domingo, 21 de noviembre de 2010

El elixir de la eterna juventud

Una breve y bella obra, tan profunda como el sueño en que se sumergen esas bellas durmientes narcotizadas que trabajan en la peculiar casa de citas para decrépitos ancianos, donde se desarrolla la novela. Una especie de mansión secreta con unas reglas muy especiales que jamás deben profanar los clientes…
Eguchi, el protagonista de la historia, es un viejo elefante, otro más de los que frecuentan este paraíso natural, consciente de que cada vez que acude a ese lugar esta saboreando los últimos chupitos de placer terrenal que le quedan antes de que la muerte le haga traspasar la frontera de su existencia, mientras las olas revientan contra las rocas en un acantilado cercano marcando acompasadas la espuma de las noches, y cuya banda sonora mece los sueños de las jóvenes vírgenes, que yacen desnudas en las camas de las habitaciones cuando traspasamos las puertas guiados por esa especia de extraña ama de llaves que regenta el negocio, nunca despiertan antes de que el cliente haya abandonado la estancia, al alba de mañana, no hay sexo que ensucie las páginas del relato pero sí un sutil baño en las profundidades del recuerdo, de lo que esas sensaciones significaron...
Escritor de culto en Japón, Kawabata fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1968 por el conjunto de su obra, era la primera vez que se lo daban a un autor nipón y tuvieron que ir a buscarlo a las montañas donde vivía prácticamente como un ermitaño, para llevarlo a Suecia a entregarle el premio. Algunos años antes, 1946, apadrinó (siguiendo la tradición japonesa de admitir a un discípulo para transmitirle sus enseñanzas) a otro escritor, un talento superdotado según los expertos y al que tengo pendiente de descubrir, muy reconocido en oriente y occidente: Yukio Mishima. La relación entre alumno y maestro duró muchos años, hasta que el espíritu ultranacionalista de Mishima y el carácter apolítico de Kawabata acabó por distanciarlos e incluso llegaron a competir por el Nobel, que finalmente consiguió el maestro…
Tras el sangriento y espectacular suicidio de Mishima en 1970, investiguen sobre el tema los curiosos: que ya se está alargando este post; Kawabata volvió a apartarse del mundanal ruido y alquiló un estudio en Zushi, una pequeña localidad junto al mar, allí sin la menor publicidad, se quitó la vida dos años después, el 16 de abril de 1972. Cosas del fascinante mundo de los japos que jamás entenderemos del todo desde nuestra distancia occidental.
Curiosamente, desde el otro lado del mundo, el reciente premio Nobel de las letras: Mario Vargas Llosa, escribió el prólogo de esta novela para la edición en español en una estratosférica carta firmada en Lima (Perú) el 22 de marzo de 1989. Un documento este, que tituló: “Velando su sueño, trémulo” de valor incalculable, que sirve de introducción a esta estupenda novela. Cosas de escritores.-


* Algunos escritorzuelos como Sánchez Dragó o Salvador Sostres deberían aprender a tratar un tema como este antes de verter tanta basura por esas bocazas pinturrajeadas con tinta pederastra. En fin Serafín, cosas de los tiempos que corren.

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