martes, 7 de junio de 2016

Domi-Nación

Un libro que bien podría convertirse en un clásico de culto de las novelas de política ficción del siglo XXI, y es que esta historia que Houellebecq nos brinda aquí parece predestinada a pasar a la posteridad del ‘subgénero’ en cuestión y ocupar un lugar predominante –que también es dominar pero con innegable clase y estilo rimbombante- junto a aquellas otras excelsas –y cuasi perfectas- obras premonitorias paridas por Huxley en 1932 y Orwell en 1949, que no 84… o sea, ya en aquel siglo que me vio nacer, a mí, y bien adentrado en este, que será el que me verá morir… o no, que igual somos inmortales y todavía no lo sabemos, ¿eh?

François es el prota en 1ª persona como ‘dominar’ es un verbo de la 1ª conjugación y ‘someter’ lo es de la 2ª –grandiosos secundarios por cierto, sí señor ten piedad-; está en la cuarentena de la vida pero ya subiendo a contracorriente hacia esa 5º planta que es la que te permite mirar la existencia –la tuya misma, ya verás ya- desde la perspectiva más alta de una vida cualquiera; y la acción se desarrolla en la France –gran canto de amor de l’enfant terrible hacia su país, lo miren como lo miren y posiblemente lo harán ustedes con lupa…- en el muy próximo año de 2022 en el que un tipo llamado Mohammed Ben Abbes (que podría ser el extremo derecho del Olympique de Marsella pero resulta que es un político islamista que alcanza el poder del Elíseo) se predispone a levantarle la falda a la vieja Europa (Francia-Bélgica-Turquía son los primeros… y el resto de países que vayan cayendo bajo su dominio, casi de imperio romano, donde otras tierras como Marruecos-Argelia-Túnez o Egipto ya forman parte de ella, de la Nueva Europa, sí)… y metérsela hasta el fondo. Se acabaron las minifaldas y los pantaloncitos cortos para las mujeres, burka y pantalones largos a tutiplén, se trata de mutilar la imaginación occidental proponiéndote a cambio el mundo perfectamente feliz de Huxley (con trampa pero sin cartón de tabaco) y como compensación promover esa  bigamia coránica-tiránica que te permite casarte con una nena de 15 años para practicar tus deseos más depravados y a la vez con otra de 40, excelsa cocinera y fregona preparada en los fogones del Reino de Alá. ¿Alá? ¡A la mierda, oigan, prefiero las mujeres liberales! Pensarán ustedes con toda la razón… aunque les aseguro que les pueden convencer con sus cantos de sirena, a cambio de su-misión extrema a su creador, al de ellos, claro . En fin, quédense con este par de apuntes argumentales porque no pienso contarles nada más, para ello les remito a los capítulos finales, esas deslumbrantes conversaciones intelectuales entre François y Rediger, que les serán de mucha utilidad para comprender el verdadero significado de esta historia a nivel político-religioso que es de lo que trata la treta.

Entre todas las artes, sólo la literatura nos permite entrar a fondo en la mente de un muerto (“sus debilidades y grandezas, las limitaciones, las pequeñeces, las ideas fijas, las creencias, todo lo que le emociona, le interesa, le excita o le repugna…”, como reflexiona François al inicio de la novela), aquí tenemos que mencionar y/o presentar a J.K. Huysmans (1848-1907), él es el gran amigo, ausente pero sombra presente, de nuestro protagonista, y además existió, rastreen su pista quienes no lo conozcan… como es mi caso y como prometo hacer en breve, llámenlo curiosidad. Sólo Houellebecq podría ser capaz de escribir una novela de estas características en los tiempos que corren, lo hace con maestría, con una sutil ironía teñida de humor negro marca de la casa, con unas ganas de tocarle las pelotas a sus detractores que sin duda los dejará en paños menores, y sobre todo con una sinceridad abrumadora no exenta de altas dosis de inteligencia… natural. Sobre la acusación de islamófobo que le han colgado al autor, estoy en completo desacuerdo, esta no es más que otra de sus ‘gamberradas’ de altos vuelos literarios cuyo combustible es esa Libertad de Expresión a la que no deberíamos renunciar jamás como seres humanos, no se trata de dominar al vecino, ni de hacerlo someterse a tu dictado, se trata de Respeto Existencial, ¡oigan! Puede que esta sea su última gran obra, amigo Michel, no me extrañaría,  pero créame que el Olimpo lo tiene asegurado.-

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