

Las pocas veces que he hablado sobre esta película con gente, que mayoritariamente no la ha visto pero la conoce, siempre he defendido que más allá de los múltiples guiños autobiográficos, que los tiene y muchos, siempre he creído que en mi opinión es una peli sobre el cine dentro del cine - como droga dura en particular-; todas las sensaciones que puede provocar este arte en cualquier persona que se enganche a el, de una manera incontrolada se entiende, y como te absorbe la voluntad cuando te dejas atrapar.


Este rarísimo experimento, concebido como un corto y extendido hasta su puesta de largo en metraje, parte de un flashback inicial que contiene en sus entrañas otra sucesión de minuciosos flashbacks internos, dando lugar a la gestación de la criatura, representada en una simple cinta de casette, obra de Pedro (Will More) tercer personaje en discordia y motor de acción del exorcismo tras la cámara redentora; pocos vampiros en la historia del cine te harán creer en el poder de la sangre, metamorfoseando el rojo en blanquinegro, como este fascinante y extraño personaje. Morir a manos del cine.

La poderosa imaginación de Zulueta fabrica un trío balsámico fruto de los delirios de tres “minúsculas” personas y tres grandes monstruos por exorcizar: la droga, el cine, y el vampirismo, además de hacer una terrible apología a favor del suicidio, por supuesto almas inestables abstenerse de ver esta cinta.
Con la genialidad mutilada por las fuerzas opresoras de la policía censurofranquista, que retiró de circulación todos sus cortos rodados en super 8 (que no solo escribió, produjo y dirigió, sino que también fotografó y montó), tuvo que ganarse las habichuelas como dibujante con sus fascinantes e inigualables carteles de cine, además de otras historietas contraculturales. Dicen que ahora se va a estrenar una retrospectiva permanente de toda su carrera en todas y cada una de las salas del Infierno. Algún día espero recuperar esas pequeñas joyas. Hasta lueguito, amigo.-