que decir.


Tras convertirse en un maltratador en Te doy mis ojos, ha vuelto a mostrar la parte más salvaje del ser humano en su papel de preso en la exitosa película de Daniel Monzón Celda 211. ¿Es intrínseco al género humano ese lado oscuro y temible?
Supongo que todo el mundo tiene una parte mala, algo de instinto
muy primario que es común en todos los seres humanos. Algunos lo sacamos de una forma más lúdica y otros de un modo más cruel en su relación con los demás. Yo procuro sacarlo en mi trabajo como actor. Creo que no hay forma más sana de hacerlo.

¿Ha conocido la violencia fuera del mundo de la interpretación? ¿La ha tenido cerca?
Yo crecí en un barrio de nueva formación en Lugo que era un poquito peculiar, con bloques nacidos en medio de la nada. Cuando nos fuimos a vivir allí, yo tenía dos años, la casa estaba rodeada de huertas y empezaban a urbanizarlo. Se puede decir que la ciudad no llegaba hasta aquel lugar en el que se juntaba lo mejor y lo peor de la sociedad lucense de ese momento. Durante años hubo mucha delincuencia, muchas familias de poder adquisitivo bajo, y ocurrían cosas. Recuerdo que una vez los vecinos se liaron en una pelea y tuve que meterme para pararlos. Incluso había cuchillos. Creo que es la cosa más osada que he hecho en mi vida.
¿Salió ileso?
Por suerte, sí. Era la típica historia en que el padre está encabronado con el novio de su hija, la niña se quiere ir de casa, viene el novio a buscarla y se arma. Mi madre, mi hermana y yo estábamos al lado y oíamos los gritos. Los conocía a todos y se estaba liando dura. Con toda la osadía de los 17 años, me fui para allí y logré parar la pelea. Cuando vi un cuchillo por en medio me dije: “Dios mío, dónde me he metido”.
¿Hubo más broncas?
Sí, era un barrio raro, en el que tenías que buscarte la vida. Al macarrita, enemigo de todos los chavales, lo llamábamos Mazinger, porque era la época de aquel personaje. Como era mucho mayor que el resto, era quien imponía la ley.
¿Sus amigos no eran peligrosos?
No, los amigos más macarrillas empecé a conocerlos después. En el caso de Celda he tirado mucho de contactos, de amistades, de gente que ha estado en la cárcel y a la que yo ya conocía porque ha ido apareciendo por casualidades de la vida. Luego yo tuve bastante contacto con la cárcel porque mi hermana, que es maestra, había hecho teatro en centros penitenciarios. Después tuve con un grupo una pequeña productora de vídeo, hacíamos cortometrajes y habíamos ido a exhibirlos en algún centro. Siempre tuve contacto con ese mundo y ahora lo he ampliado para preparar la película.¿Qué ha aprendido de la cárcel?
Que hay menos malos de lo que parece. Lo que hay es mucha gente que ha cometido errores muy tontos. Yo he hablado con un montón de psicólogos y educadores y ves que hacen un trabajo maravilloso porque hay gente que no son delincuentes, pero que ahí dentro acaban siéndolo. Y eso es muy palpable. Está muy bien la utopía de la reinserción social. Pero el porcentaje del éxito es tremendamente bajo. Porque es muy difícil no malearte cuando estás encerrado. Eso requiere un trabajo diario, y hay gente que lo consigue, pero la mayoría no.
¿Hay algo que cambiaría con urgencia?
Creo que determinados delitos no deberían penarse con cárcel. Como los de conducción. Las cárceles se están masificando en buena parte por eso. Conducción temeraria, imprudencia, todo lo que usted quiera. Pero ese es un error que puede cometer cualquier persona. Nadie está libre de que un día se le vaya un poco la mano con dos copas y pueda causar un accidente. Eso no quiere decir que seas un delincuente, sino alguien que ha cometido un error muy grave. Debería haber lugares sustitutivos, que no fueran exactamente cárceles, donde se pueda realizar un trabajo social o un servicio a la comunidad.
