
Esta primera novela de la señorita Barbery destila entre sus líneas una irresistible calidad literaria, macerada en horno uterino, que después degustarán una pequeña legión de lectores en su elegante rizo al erizo que pinchaba las paredes insonorizadas de los inmuebles de la finca de la calle Grenelle, 7 – París (Japón). Aquí también aparece ese edificio aunque todo suceda en el interior de un solo apartamento, desde la cama donde yace postrado el futuro difunto hasta las estancias del recuerdo que ha dejado entre los afiliados a su causa vital la cosecha de una herencia de quilates.
Delicioso y delicado manjar esta corta novelita que nos sirve la debutante Muriel, con un final tan redondo como el agujero de un estómago hambriento, me ha dejado un grato sabor a magia. Muérdelo. -
