
«A veces tengo la sensación de
que mi vida es una novela de misterio, aunque todavía no me han asesinado y no
entra en mis planes que se asesinen, por supuesto. Pero resulta curiosa −me
refiero a mi vida− de la misma manera en que resulta curiosa una novela de
misterio, donde hay algo muerto o desaparecido a la vista de todos −como le
pasó a Bradley W. Smith−, pero no sé qué es, solo percibo ese indicio de
violencia. Me haría falta un detective que pudiera husmear en mi vida y después
me diera la solución al misterio que aún debo definir y al crimen que lo creó.
Por ejemplo: todas las mañanas
recorro con Turbo, mi coche, el trayecto de quince minutos que me separa de
Jitters y paso por tres curvas. En dos de estas curvas alguien ha clavado unas
crucecitas de madera blanca en recuerdo de súbitas muertes por atropello, y
junto a cada cruz hay un ramillete de flores artificiales. ¡Flores
artificiales! Son petunias, y quizás violetas. Las semanas pasan y las flores
no se ponen mustias. Espero que se marchiten como en el ciclo natural. Pero
siguen tercamente sin vida y, por lo tanto, sin amustiarse, de modo que deben
ser de plástico, con sus tonos azules, amarillos y blancos manufacturados. Imagínate
tú, mostrar la pena con flores artificiales. No ennoblece. La calidad de ese
dolor tiene un aura de saldo, como una reliquia lanzada caprichosamente al cubo
de la basura. A diario me limito a tomar nota de ello y a guardarlo. Me fijo en
estas cosas para protegerme».
Publicado por Libros del
Asteroide. Primera edición, 2022. Título original: The Feast of Love
(2000). Traducción de Celia Filipetto. Premio: Finalista National Book Award
(2000) y premio Llibreter (2002). Adaptación al cine: El juego del amor
– Robert Benton (2007). 338 páginas.