¿La violencia no está, jamás, ­justificada?
La violencia no debe estar, a priori, justificada. Entiendo que alguien reaccione con violencia ante determinados actos. Si un terrorista mata a tu hija, lógicamente es normal que quieras matarlo, pero no puedes justificarlo. Por supuesto, desde un Estado no se puede justificar jamás, y creo que desde una sociedad tampoco. A escala personal, que uno tenga ganas de matar en determinadas ocasiones me parece lógico porque hay desgracias que sacan lo peor de ti. Puedo entenderlo, pero no puedo aprobarlo ni justificarlo. Para eso está la ley.
Antes del rodaje mantuvieron un vis a vis con un preso histórico. ¿Tuvo la sensación de llegar a conocer a aquel hombre?
Fue muy esclarecedor saber cómo es el pensamiento de un tipo que lleva 20 años en la cárcel. Él decía que allí dentro la psicosis es el estado habitual de las cosas. Nos contó que cuando eres el líder vives en constante paranoia porque todo puede torcerse aún más. No sabes si el tío que tienes delante se va a chivar o si quiere estar en tu lugar. Tienes diferentes tratos y has de mantenerlos, y eso es un trabajo diario. Aquel tipo había recorrido prácticamente todas las cárceles de España y en cada nuevo centro tenía que medirse con el que fuera el jefe o con los que quisieran serlo. Era un Malamadre y no sabía por dónde le iba a venir, por eso su apariencia física era de tensión.
El nombre de aquel preso no aparece en los títulos de crédito de la película. ¿Tan gordo fue lo que hizo que deben preservar su anonimato?
Si, muy gordo, por eso lleva tantos años en la cárcel. Tiene muertos en el armario. Pero entró con 20 años y, después de haberse fugado, de haber liderado motines, secuestrado a funcionarios y haber hecho todo tipo de fechorías, ahora es un tipo encantador y está en otro viaje, intentando conseguir el tercer grado. Recuerdo que me dijo: “Desde que entré, mis ojos estuvieron siempre en la calle. Y siguen estándolo, lo que pasa es que sé que la manera en que lo hacía antes no sirve. Ahora sé que la violencia no me va a llevar a la calle”. Tiene educadores a su lado que están haciendo un trabajo espléndido. Y con reticencias, porque donde está ahora hay funcionarios de los que secuestró. Sólo tuvo un día de permiso en 20 años. En la calle lo reconocieron y volvió a entrar inmediatamente.
Tampoco Malamadre es tan fiero como aparenta. ¿Qué lo salva?
Tiene un código ético que conserva hasta sus últimas consecuencias, y eso es muy loable aunque puedas estar de acuerdo con él o no. Yo no lo estoy con muchas cosas de las que hace o dice. Es íntegro a su manera. Y logra traspasar las fachadas de las personas.
¿No le parece más malvado el maltratador de Te doy mis ojos?
Si, pero también porque el de Te doy mis ojos tiene menos armas para defenderse.
Mucha gente empezó entender lo que era el maltrato gracias a aquella película. ¿Cómo pudo plasmar con tanto realismo la violencia machista? ¿También la había presenciado antes?
No, no la había conocido de una manera directa, pero son mecanismos muy reconocibles. Yo creo que a poco que hurgues sabes cómo funciona. Nunca hablé con maltratadores, pero sí con víctimas. La directora, Icíar Bollaín, tenía muy explorados los mecanismos donde empieza a producirse el maltrato. Yo creo que todos tenemos una parte muy chantajista, de intentar llevar las cosas a nuestro terreno, en algunos mucho más marcado que en otros. En todas las relaciones hay algo que si lo dejas escapar se puede convertir en una relación de ese tipo.
Pero casi siempre es el hombre el que maltrata.
