dissabte, 11 de febrer de 2017

Big Brother – Lionel Shriver


“Por lo general, es en verano cuando Iowa alcanza lo que yo llamaría su verdadero esplendor: ese aire que huele a húmedo por la tierra revuelta, el maíz que crece día a día junto a la carretera y se aleja rápidamente hacia el horizonte alternando con los campos de soja, más azules. Yo asociaba esa época del año con los momentos más felices de mi infancia, el ritual de despacharnos a Edison y a mí a visitar a nuestros abuelos paternos, con los que pasábamos un largo mes. (Los meses de julio en Iowa se me habían quedado tan grabados, que mi primera experiencia invernal en ese estado fue un shock. Antes de mudarme aquí, imaginaba el Medio Oeste como un lugar en el que siempre hacía calor y todo estaba verde y en flor.) Los recuerdos que mi hermano tenía de esos veranos no eran tan bucólicos como los míos, y cuando creció, empezó a quedarse en Los Ángeles, donde frecuentaba compulsivamente los clubs de jazz y practicaba el piano. Pero a mí me encantaba echar una mano a los abuelos en la granja. Como desde muy pequeña disfruté del trabajo físico, me hacía muy feliz dar de comer a los pocos cerdos que tenían, y también quitaba la suciedad del granero y cosechaba las judías verdes bajo un sol de justicia.”