
Rozando las tres horas de concierto, las piernas le piden un reposo vacilón a Valdivia y unas gárgaras de whiskito a Bunbury, pero hay que levantarse que es la última del último concierto de la última gira y se impone despedirse del personal… con tinta de luz.
Dicen que después vinieron los cuatro bises del Apocalipsis, ya pasada la medianoche.
We want the World… now! Feliz Año Nuevo, que con este solecito no se puede hibernar.-
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