miércoles, 18 de febrero de 2015

Frances Farmer, la hija de la furia


“La espectacular destrucción de la bella, sensitiva y emocional actriz Frances Farmer aportó a Cinelandia otro drama sacado de la vida real que, en 1943, compitió en las primeras planas de todo el país con la tumultuosa querella Chaplin-Barry y una pequeñez llamada II Guerra Mundial.
En el año 1935 y tras vencer la Farmer en un concurso de popularidad patrocinado por una revista, la Paramount tendió sus garras a la “nueva Garbo” poniéndole por delante un contrato de siete años de duración. Frances, que se consideraba una actriz seria y soñaba con interpretar a Chejov y a los clásicos (más adelante trabajó brevemente con el Theatre Group de Nueva York actuando en Golden Boy y La Quinta Columna a las órdenes de Elia Kazan y Clifford Odets) encontró que su Estudio la emparejaba con Bing Crosby en Rythm on the range, y codo a codo con Martha Raye y Bob Burns y su bazooka. Fue prestada a Samuel Goldwin (Paramount hizo un buen negocio con este alquiler, aunque ni un solo penique fue a parar al bolsillo de Frances) para una película de época, Rivales. A ésta siguieron Ídolo de Nueva York con Cary Grant, Ebb Tide con Ray Milland, El hijo de la furia con Tyrone Power y su film más curioso, Among the living con Albert Dekker. Posteriormente la futura actriz “intelectual” fue malgastada en una cosa titulada Al sur de Pago Pago al lado de Jon Hall.
Frances no volvería a ganar concursos de popularidad en el Sur de California. Decidida individualista que se negaba a pasar por el aro del Hollywood tradicional, repitió en más de una ocasión que aborrecía todo lo que la ciudad significaba, a excepción del dinero. Se creó enemigos como Zukor y otros jeques y, cuando en 1943 le llegó la mala racha, la mayoría opinó que la chica se había querido pasar de lista, recibiendo a cambio un merecido aunque inesperado castigo.
Su derrumbe empezó con un accidente banal: arresto por una violación de tráfico sin importancia la noche del 19 de octubre de 1942, en Santa Mónica. Fue multada por conducir sin licencia y ebria, llevando los faros apagados, en cierta zona de la carretera de la costa del Pacífico. Frances odiaba a los policías; a partir de ese momento se convirtieron en sus demonios personales. A los patrulleros que la insultaron y trataron con arrogancia, se les enfrentó con paralela hostilidad, y tras el combate verbal terminó arrastrada a la cárcel de Santa Mónica. Esa noche fue sentenciada a ciento ochenta días y puesta a prueba en libertad condicional.
No mucho después, la arrestaron en el hotel Knickerbocker de Hollywood por incomparecencia ante el oficial de guardia, al que debía haberse reportado; todo esto ocurrió en medio de un comportamiento histérico, durante el cual dislocó la mandíbula de su peluquera en el Estudio, perdió su jersey en medio de una etílica batalla en un club nocturno y, como guinda, salió corriendo en topless en medio del tráfico de Sunset Strip. Los policías reavivaron su paranoia golpeando violentamente su puerta y abriéndola con una llave maestra para entrar armados y con esposas. Ella se escondió en el cuarto de baño. Los agentes forzaron la cerradura y, tras un salvaje forcejeo, la arrastraron desnuda hasta el vestíbulo del Knickkerbocker.