Sí. Además, el hombre está pasando en estos últimos años por una crisis de identidad. Se ha de adaptar a los nuevos tiempos, y algunos no saben o no quiere hacerlo. Yo creo que las relaciones violentas y de maltrato se manifiestan en muchísimas cosas que no tienen que ver ni siquiera con las relaciones entre hombre y mujer. Se manifiestan en las clases cuando somos pequeñitos. En el parvulario, en la educación básica, en el instituto. Hay continuamente relaciones así. Lo que pasa es que son menos evidentes o nos parece que son poco importantes, pero ahí está el germen de todo eso. Un tipo que es el tonto de la clase es alguien maltratado por sus compañeros, y los mecanismos son casi los mismos.
¿Qué rol representaba usted de niño?
He tenido varios. Fui el raro durante una temporada. Nunca me gustó el fútbol, y me interesaban otras cosas distintas a los demás. Era mucho más fantasioso. Yo quería ser aventurero. En Lugo, donde me crié, hay una muralla romana con 2.000 años de historia, por lo que siempre ha habido excavaciones arqueológicas. Eso lo he mamado desde pequeño, y siempre quise ser una especie de Indiana Jones que fuera por ahí viviendo aventuras.
Pero finalmente decidió vivirlas en la piel de otros.
Supongo que como una proyección de todo aquello que yo quería hacer cuando era pequeño y no podía, o finalmente no tuve arrestos para lanzarme a la aventura. Leía muchísimas novelas de aventuras, y la obra de Alberto Vázquez Figueroa me la tragué entera. Siempre soñaba con lugares fantásticos. Luego me di cuenta de que haciendo teatro era más sencillo, porque puedes
vivir otras vidas desde aquí mismo.

Recurre a personajes que conoce para ayudarse en sus interpretaciones.
Procuro que haya algo concreto a lo que poderme agarrar. A veces no aparece y es un poco mezcla. Has de crear un monstruito con un poco de este y el otro. Un batiburrillo. En teatro es menos necesario, porque eres más dueño del trabajo y hay más asideros. Estás ahí dentro y durante dos horas hay pocas cosas que te molesten. Pero en el cine el proceso dura mucho tiempo y está partido, por lo que necesitas imágenes concretas, una sensación, una canción, una frase o un gesto que te sitúen inmediatamente.
Para Celda 211 copió la voz de un amigo suyo. ¿Suele hacer muchas aportaciones para enriquecer al personaje?
Algunos se prestan más que otros. Tienes que ser muy humilde a la hora de construirlos. Es un ejercicio duro, todos tendemos a que tu personaje sea el más lucido, pero los hay que por naturaleza deben ser grises. El actor ha de decidir no anteponer su vanidad, porque el personaje no puede brillar más de lo que le corresponde dentro del conjunto de la película o la obra.
¿Cuál es su mayor virtud como actor?
Creo que tengo bastante clarividencia para ver las historias en su conjunto. Para ver cuál es el lugar que ocupa cada personaje. Eso no quiere decir que me salga bien, pero creo que soy consciente de hasta dónde se puede llegar y cómo hay que dosificar.
¿Y lo que más le cuesta?
Organizarme. Soy muy caótico para el trabajo y pierdo muchísimo tiempo. Tengo cierta intuición para llegar a la esencia de un papel, para ver por dónde tiene que ir, pero a la hora de construirlo me empiezo a perder por infinidad de lugares. Veo muchas opciones y me cuesta decidir un camino concreto. Trabajo mucho, pero con poca metodología.
No es casualidad que casi todas sus películas inviten a reflexionar sobre alguna de las lacras de la sociedad.
No lo es. Tengo la esperanza de que lo que hago puede servir para algo. Tampoco es que sea utópico, y no creo que una peli pueda cambiar la vida absolutamente. Aunque no siempre obtienes una gran respuesta. En Te doy mis ojos tuve reacciones, pero francamente esperaba más. De hombres he recibido muy pocos comentarios sobre aquella película.
¿Pero no duda que aportó mucho en la lucha contra la violencia?
