martes, 23 de septiembre de 2014

La psique perturbada por un surrealismo atroz




“Descolgó el espejo para poder seguir mejor las etapas de su transformación, y se quitó toda la ropa. Se quedó completamente desnudo, a excepción de la peluca que aún conservaba. Cogió la navaja y la crema de afeitar y se afeitó completamente las piernas, desde los muslos hasta los tobillos. Se colocó el liguero en torno al talle y se puso las medias, que enganchó, bien tensas y lisas, en las pequeñas trabillas de caucho. El espejo reflejó la imagen de sus muslos y del sexo que colgaba entre ellos. Aquello no le gustó y se lo introdujo entre las piernas para que no se viera. El resultado era casi perfecto pero, desgraciadamente, se veía obligado a mantener los muslos apretados y no podía moverse más que a pequeños pasos. Sin embargo, consiguió ponerse las braguitas transparentes de encaje, cuyo tacto era infinitamente más agradable que el de los calzoncillos ordinarios. Luego se puso el sujetador, relleno con los falsos pechos, y después la combinación y el vestido. Por último se calzó los zapatos de tacón.”

El quimérico inquilino
Roland Topor

Imágenes: Adaptación al cine, dirigida y protagonizada por Roman Polanski en 1976.
Opinaron sobre la novela: “Una historia de terror realmente actual, tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría, sigilosa y mortal como una serpiente en la cama” – John Collier

4 comentarios:


  1. La vida en la comunidad de vecinos es un infierno. Cíclopes que guardan tras las puertas. Reuniones surrealistas de vecinos. Meteduras de mano en el buzón. Lavadoras que funcionan toda la noche para ahorrar energía. Los tacs intempestivos del ascensor. La insomne que no se quita los tacones. Domingos mudos en que se puede oír el petardeo de las palomitas cuando la familia se prepara para una larga sesión televisiva. Disputas, etc.
    No es difícil caer en el desánimo y pensar que uno no es suficientemente afable.
    Desde este punto de partida, el terror que infunden los mezquinos, escribió el inclasificable y polifacético dibujante Roland Topor El quimérico inquilino (1964). Su éxito llegó por el filme de Roman Polanski. Si bien la película quedó eclipsada por dos grandes éxitos como Chinatown (1974) y Tess (1979), éxitos que hicieron pensar al cineasta que esta película era menor. Pero desde varios lustros, el filme en cuestión ha ido cobrando un cariz singular y se la ha reconocido como la gran película que es. La edición de la novela ha sido pertinente para ahondar en esta historia.
    La diferencia fundamental entre libro y película es la escena final: la zarabanda circense de todos los vecinos no aparece tan desarrollada en la película, pero sí la famosa escena de los aplausos, en que la comunidad se aposta en las ventanas, como palcos de un teatro, para ver el salto al vacío del antihéroe, personaje interpretado con maestría por el propio Polanski.

    La grandeza de El quimérico inquilino es su alto grado de cotidianidad y el lúdico uso del surrealismo: febril aleación de humor y miedo. No es fácil distinguir el momento en que el gran guiñol cede a la irrupción de la locura.
    Topor llevó esta historia al cenit la idea de que, tras el terror gótico y externo del XIX, en el siglo XX el miedo sería una proyección psicológica. Trelkovski, por lo demás, hace buena la máxima de que los mejores epígonos kafkianos son aquellos que han escudriñado en el lado, en apariencia, cómico.

    Y para terminar, tiene enormes semejanzas esta película con La semilla del diablo, del gran Ira Levin, sobre todo porque tenemos vecinos muy, pero que muy tocahuevos.

    Abrazos,amigo.

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    1. Si la vecindad genera urbanidad, la maldad preside al común denominador que habita debajo, a ambos lados o encima de las cuatro paredes que abrigan tu desamparada soledad. Esta lectura bien podría resultar una esquizofrénica radiografía sobre los insoportables cohabitantes de inmueble en la que se enclava tu nido existencial. – Krust.
      (Algo así hubiera dicho yo de esta novela, que me ha gustado muchísimo, la peli no la he visto…)

      El de al lado habla con el perro, pero no en cristiano… el pavo ladra con él. El de arriba es un chino que mueve los muebles de madrugada, yo creo que tiene nidos de pasta no declarada bajo las baldosas. La de abajo tiene una historia personal muy dura, pero mucho… también hay alguien que se mea en el ascensor, nadie sabe el por qué… Yo lo único que quiera es pasar desapercibido, paso del rollo vecinal, cuando paro por casa sólo soy afable con el balcón, con el cenicero y con la nevera… ¿Qué me va a contar Trelkovsky? cuando otros covachos que habité fueron todavía más enfermizos...

      La escena final (el penúltimo capítulo del libro, ya en el tercer acto) es sencillamente descomunal… “zarabanda circense” dice, ¡Grande, Matxuca!

      Trelkovsky deviene en puto títere existencial y es que nadie le enseñó a sobrevivir en un mundo tan asquerosamente... aséptico.

      Un abrazo!!!

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  2. no comento simplemente disfruto el escrito

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