Una imagen histórica: Frances detenida en el Knickkerbocker

En la comisaría de Hollywood pegaron un respingo cuando “la nueva Garbo” rellenó el espacio dedicado a “Ocupación” con la palabra “mamona”.
En el juzgado, mientras aguardaba la sentencia, miró al enjambre de fotógrafos que le rodeaban y les escupió: “¡Ratas, ratas, ratas!”. Cuando el juez le preguntó cómo había perdido su jersey en la batalla campal del club nocturno ella negó todo conocimiento del hecho. Y cuando su excelencia la interrogó acerca de su dependencia de la bebida, Frances replicó en voz alta: “Oiga usted, acostumbro a poner alcohol en mi leche. Y en mi café. Y en mi zumo de naranja. ¿Qué quiere que haga? ¿Qué me muera de hambre? Bebo todo lo que puedo conseguir, incluida la benzedrina”.
Levantándose de su sillón, el juez confirmó su sentencia de ciento ochenta días. “Maravilloso”, gritó Frances. ¿Acaso a usted nunca le han partido el corazón? (Se refería a su desgraciado idilio con Clifford Odets y a su reciente divorcio de Leif Ericson). A continuación, y haciendo gala de una espléndida puntería, lanzó un tintero a la cabeza de Su Excelencia. La petición de efectuar una llamada telefónica al abandonar la Audiencia le fue denegada sin razón alguna; esto provocó que Frances embistiese a la matrona y tumbara a un policía. Fue conducida a su celda en camisa de fuerza.

Un día cualquiera de Frances entre rejas. Al salir, nunca volvió a ser la misma...

Lilian V. Farmer, su madre (que nunca había querido tener hijos y parecía una bruja salida de un cuento de hadas), conociendo las simpatías de Farmer por la causa comunista y su ateísmo militante, apareció en escena y arrastró su culo hacia Hollywood donde, declarando a su hija mentalmente incapacitada, firmó los documentos para su internamiento. Frances se negó a participar en los trabajos manuales de la prisión. La empujaron hasta un clínica privada, donde hubo de enfrentarse durante tres meses al pavoroso tratamiento diario de la insulina (un método totalmente descartado hoy día). Tras los horrores del sanatorio, quedaban aún por delante diez años de infierno total. En 1944 fue declarada loca y confinada en Steilacoom, Washington. (“Nenes, al fin y al cabo estoy de nuevo en casa”). Su encierro fue la prueba más horrenda que cualquier personalidad de la pantalla haya debido soportar –la más intolerablemente trágica entre todas las tragedias de Hollywood-. Frances no había sido feliz en el Purgatorio del Cine, donde su talento se encontró desperdiciado por absurdos y superficiales personajes en estúpidas películas. Sus Hados, sin piedad, la condujeron a un infierno poblado de camisas de fuerza, correas de cuero y sádicas guardianas tan diabólicas como marimachos.
El incidente con Frances Farmer no debería haber sucedido nunca. Esta actriz, excepcionalmente dotada por otra parte, no suponía amenaza alguna para la Ley, el Orden o la Seguridad Pública. Algo que comenzó con una simple reprimenda a una infracción de tráfico creció hasta convertirse en un caso de violencia personal, seria acusación y sentencia carcelaria. Una mano bienhechora, un simple abogado conocedor de su oficio, pudo haberla rescatado inmediatamente de algo tan simple como un violación de tráfico. Pero la sobrecogedora realidad es que la dejaron sola y, naturalmente, perdió.”

Fragmento: “Hollywood Babilonia” - Kenneth Anger



Nombre Real: Frances Elena Farmer
Fecha Nacimiento: 19 de septiembre de 1913
Lugar Nacimiento: Seattle, Estados Unidos
Fecha Fallecimiento: 1 de agosto de 1970
Lugar Fallecimiento: Indianápolis, Estados Unidos
Edad: 56
Causa de la Muerte: Cáncer de esófago
Currículum Vitae: Actriz

7 comentarios:

  1. Tengo que confesar que apenas me sonaba el nombre de esta actriz. La deriva alucinante que has explicado me ha dejado helada en el sitio. Cómo la vida de una persona se puede enredar de ese modo por no transitar por los caminos trillados que el sistema exige. Cierto es que quienes siguen esos caminos previsibles también pueden acabar como muñecas rotas, ejemplos hay para dar y vender. Hmmm... ser comunista en EUA tras la II Guerra Mundial era muy muy peligroso, pero he entendido que todo esto ocurrió durante la guerra ¿no?