Creo que aportó visibilidad y debate social sobre el maltrato, que ya es muchísimo. Pero no hay conciencia de lo gordo que es todavía el problema. Hay que avanzar en muchos terrenos, y no es que hayamos hecho mucho hasta ahora. Creo que hay un tema educacional en el que todavía no hemos entrado de lleno y es el germen, donde se están cociendo las cosas. Cuando ves vídeos de chavales que están grabando una paliza a otro, ves que eso ya es el problema. Estamos en una sociedad en la que se nos va todo de las manos. Donde internet es muy útil para algunas cosas, pero es incontrolable.
Ha tratado la violencia, el paro (en Los lunes al sol), la mezquindad entre los ejecutivos (en Casual Day) entre otras muchas cuestiones. ¿Qué otras problemáticas le gustaría abordar para contribuir a través de su ­interpretación?
Con la inmigración aún tenemos mucho que currar. Faltan unas cuantas películas que cuenten qué pasa en este país que ha cambiado tanto en los últimos quince años. Ya no es la España que creemos que era, sino un país conformado por un montón de gente que vino de fuera. Muchos no han nacido aquí, pero muchos otros ya sí. Y creo que ahí sí que hay lío. Cuando llega la crisis parece que se olvida que dejamos trabajos que no nos interesaban y ahora reclamamos como nuestros. Me parece lógico porque la gente está sin curro, pero no puedes reclamar lo que despreciaste en otro momento cuando otros sí lo hicieron. Y ocuparon ese lugar con toda la alegría del mundo.
Además de la crisis, el cine sufre la amenaza de la piratería. No siempre las buenas películas recaudan dinero.
Celda es una película muy barata y ha sido increíblemente rentable. La piratería está ahí: el otro día vinieron mis padres con una copia que habían pillado en el top manta. Estoy muy contento porque la reacción del público durante esta última temporada, con Celda o con Ágora, ha sido de ir a las salas a ver las películas. Hay algo ahí que fluctúa, y cuando las cosas funcionan, el público quiere verlas con buena calidad. Sé de gente que se la bajó de internet y luego le apeteció verla en el cine. No es tan sencillo como decir “vamos a sacar a esta gente de la calle y vamos a eliminar la piratería”. También hay allí un medio de promoción que, aunque no lo parece, sirve, porque se habla de la película, circula por ahí.
¿Hay solución?
Los tiempos ya están cambiando, y tendrá que haber una gestión de lo que se hace por internet. Nosotros podremos hacer películas si la gente que las ve en internet paga algo por ello; si no, no podremos seguir. Es triste que una película como Rocknrolla haya sido la tercera en descargas en el ranking mundial y no ganara un duro en taquilla. Es maravilloso que la haya visto un montón de gente, pero los productores no van a poder hacer otra película. Si la gente pagara unos céntimos o un euro por una descarga, ya sería otra cosa. Está muy bien democratizar, que haya cine para todos, pero es que el cine está conformado por muchos profesionales y hay muchas familias que dependen de ellos.
¿Han convencido a los espectadores españoles más escépticos de que en este país se hace buen cine?
Deles tiempo. Hemos vivido un año muy bueno y estamos todos muy contentos, pero también es verdad que Celda es una película de muy buena calidad, pero también muy bien pensada para el público. Es un gran entretenimiento. Pero puede existir un cine de autor mucho más íntimo, mucho más personal, que también tiene su público. El cine español es muy variado y cada uno debe tener su espacio. Lo que hay que hacer es verlo para poder opinar. La gente enseguida dice que el cine español es una mierda. Y cuando preguntas cuál ha sido la última película que vio, te dicen Roque III (Yo hice a Roque III, de Pajares y Esteso, 1980).
Ha participado junto a otros personajes conocidos en el proyecto Keep Walking, impulsado por John Walker, para ayudar a jóvenes anónimos que persiguen un sueño. ¿Se sentía identificado?
