A los veintidós años, William Faulkner
estudió durante un semestre en la Universidad de Misisipi y aprobó la
asignatura de Lengua y Literatura Inglesa por los pelos.
El día que Dylan Thomas cumplió dieciocho
años, Sylvia Plath nació.
Dijo Charlie Parker, mostrándole a alguien
las venas en que se inyectaba heroína: Esta es mi Cadillac y esta es mi casa.
La historia verdadera/falsa/encantadora en
cualquier caso según la cual Salvador Dalí había sido visto observando, con una
fascinación casi hipnótica, una cuña de camembert derritiéndose en una cena
poco antes de pintar los relojes derretidos de La persistencia de la memoria.
No puedo entender a esos tipos que van por
las universidades norteamericanas explicando cómo escriben poemas: es como ir
por ahí explicando cómo te acuestas con tu esposa. Dijo Philip Larkin.
La única excusa que tiene Dios por el
sufrimiento que permite en el mundo es que no existe. Dijo Stendhal.
Fue la mujer de Beckett la que contestó la
llamada en la que les informaron de que Beckett había ganado el premio Nobel.
Su primera reacción, cuando se volvió para darle la información:
Quelle catastrophe!
Publicada por Sexto Piso Editorial. Primera edición: 2024. Título original: The Last Nove (2007). Traducción de Mariano Peyrou. 190 páginas.








