lunes, 8 de abril de 2013

Dos mujeres y dos destinos


Margaret Thatcher (1925-2013)

La dama de hierro y todos aquellos altísimos niveles de desempleo que se alcanzaron bajo su mandato (11 años desde 1979 a 1990, desde mis trece hasta mis veinticuatro) en el Reino Unido, la agitación general que ello provocó en las calles de las grandes ciudades inglesas, los graves problemas sociales de las clases trabajadoras, la drogadicción extrema de la juventud y la epidemia alcohólica de la segunda edad (esa que abarcaría el segmento entre los cuarenta y los sesenta), familias desestructuradas por la apisonadora de los recortes sociales a las necesidades básicas más elementales : ese y no otro es el recuerdo que yo tengo de aquella época convulsa por aquellos lares, de aquellos lodos estos barros...
Y ahora resulta que el vocerío internacional la ensalza a los tronos perpetuos del arte político, tergiversando la historia que es gerundio. ¡Venga ya, hombre! Hasta el hierro mejor forjado arde al rojo vivo en las perennes calderas del infierno.




Sara Montiel (1928-2013)

La hija guapa de una familia humilde de campesinos que conquistó Hollywood después de arrasar en su casposa España natal y en su México de adopción. Todo un mito popular para varias generaciones, no cabe duda. Aquella moza que fumando esperaba (fue Hemingway quién le inculcó la pasión por los puros) cantando el relicario en aquel ‘El último cuplé’, que fue la película más taquillera del cine español, dirigida por Juan de Orduña, con el que también rodó aquella otra película puede que superior: ‘Locura de amor’. Por lo visto ganó mucha, muchísima pasta, de la que debido a mi desafección de la prensa amarillista desconozco como acabó administrando y o a donde fue a parar. Yo la recordaré básicamente por “Veracruz” – Robert Aldrich (1955), donde estaba realmente estupenda, ¿quién no recuerda aquellos títulos de crédito: ‘and introducing Sarita Montiel’ donde pretendían presentar a la nueva estrella hispana a lo Rita Hayworth?; de sus amoríos y su transcendencia en la cultureta de pandereta popular no estoy al corriente, tampoco me interesa, ya me enteraré mañana echando un vistazo al periódico. DEP, en el cielito lindo supongo.-

2 comentarios:

  1. Yo también me quedo con Sara Montiel, aunque sólo sea porque se puso el nombre artístico de unos Campos donde aquel escritor narró los inicios de una soñada victoria y miles de derrotas. Además, porque fumaba puros... Olé.

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  2. Y además porque perdurará en el recuerdo una imagen más reconocible y precisa para los humildes contemporáneos que las acompañaron en su tránsito por la vida. De purísima belleza y artística nobleza. Esa soñada victoria vale más que mil derrotas… ¡Olé!

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