Es un proyecto que está en la línea de lo que estamos hablando. Tiene un sentido y es algo que se había hecho muy poco. Y menos últimamente, que parece que todo deba tener el premio inmediato y una repercusión masiva. Has de salir en la tele porque si no, no existes. Y esto va en la línea opuesta. Pretende recordar que las cosas empiezan muy atrás. En mi caso, cuando uno está fantaseando en el colegio sobre qué va a hacer con su vida. Y luego decides en un momento dado apostar por algo y vas avanzando pasito a pasito.
¿Tiene la sensación de que le ha costado mucho conseguir el reconocimiento que hoy tiene?
Tengo la sensación de que me lo he pasado muy bien por el camino, durante todo el trayecto, porque he mantenido siempre la ilusión de hacer lo que me gustaba. Es una fortuna con la que no mucha gente cuenta y has de ser agradecido. Afortunadamente, hasta ahora he podido vivir de lo que más me gusta. Pero eso no quiere decir que sea fácil. Yo nací en un lugar de Lugo donde no había nadie que fuera actor ni nada que se le ­pareciese.
¿Cómo lo encajó la familia?
Relativamente bien. Se lo veían venir porque yo empecé a hacer el indio bastante pronto. Establecí algún contactillo con el teatro amateur, estaba metido con un grupo que hacíamos pequeñas funciones para ancianos o discapacitados, algo de labor social. Yo siempre andaba metido en esas cosas porque echabas una mano y hacías algo que te gustaba. Mis padres ya se lo olían.
¿Qué hacían ellos?
Mi padre se dedicó absolutamente a todo en esta vida. Empezó como sastre y también fue panadero y trabajó en un bar. Siempre tuvo dos empleos a la vez para sacarnos adelante. Cuando la sastrería se fue al garete con las grandes superficies, le tocó reciclarse y empezó a hacer cortinas. Yo me iba con él a instalarlas por ahí. Esto cerró, y pasó al sector del automóvil y luego a la telefonía móvil. En medio hubo un momento de paro duro. Mi madre ha sido ama de casa desde que se casó, a los treinta años, con un hombre cinco años menor. Fue una mujer bastante moderna para aquel momento y muy independiente.
¿Qué aprendió de su madre?
Que la vida es muy alegre aunque no lo parezca. Mi madre siempre sonríe. Siempre está contenta. Y le puede ir la vida mal. Mire que le ha ido a veces mal de cojones, pero tiene algo ahí, una flecha que siempre apunta hacia arriba. Mis padres siempre se portaron muy bien conmigo. Nunca hubo trabas, un poco por ignorancia asumida. Ellos apenas estudiaron porque vivían en el campo. Yo estoy muy agradecido porque no quisieron enfrentarse a algo que desconocían.
¿Después de ser el chaval raro de la clase, cambió?
Me convertí en más gamberrete. En el instituto pasé a otra onda que tenía más que ver con el teatro y la música. Empecé a los 17 a cantar en algún grupo y sigo haciéndolo (en la banda de rock The Ellas) porque es una vía de escape muy interesante.
¿Y se volvió serio y formal?
Siempre fui muy serio y formal. Por eso me elegían delegado en clase. Toda la vida me ha tocado ser el responsable del grupo. En algún momento me ha llegado a molestar tremendamente tener que cargar con una responsabilidad que no era impuesta por mí sino por el resto. Son roles que vas adquiriendo sin proponértelo.
Acaba de rodar con Icíar Bollaín en Bolivia. ¿Otra película con mensaje?
Con mucho mensaje. Es una película combativa y trata de la colonización. Sobre la guerra del agua en Bolivia, la única guerra que ganaron los civiles. La verdad es que no puedo imaginar a Icíar en una historia que no sea combativa.
Y pronto, una de miedo, que rodará con Jaume Balagueró (director de REC), junto a su novia, Marta Etura.
No será una película en la que la gente sienta miedo, sino más bien de inquietud. La historia avanza por otros caminos.
No debe de ser muy agradable verle a usted enfadado.
Casi nunca me enfado. Me lo suelo comer yo solo porque muy pocas veces he tenido la seguridad de que tengo la razón para cabrearme. Siempre intento pensar por qué el otro ha actuado así y cuando me doy cuenta de que tengo la razón he perdido el impulso para cabrearme. Ya se me ha pasado. Pero cuando estoy disgustado se me nota mucho.

