jueves, 21 de mayo de 2015

Einsamkeit


No tengo ninguna duda de que esta novela será una de las grandes triunfadoras del mercado literario en este año 2015, también aparecerá en todas esas listas de recomendaciones de final de curso turronero que perpetran los que entienden de esto y que veremos bien situada en suplementos culturales varios allá por diciembre, y es que Trueba es un tío que cae bien a la crítica y al que además el público suele refrendar con su apoyo en forma de suculentas ventas lo cual también hace que los libreros, agradecidos por los ingresos extra proporcionados por un autor de la casa, se suban al carro del elogio sectorial. ¿Su mejor novela hasta la fecha?, personalmente conservo un cariño muy especial hacia sus “Cuatro amigos” (un “On the road” a la española por así decir, je!), tampoco estuvo nada mal su debut con “Abierto toda la noche” (a pesar de algún pecado de juventud propio de todo escritor novel) ni, por supuesto, aquel pelotazo que representó su “Saber perder” (Premio de la Crítica entre otros), todas ellas bailando sobre un notable sostenido. Un escritor sin altibajos de relevancia ni prisas creativas autoimpuestas ante presiones editoriales por publicar la próxima. Pues bien, este año nos llega su última novela (novelita, Adelita, que es la más corta de toda su producción), hablamos de este “Blitz” que si en mi opinión no es la mejor de todas ellas, (¡y mira que siento decir esto, David!) puede que sí sea la más madura, a pesar de su evidente falta de ambición contradictoria, también puede que sea la que iluminará su trayectoria a partir de ahora, su ‘blitz’ particular (palabro alemán que vendría a significar la llamarada luminosa que deja un rayo cuando estalla en el firmamento, gran elección para el título por otra parte) que espero y deseo que pueda acabar tronando con fuerza en las estanterías de todos los amantes de la buena literatura patria, ¡que haberla hayla, oiga! Pero vaya por delante que a mí no me ha acabado de convencer esa solución acelerada en su parte final aunque sea consciente de que el the end en sí es tremendamente engañoso, por lo tanto impactante por lo inesperado: doce capítulos subdivididos en los meses de un año cualquiera, donde enero ocupa las primeras 125 páginas y el tramo entre febrero y diciembre se despacha en las siguientes 40 del total de 170, ya te dije Adelita que era una obra cortita… demasiado quizás. Dicho esto, me parece un muy buen trabajo, en su línea de valoración global, aunque personalmente esperara un poquito más, ese puntito de rigor que la hubiera alzado al top de su bibliografía hasta la fecha. (Esto es un asunto de expectativas de los que seguimos la obra de este autor, no me hagan demasiado caso, continuaremos leyéndolo a la espera de ese gran salto de calidad que intuyo inmediato aunque habrá que esperar unos cuantos años hasta la próxima). Casi, Adelita, casi, de verdad te lo digo… pero, resumiendo, tú y yo sabemos que el Trueba chico es bastante mejor que el gran Marías de los cojones, ¿eh?

Trama argumental contemporánea que transcurre a caballo entre una Alemania poderosa (Múnich, visita turística incluida) y una España (Madrid-Barcelona) en crisis, donde su cantera de jasp’s deben emigrar al país teutón para ganarse las habichuelas como buenamente pueden, esta es la historia de una pareja de ellos: Beto, madrileño, 30 años, arquitecto paisajista, es el protagonista principal que ejerce de narrador en primera persona y que se encuentra en plena ruptura sentimental con su novia (Marta, guapísima, 27 años, actriz en paro), que lo acompaña en su viaje a la capital bávara siendo ahí donde se desarrollan los mejores momentos de la novela, ya que es allí donde conocen a un tercer personaje, en principio secundario pero que acaba convirtiéndose en el alma mater de la narración (Helga, jubilada alemana de 63 años que ahora mata su tiempo libre con diferentes tareas de voluntariado… con segunda residencia en Mallorca, claro); otros secundarios, pocos pero bien definidos, completan un reparto de seres solitarios en busca de su parcela existencial –extremadamente particular- en un mundo en el que no acaban de encontrar el lugar donde realizarse como personas mientras el tiempo se les escurre entre las costuras del alma como la arena resbala entre esos relojes acristalados que Beto presenta en su proyecto arquitectónico en un concurso internacional para la construcción de parques públicos. Relojes de arena que marcan irremisiblemente las horas desiertas del corazón.

Es esta una descarnada historia de desamor, digámoslo ya, aunque a ustedes se la pretendan vender como una historieta de ¿segundas oportunidades? Déjenme que les diga que aunque sientan que la comisura de los labios se les tuerce imperceptiblemente en un gesto de irónica sonrisa (Beto es un tipo que tiene un gran sentido del humor, por eso les va a caer bien, por eso es posible que hasta se apiaden de él… e incluso de su circunstancia) tampoco sería extraño que se les helara el careto en un medio rictus de falsedad atrapada in fraganti. Es esta una novela de arquitectura emocional que tiende puentes de conexión entre gentes de diferente condición, de diferente generación, y es esta una novela donde se manifiestan en toda su profundidad esos sentimientos egoístas que -utilizando una sentencia del propio Trueba que me ha gustado mucho- acaban derivando en algo tan terrible como vendrían a ser “los nacionalismos del yo”. Recomendable para modernetes con pedigrí, esos que agachan la cabeza y tiran la toalla ante la primera adversidad que la vida les plantea, y para todos los públicos capaces de afrontar la desgarradora tempestad interna que supone un fracaso sentimental.-


*Einsamkeit: Palabra alemana que significa soledad.