sábado, 11 de julio de 2015

Balada braseada


Las palabras fueron avispas y las calles como dunas cuando aún te espero llegar. En un ataúd guardo tu tacto y una corona con tu pelo enmarañado queriendo encontrar un arco iris infinito. Mis manos que aún son de hueso  y tu vientre sabe a pan… la catedral es tu cuerpo. Eras verano y mil tormentas, y yo el león que sonríe a las paredes que he vuelto a pintar del mismo color.
No sé distinguir entre besos y raíces, no sé distinguir lo complicado de lo simple, y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar, todo arde si le aplicas la chispa adecuada.
El fuego que era a veces propio, la ceniza siempre ajena. Blanca esperma resbalando por la espina dorsal. Ya somos más viejos y sinceros y qué más da, si miramos la laguna como llaman a la eternidad de la ausencia.


2 comentarios:

  1. (Me siguen encantando los títulos que pones a tus posts)

    Un abrazo, no braseado que no está el horno para bollos, caballero Krust

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    1. Pues estábamos tomando una cervecita este mediodía en la terracita de casa y siempre solemos poner música de fondo como BSO de la conversación, salió esta canción que es una de mis baladas rock preferidas de siempre (me encanta esa letra tan ‘ardientemente desenamorada’) y enseguida pensé que todavía no la tenía en el blog así que invertí 10 minutillos en poner el post; el título surgió más o menos con esta anécdota estival, ya ves…

      Un caluroso abrazo, Anetta.-

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