Fuente: Magazine - "La Vanguardia" - 25/04/2010


miércoles, 24 de febrero de 2010

Prestigio y reconocimiento

Tengo 56 años. Nací en el Poble Sec (Barcelona) y vivo en Castelldefels. Soy músico: toco el bajo eléctrico. Estoy casado desde hace 35 años y tengo una hija, Angie (26). Políticamente, desearía más equilibrio social y menos estrategia.
¿Dios? A cada momento le agradezco lo que tengo.

Tocó con Miles Davis...!Sí, en el Festival de Montreux de 1991. Aún me parece que fue un sueño...¿Por qué?Tocar a un metro de Miles Davis, con Quincy Jones dirigiéndonos a tres metros... Soy afortunado. Muy poco después, aquel mismo año, Miles Davis moría...El mayor mito del jazz del siglo XX...Recuerdo que, durante el ensayo, Miles Davis entró en el escenario ¡y se hizo entre los músicos un silencio absoluto! Era respeto y reverencia. El silencio que se hacía cuando entraba Camarón en un local flamenco...También tocó y grabó con Camarón..."Calle Real", "Viviré", "Soy gitano", "Potro de rabia y miel"...Sí. Camarón parecía callado y retraído, pero en petit comité era muy gracioso... Me miraba de reojo y me sonreía... Creo que le gustaba mi compañía¿Por qué lo dice?
Grabando él la voz de la soleá "Dicen de mí", sentado a su lado, iba yo pasándole las hojas de la letra, a petición suya.¿Cómo llegó usted al flamenco?El bajista de Paco de Lucía se fue a la mili, y necesitaba uno... El flautista Jorge Pardo y su percusionista Rubem Dantas me recomendaron. Era 1980: lo primero que toqué con Paco de Lucía fue una colombiana, "Monasterio de sal", un dueto de guitarra y bajo... ¡Empecé la casa por el tejado!¿Qué le gustó a Paco de Lucía de usted?Mi intuición, mi ritmo y la rapidez para captar sus notas, y ejecutarlas a mi aire...
¿Y qué le gusta de Paco de Lucía?
Su capacidad para transmitir y controlar sus emociones mediante la guitarra: eso es muy difícil. Puede tocar muy fuerte y rápido y, al instante siguiente, muy lento, delicado, y jamás pierde el tiempo ni el compás.De Lucía se las tuvo con los puristas...Siempre hay resistencias. Y es normal. ¡Tiene que haber de todo! De la tensión entre inmovilismo e innovación salen cosas... Y, en según qué casos, prefiero a los puristas...
¿Y a usted, le reprocharon algo?Algunos al principio recelaban de mí y de mi bajo eléctrico: "El de la guitarra china", "El catalán"; me veían como un cuerpo extraño... Después de grabar el bajo de una bulería en Calle Real de Camarón, Paco vio sonreír complacidos a él sabe quién, yme llamó a mi casa y me dijo: "¡Ya está!".Le aceptaron a usted.
Desde entonces, ser catalán es un mérito, un plus: "¡Imagínate si este tío llega a ser de aquí", ponderaba alguno...¿Cómo empezó?Me gustaba la música, los Beatles... Mi primer compañero musical fue Emili Baleriola, que tocaba la guitarra eléctrica..., y yo escogí el bajo porque tenía menos cuerdas: "¡Me será más fácil aprender!", pensé. Y desde el primer día me apliqué en tocar el bajo... como si fuese una guitarra. Eso creo que me ha singularizado, es mi toque.¿Autodidacta?Sí: sigo tocando de oído y memorizando, apenas leo partituras. Desde los 12 años, tocar el bajo era mi obsesión, mi pasión. Era como estar en una secta: ni discotecas, ni alcohol, ni drogas ni nada, sólo tocar con los amigos. No había nada más importante.¿Talento o disciplina?La disciplina que haga falta para que no se eche a perder el talento.¿Cuándo se estrenó en público?A los 15 años, con mi primer grupo, Crac. Luego vino Máquina, y después Música Urbana, con Joan Albert Amargós, que me adiestró para el futuro que me venía...¿Con quién disfrutó más tocando?Guardo especial recuerdo de una gira en 1982 con Chick Corea y Paco de Lucía: yo estaba en medio de los dos maestros, mediando. ¡Aprendí muchísimo!