    Un abrazo!!

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    1. Yo conocía su historia del libro de Anger, he tenido que acortar el post porque se me estaba alargando demasiado pero si investigas la parte del ingreso psiquiátrico verás que es realmente terrorífica (además del salvaje tratamiento de la insulina, también la cocieron a electroshocks con lobotomía incluida…). Te recomiendo su biografía trasladada al cine en una película que se titula “Frances” – Graeme Clifford (1982) donde una estupenda Jessica Lange da vida a la infortunada Srta. Farmer, además el parecido físico es francamente asombroso…

      El incidente de tráfico que desencadenó todo fue en octubre de 1942, en plena guerra, pero pasó muchos años encerrada ya con la guerra terminada (en la wiki lo explican bastante bien, así a grandes rasgos…).

      Me fascina el tema femme fatale y me gusta analizar minuciosamente algún caso de tanto en tanto y compartirlo aquí en el blog: siempre hay cosas del pasado que no merecen ser olvidadas. Un abrazo.-

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  2. Una vida destrozada. Una historia fantástica.

    https://www.youtube.com/watch?v=bZgtMchcOy0

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    1. Temazo, todo un homenaje vengativo a esta hija de Seattle!!!

      Investigando que es gerundio: Parece ser que el vestido que Courtney Love lució en su bodorrio con Kurt Cobain había pertenecido a la mismísima Frances Farmer. Me lo creo, porque además a la hija que ambos fabricaron le pusieron el rarísimo nombre de… ¡Frances!

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  3. Escalofriante la historia. La conocía un poco de oídas y siempre me había preguntado si Frances tendría de verdad algún tipo de desorden psicológico o solo había sido una víctima del sistema. Parece que sí tenía algún problema con la autoridad pero loca lo que se dice loca no estaba ¿no?

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    1. Supongo yo que no tendría ningún problema especial que la diferenciara del resto de chicas jovenes que se dedicaba al oficio actoral en cualquier época dorada de Hollywood (Clara Bow, Gene Tierney…): dinero fácil y toda la serie de excesos que lleva asociada la fama… pero loca lo que se dice loca, y a tenor de mis investigaciones al respecto, la volvió un sistema incapaz de aceptar que alguien se saltara toda esa serie de reglas no escritas que conforman la base de un mundo tan ‘ilusoriamente falso’ como es el del cine…

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  4. Con vuestro permiso añado otro fragmento de Anger que me quedó en el tintero…

    “… Tras los horrores del sanatorio quedaban aún por delante diez años de infierno total. Su caída despertó escasa compasión por parte de la ciudad del glamour. Frances era una actriz ‘difícil’ y les encantó quitársela de encima. (William Wyler llegó a opinar en cierta ocasión: “Lo más agradable que puedo decir sobre Francis Farmer es que no hay quien la aguante.”) Por si fuera poco había sido ‘roja’. Sólo un periodista salió en su defensa. Fue John Rosenfield, quien un año después de la reclusión escribió en una columna: “Lo que ha ocurrido a Francis Farmer no debería permitirse nunca más. Justo cuando la industria cinematográfica se iba granjeando la admiración general Hollywood se resquebraja ante la irrupción de ‘estúpidos escandalitos’. Y no es precisamente un homenaje el que hay que rendir a la prensa por su interés en divulgar algunos de estos episodios carentes de valor informativo. Miss Farmer, que no es precisamente un prodigio de estabilidad emocional o de sapiencia en la conducción de su carrera, necesitaba a un abogado cierta infausta noche del pasado invierno…”.
    El artículo de Rosenfield fue la única nota de piedad. El resto de sus compañeros se limitó a seguir la mentalidad letal de Lolly Parsons quien, despreciativamente, había escrito: “La Cenicienta de Hollywood ha regresado a sus cenizas por el resbaladizo sendero de la bebida”.”

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