miércoles, 24 de junio de 2015

Espiasción

Imagen: Jeff Rowland

“Me acompañó hasta el coche y para entonces caía un aguacero. No malgastamos mucho tiempo en despedirnos. Antes de estrecharme la mano me dio el número de teléfono de su domicilio. Dijo que lamentaba ser portador de malas noticias. La traición era un asunto feo y nadie debería verse mezclado en ella. Confiaba en que yo encontrase una salida al problema. Cuando se fue me quedé sentado en el coche, con las llaves de contacto colgando de la mano. Diluviaba como si fuese el fin del mundo. Después de lo que había oído no tenía ánimos para conducir ni para ver a mis padres ni para regresar a Clifton Street. No iba a pasar el Año Nuevo contigo. No se me ocurría nada más que contemplar la lluvia que lavaba la suciedad de la calle. Al cabo de una hora conduje hasta una estafeta y te envié un telegrama, y después busqué un hotel decente. Pensé que bien podía gastarme en algún lujo lo que quedaba del dinero sospechoso. En un estado de autocompasión, pedí que me subieran a mi habitación una botella de whisky escocés. Dos dedos de whisky y una cantidad igual de agua bastaron para convencerme de que no me apetecía emborracharme, no a las cinco de la tarde. Tampoco quería estar sobrio. No quería nada, ni siquiera el olvido.”

Operación Dulce
Ian McEwan

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