¿Qué función tiene el bajo?
El bajo y la batería son la base sobre la que el resto del grupo se sostiene en pie y brilla. Pero yo he tenido la inquietud de ponerme de vez en cuando al lado de los que brillan...¿Cuál ha sido el mejor piropo?"Se me ha hecho corto".
¿Con eso se conforma?
Es mi principal consigna: no fatigar, no aburrir, ¡que deseen volver a escucharte una y otra vez!¿Hasta cuándo estará en activo?Un músico muere con las botas puestas.
Nada frenará sus dedos sobre las cuerdas del bajo, vamos...
Pudo hacerlo un accidente muy grave de coche, hace catorce años... Mira cómo me quedó el brazo izquierdo...Uf, menudos costurones.Tuve rotura del nervio radial del brazo izquierdo. El médico me dijo que le obedeciese si quería volver a tocar: estuve un año rehabilitando músculos, sin tocar, pero convencido de que volvería a hacerlo...
"Querer sanar es media sanación", sentenció el gran Séneca.
Y así fue. Al año volvía de gira con Paco de Lucía. Al principio de la gira, eso sí, omitía el solo de bajo de "Entre dos aguas":los dedos no me llegaban... En los últimos conciertos de la gira, ya sí: ¡ya lo había conseguido!¿Cuál es su sueño ahora, en lo profesional y en lo personal?Seguir creando música, tocando y disfrutando. Nada más. Siento que lo tengo todo. Cada mañana me levanto y digo: "¡Gracias, gracias, gracias!". Que no me pase nada malo me parece maravilloso. Siento cada día mayor gratitud por la cosa más insignificante. ¡Mira hoy, mira qué mañana tan preciosa...!

Carles Benavent - Bajista
Fuente: LA CONTRA - "La Vanguardia"

viernes, 22 de enero de 2010

Candilejas

Tengo 65 años. Nací en Santa Mónica (California) y vivo entre Suiza y España y en todas partes. Me enorgullezco de mi padre y soy actriz. Tengo dos hijos, Shane (35) y Oona (23). Soy antipolítica: la política actual saca lo peor de cada uno. Carezco de creencias religiosas.

¿Desde cuándo se sintió hija de Charlot?
De pequeñitos, mi padre nos proyectaba en casa sus películas, así que Charlot fue omnipresente desde que tengo memoria...¿Le gustaban las películas de papá?
Sí. Bueno, eran las únicas que veíamos. Un día mi padre expulsó a mi hermano de la sala porque no se reía con una escena suya.
Vaya con Charlot...Se sintió herido en su orgullo de artista… Era vulnerable en eso, necesitaba refuerzos.¿Alguna otra estampa de su infancia?Vivíamos aún en Santa Mónica cuando un día mi hermano y yo, con 8 añitos, atravesamos la verja de la casa y salimos a la calle canturreando con retintín: "Somos los hijos de Charloooot, somos los hijos de Charloooot"… Y entonces pasó una señora, nos miró malcarada y soltó: "¿Y quién es ese?".Vaya.Aquello fue traumático para mí: me conmocionó. Recuerdo que volví a entrar en casa, trastornada. ¿Y si todo era mentira? ¿Era todo lo de mi padre una fábula, un engaño, ilusión? Por primera vez sentí miedo...¿Sí?Me invadió una inseguridad indescriptible, el mundo se resquebrajaba bajo mis pies...Pero no era mentira...No: mi padre es la persona mundialmente más famosa, en el siglo XX como mínimo.
