Y por fin he encontrado el camino
que ha de guiar mis pasos. Y esta noche me espera el amor en tus labios. De
cada mirada, por Dios, ardía el recuerdo en mi interior, pero ya he desechado para
siempre la fruta podrida. En la prisión del deseo estoy y aunque deba cavar en
la tierra la tumba que sé que me espera, jamás me vio nadie llorar así. Que
termine un momento precioso y le suceda la vulgaridad, y nadar mar adentro… y
no poder salir.
Frankfurt, Alemania - 6 abril de
1992
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