miércoles, 21 de octubre de 2015

El hijo que, cuando fuera grande, quería ser escritor

“Un escritor, en la mayoría de los casos, no sirve para nada salvo para sí mismo. De acuerdo, también están los lectores: monstruo igualmente misterioso, igualmente respetable. ¿Pero qué es lo que lleva a alguien a sentarse a escribir pudiendo hacer tantas cosas mucho más gratificantes a corto y medio plazo? Es -¿dónde leí eso?- una vida muy penosa enfrentarse todos los días con una hoja en blanco, rebuscar entre las nubes y traer algo aquí abajo. Una página en blanco es algo casi tan intimidante como un arma de fuego apuntándonos a la altura de la cara.”

Historia argentina
Rodrigo Fresán

2 comentarios:

  1. Cuando cumplí los doce años ("Después de los doce años, no hay nada que valga la pena." Gil de Biedma), y frustrado por la experiencia ante el desprecio del profesor y las risas de mis compañeros, me dije de pie en la cama, con un pijama puesto y unos calcetines demasiado grandes: algún día seré grande, fumaré y me pasaré las noches en mi escritorio, escribiendo, escribiendo. Ahora soy ya un hombre, estoy fumando, sentado en mi escritorio, escribiendo, y me digo: cuando tenía doce años era un perfecto idiota.

    Esto lo escribí una vez en mi diario. En fin.

    Abrazos

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    1. (¿Y qué fue lo que te llevó a escribir eso? Posiblemente el desparpajo de los 12 años, la ausencia del miedo que pudiera suponer encaramarte a esas nubes de ahí arriba, rajarles el vientre y provocarles un chaparrón de palabras… que ya siempre serán tuyas.)

      “Empezaré diciendo que entonces éramos otros. Entonces éramos diferentes, no por una cuestión de edad y de tamaño y de ideas, sino porque los que habitan ese efímero planeta de la Nebulosa de Nunca Jamás conocido como Infancia (la única patria posible y, al mismo tiempo, un lugar cuyos habitantes se extinguen enseguida, un sitio que desaparece para unos para así poder ser poblado una y otra vez por otros, por los que siempre vienen detrás, como ocurría con ciertas ciudades aztecas súbitamente abandonadas) son siempre animales extraños, criaturas que nunca se quedan quietas a la hora de ser capturadas y clasificadas para el bestiario de turno.” MANTRA – RODRIGO FRESÁN

      * Supongo que ya conoces a este autor, si no fuera así te lo recomiendo fervorosamente. Un abrazo, Matxuca.-

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