A la altura de Picasso...A veces los comparaban, sí. Cuando mi padre lo oía no decía nada. Se quedaba un buen rato callado, meditabundo, y luego musitaba: "Picasso... no me gusta mucho".Ja, ja, quería ser único...Y lo era. ¡Era tan célebre y querido que Hitler se dejó un bigotito como el de Charlot para atraer más simpatías de más gente...!Poca gracia le haría luego "El gran dictador"...Mi padre fue muy valiente al hacer esa película en un momento (1940) en que Estados Unidos miraba con simpatía a Hitler...Admira usted a su padre.¡Es mi héroe!
Y tiene que compartirlo con la humanidad. ¿Cómo se lleva eso?Muy bien: me enorgullece ver su imagen, un póster, una imitación... Me gusta ver que sigue vivo. ¡Es mi padre! Y eso sólo lo comparto con siete personas, mis hermanos.
¿Qué legado le dejó su padre?La disciplina. Era victoriano y exigente. Lo era consigo mismo: le recuerdo encerrado en su gabinete, escribiendo sus guiones, que le costaban miles de horas de trabajo. No tenía facilidad, los escribía a base de mucha, mucha disciplina.¿Qué fue lo más duro para usted?Estuve en un internado suizo de monjas... Mi padre no quería que fuese actriz. Él quería que sus ocho hijos fuésemos personas de provecho: abogados, arquitectos, médicos... Y nos exigía sacar buenas notas en el colegio. "¡Vuestra única defensa será vuestra educación!", nos repetía.¿Le propinó su padre alguna bronca importante?¡Estuvo siete años sin hablarme!¿Por qué? ¿Qué le hizo usted?A los 14 años empecé a pintarme los labios y todo eso... "Límpiate la boca", me dijo. "Eres mala influencia para tus hermanos", concluyó. Me echó de casa, aunque yo me inventé que me fui yo... Y se hizo usted actriz.Primero quise ser bailarina: fue doloroso darme cuenta de que no tenía facultades... Y sí, me hice actriz, y vine a España... ¡y aquí me desmelené!
¿En qué sentido?Podía salir y entrar, vivir a mi aire, ir a bailar, ir a fiestas, beber alcohol..., ¡era la libertad! Qué paradoja: siendo la España franquista, para mí era un lugar de libertad. Carlos Saura me iría mostrando luego la lóbrega realidad española...¿Qué pensaba su padre de su trabajo como actriz?Vio que yo me había espabilado sola, ¡y sé que eso él lo valoraba mucho! Al final, mi trabajo le enorgullecía: para él yo era la mejor, sé que me adoraba.¿Le perdonó su padre, pues? Un día estábamos todos sentados a la mesa, yo no estaba comiendo mucho y él dijo: "¿No comes?". ¡Era la primera vez que me hablaba en siete años! Fue oírle decir eso… y rompí a llorar como una magdalena.¿Llora usted a menudo?De un tiempo a esta parte no puedo escuchar música: ¡me hace llorar! Música clásica, rock, pop..., ¡toda la música! La oigo... y lloro, no puedo evitarlo. Así que la evito.¿Con qué llena sus ratos de ocio, pues?
Por miedo a perder mi carrocería, camino y paseo. Por miedo a perder la memoria, memorizo textos. Y devoro libros.
¿Qué anda leyendo?Me ha encantado La lièvre de Patagonie,memorias de Claude Lanzmann, que fue amante de Simone de Beauvoir; Caín,de Saramago, tronchante. Y todo Philip Roth, con esa riquísima trayectoria recorrida literariamente desde su juventud hasta su actual temor a la muerte...Y usted, ¿teme a la muerte?Mucho. Pensar que todo esto se tiene que acabar... ¡me provoca a veces un pánico que me atenaza, me paraliza! Suele sucederme en la cama, antes de dormirme...
¿Y cómo afronta ese miedo?Me encojo como una bola de puerco espín: así repelo a las negras gallinas de la muerte.

Fuente: La Vanguardia