viernes, 6 de marzo de 2015

Niña en el cubil de la virilidad

     “No es, en verdad, su cuarto, sino el que tenía cuando era niña, abandonado ahora, con las cortinas medio sueltas, una cama blanca, algo rebuscada, y un arcón oscuro bajo la ventana.
     El huésped se sienta al borde de la cama, un poco incómodo, porque la cama es alta y debe permanecer con las piernas abiertas y estiradas. Por eso, cuando Odetta —después de posar en él unos ojos que no contienen nada, salvo un insensato recelo de animal salvaje— se inclina sobre el arcón, toma de él sus preciosos álbumes y se vuelve, no encuentra nada mejor que ir a sentarse entre las piernas del huésped, con la espalda apoyada contra la cama. Mejor dicho, se acurruca entre ellas, pero con bastante comodidad, porque las piernas del muchacho, ceñidas por la leve tela estirada, son como dos columnas entre las cuales la salvaje Odetta puede arrellanarse con naturalidad, casi con caprichosa elegancia. Es cierto que apenas se volviera se encontraría ante esa protuberancia, inmaculada y poderosa, en el fondo de ambas columnas protectoras. Pero Odetta no se vuelve: sus miradas pasan casi suplicantes del álbum de las fotografías a la cara del huésped, que le sonríe, bondadoso en su fuerza.
     Odetta levanta los gruesos globos de sus ojos hacia él, entreabriendo su boca de adenoidea hechizada, y lo interroga; después baja otra vez los ojos al álbum y lo hojea, buscando con minucia semejante a la ausencia los demás momentos culminantes de sus recuerdos familiares.
     Y el huésped le sonríe. Pero de pronto una de sus manos, en un ademán natural e impensado, se posa sobre su muslo, sobre su sexo, tras la espalda de Odetta. Ante ese ademán, ella se vuelve y mira la mano —siempre con su misma ausencia minuciosa—, después alza los ojos hacia el huésped, procurando no cambiar de expresión, manteniendo en ellos la misma luz. Pero el huésped le sonríe, paternal y maternal, más cálidamente, y como si ella fuera una cosa muerta e inerte, la toma por debajo de las axilas y la levanta del suelo hasta su propia altura.
     El álbum de las fotografías cae al suelo y las bocas de los dos jóvenes se unen. Es el primer beso de Odetta: lo recibe rígida y llena de su carne intensa, arrodillada, sostenida por los brazos poderosos del muchacho, para el cual es tan leve...”


Teorema
Pier Paolo Pasolini

Nota: El fotograma que ilustra el post pertenece a la película “Teorema” escrita y dirigida por Pier Paolo Pasolini en 1968 ajustando al máximo la escena rodada al propio capítulo 23 de su novela que, a su vez, luce ese hermoso título de “Niña en el cubil de la virilidad”. Los protagonistas de esta escena en concreto son Terence Stamp (El Visitante) & Anne Wiazemsky (Odetta), la B.S.O. corre a cargo de Ennio Morricone. A quién pueda interesar: la novela entera se puede leer AQUÍ.-

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Estoy en ello, que es cortita (la novela, ¿eh?, porque el placer es graaaande!) de hecho ya llevo como la mitad leída de una coRRRida!!!

      :-P

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  2. Una excelente descripción. También me he quedado con las ganas de superar ese sensualísimo primer beso.

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