Se esconde detrás del tronco de un árbol, les deja pasar, y luego les sigue a distancia. Quiere saber dónde se meten. A estas horas no queda mucha gente en las calles y el aire huele a aceite frito. Desde algún bar salen los acordes de una guitarra y la luna sonríe por encima del mar. Juan recuerda ahora, mientras el camarero palpa el trasero de las dos turistas, que Alberto le juró y perjuró en ciertas ocasiones que en noches como ésta los pulpos se encaraman a las rocas que están cerca de la playa para escuchar cómo los gitanos tocan la guitarra en los chiringuitos de la playa».
Publicado por Editorial Anagrama. Narrativas hispánicas vol.289. Primera edición: septiembre de 2000. 160 páginas.








