De lo que he podido ver, excelente puesta de largo de todo
el equipo de abogados defensores que personalmente resumiría en las excelsas
intervenciones de Benet Salellas en representación de Jordi Cuixart y de Andreu
Van den Eynde, abogado de Oriol Junqueras y Raül Romeva. Como por lo visto, en
España no va a ser visto (valga la redundancia, aunque no me extraña en
absoluto, las teles de los peleles, ¿cómo están ustedes informados? bieeeen…)
recomiendo rescaten íntegramente estos momentazos en concreto, ya sea vía redes
sociales, youtube, webs afines a la democracia, la libertad de expresión o
similares. A los observadores internacionales igual no les dejan entrar, pero
estoy convencido de que ya han tomado buena nota de lo acontecido en el primer
día y de que la verdad se observará con lupa en cualquier rincón del globo
mínimamente justo e interesado en este ignominioso proceso judicial… aunque los
trifachitos igual les cuenten otro cuento, esto va también un poco con ustedes,
créanme.
El partido será largo, no me cabe duda, pero siempre es
importante empezar marcando en campo contrario. La inocencia de los acusados
solo tiene un veredicto posible: la absolución. Decidir no es un delito. El
juicio sobre aquellos días previos y posteriores al histórico 1-O (2017) ya lo
vamos ganando 0-1 (hoy ya en 2019). Seguimos…
“Se puede ser escritor de Barcelona de muchas maneras. Con
la nariz de boxeador que nunca ha hecho tongo, como Marsé, con su novelística
compleja porque enfrenta todo el rato una verdad privada a la verdad del mundo.
Con el bigote blanco de Eduardo Mendoza, de escritor viajado y que le da esa
elegancia del hombre de mundo que no se mancha de geografía cuando sale a ver
las cosas; de escritor que va de un lado a otro porque ha descubierto que la
distancia es la más alta forma de amabilidad. Con el periódico y el carnet del
partido doblados bajo la máquina de escribir, como Manuel Vázquez Montalbán.
Con la cazadora vaquera de Carlos Zanón, con la que escribe su novelas duras,
de callejón espectral, de una Barcelona extracomunitaria y de mejillones
hervidos en las presentaciones de la librería Negra y Criminal. Con la
elegancia de sastrería decente, con la elegancia rabiosamente viva,
nocturnamente viva en una eterna noche americana, que es la de Francisco Casavella.
Será su Barcelona americana, la de las malas calles, la de los gitanos rumberos
de la calle de la Cera y del parking de la calle Aurora en el barrio chino, la
de las noches watusis, la de los especuladores municipales, esa será la única
en que crea, la que voy a ir buscando cada vez que cruce el río. Llevaré
entonces el Triunfo de Casavella
metido en el bolsillo de una trenca muy buena, que salió de un camión que nunca
llegará al Corte Inglés. Me la regalará mi familia en mi veinticinco cumpleaños
(habían cogido entonces la manía de comprar esas cosas en los pisos de La
Mina).”
“Aleshores, mentre caminava pel carrer desbordant aquell
profund vespre d’estiu, li va venir aquella solitud tan singular que només se
sent en la impersonalitat monstruosa d’una multitud, aquella sensació incomparable
de solitud pura que mai no es coneix en unes altres circumstàncies. La figura
solitària en una monòtona extensió de desert no està tan sola com el que està
perdut en la infinitat d’una ciutat plena de gent. El que està sol al desert és
sempre conscient de la seva significació, per petita que sigui, i la seva
relació amb l’espai que pot veure. Però el solitari en-mig d’un eixam
nombrosíssim perd la consciència de si mateix com a individu. Els centenars de
cossos desconeguts que el pressionen sense saber-ho, els centenars d’ulls
estranys que el miren a la cara sense expressió ni reconeixement, les veus que
parlen per damunt d’ell i al voltant seu, però mai amb ell… és aquí on rau l’autèntica
solitud. D’aquestes coses era vagament conscient mentra anava rodant i es
deixava portar.”
Nota: Aquesta es la primera novel.la de l’autor (“Nothing
But the Night, 1948) de les sis que va escriure a la seva curta però molt prolífica
trayectòria: també he llegit d’ell la meravellosa “Stoner”. No puc fer altra
cosa que recomenar-ho.-
Edicions 62 – Traducció Anna Llisterri – 141 pàgines.
“Viure al camp m’ha ensenyat unes quantes coses. M’ha
ensenyat que després del primer esclat ple de vida, el temps ho consumeix tot:
rovella la maquinària, fa envellir els animals fins que els cauen el pèl i les
plomes i panseix les plantes. Un cop a l’any, si fa no fa, ho veig en el Pa;
veig com els anys el fan més prim; els tendons li sobresurten, més durs i
rígids, cada any. Els seus pòmuls indis, durs. Però des de que la Ma va caure
malalta, he après que el dolor també pot fer-ho, això. Pot consumir una persona
fins que només és pell i ossos i una capa prima de sang. Que pot menjar-se’t
les entranyes i inflar-te parts del cos de forma desmesurada: els peus de la Ma
semblen globus d’aigua a punt d’esclatar.”
“La frase no em para de donar voltes al cap com un ratpenat que
bat les ales i topa als racons d’unes golfes.”
Nota: Jesmyn Ward (1977) es l’única dona que ha guanyat el
prestigiós premi literari National Book Award, i no només això sino que és la
primera escriptora que ha rebut el guardó en dues ocasions (la segona amb
aquesta molt recomenable novel·la). Ja hi ha que la compara amb William
Faulkner, paraules majors… Missisipí a flor de pell. Chapeau!
Molt bona la traducció al català de Josefina Caball per a
Edicions del Periscopi, també publicada en castellà per Sexto Piso amb el títol
de “La canción de los vivos y los muertos” (no confondre, tot i que la temàtica
és curiosament molt similar, amb “Los vivos y los muertos” – Joy Williams que també
podreu trobar en aquest bloc AQUI).-
“Me desperté de
golpe, salía de un sueño muy pesado. Había tomado ansiolíticos para dormir. En
su día llegué a tomarlos en cantidades alarmantes, y los mezclaba con alcohol.
Fue en el año 2006 la primera vez que me dio por mezclarlos de una manera
agresiva con el alcohol. Hubo una crisis matrimonial de por medio, porque yo
tenía una amante. No era una amante cualquiera, era especial, o así lo viví yo
entonces; tal vez fue algo que solo me ocurrió a mí, pues en el amor no basta
con la confesión de parte, habría que encuestar a la otra persona. Las ganas de
vivir siempre son confusas: comienzan con un estallido de alegría y acaban en
un espectáculo de vulgaridad. Somos vulgares, y quién no reconozca su vulgaridad
es aún más vulgar. El reconocimiento de la vulgaridad es el primer gesto de
emancipación hacia lo extraordinario. Todas mis crisis matrimoniales, desde
entonces, combinaron el alcohol y los ansiolíticos. Cuando los efectos del
alcohol te abandonan, entras en estado de pánico; entonces te tomas una buena
ración de ansiolíticos.
En el fondo, el único
gran enemigo del capitalismo, son las drogas.”