martes, 29 de julio de 2014

La buhardilla del poeta

Descubrir a estas alturas un Orwell de semejante calado cuando uno ya creía haber leído lo mejor de su obra, respeto presente obliga a seguir indagando en ella, supone todo un acontecimiento para quien siempre veneró a este genio de las letras universales, inglés de pro y extranjero a la contra. Publicada en 1936 (estratégicamente colocada en su bibliografía entre dos de sus trabajos menos conocidos: ‘A Clergyman’s Daughter’ -1935- y ‘The Road to Wigan Pier’ -1937-, las cuales no reconozco pero tengo en mente leer si el futuro me presta una oportunidad) esta me parece una novela descomunal por múltiples razones que intentaré resumir brevemente…

Sorprende, ya desde su inicio, observar que estamos ante un Orwell totalmente alejado de la ciencia ficción o de la crónica de guerra que bien podrían ser sus estilos literarios más reconocidos por el gran público lector, aquí su escritura rezuma un realismo tan pulcro en su suciedad narrativa que resulta maravilloso observar cómo consigue describir la sociedad londinense de la época en que transcurre la acción (Londres 1934-35, los años a caballo entre los 29 y los 30 años del protagonista principal) sin mancharse los dedos con la tinta repetitiva de ningún tipo de influencia anterior, a ver cómo les explico esto: pueden ustedes vestir la novela con una etiqueta victoriana (claramente representada en el incondicional amor que nos entrega, regala, el personaje de Rosemary en su exclusiva feminidad evolutiva), también pueden reconocer descripciones dickesianas en esas impresionantes recreaciones de los bajos fondos de la City –callejones mugrientos, pubs cerveceros, casas de putas, pensiones baratas…-, e incluso puede que, como le ocurrió a un servidor, reconozcan en Comstock, un personaje inolvidable digámoslo ya, un parecido más que razonable con aquel tipo sin nombre que protagoniza la también muy recomendable ‘Hambre’ de Knut Hamsun... pero les puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que serán ustedes testigos de cómo Orwell, adaptando un poco de todo la anteriormente expuesto, porque estoy convencido de que leyó a todos esos nombres clásicos y/o que lo acompañaron en sus mochilas de viajes varios, imprime su sello particular e incuestionable a la novela, utilizando para ello una narrativa muy ‘fácil’ de digerir para todos los públicos en una obra que crece con cada página de avance hasta llegar a un final, tan soberbio como inesperado, que consigue redondear este ‘clásico moderno’ que hará las delicias de todo aquel lector que se atreva a iniciar su lectura sin ningún tipo de prejuicio previo al respecto de su autor o de lo que aquí le apetece contarnos…

Análisis concienzudo del Capitalismo vs. Socialismo representado por los maravillosos diálogos entre Comstock y Ravelston en una amistad de altos vuelos entre un tipo que siendo un publicista de prestigio abandona toda comodidad para trabajar en una librería de baja estofa –dos de ellas en realidad, las de los ‘señores’ McKechnie y Cheeseman- para convertirse en poeta en sus ratos de ocio y así revolcarse en la inmundicia más extrema del lado oscuro de la vida, patrimonio exclusivo de los perdedores… y un rico pudiente incapaz de soportar la realidad que le rodea. Radiografía extrema del significado de la palabra Dinero como concepto vital, uno de sus puntos fuertes en mi opinión. Memorable balada triste de Amor también, de las que hacen época, la de Comstock y Rosemary. Pequeños detalles para resumir a grandes trazos la trama argumental de una historia donde pasarán muchas otras cosas, tantas, que miedo da inmiscuirse en las cuitas de los protagonistas sin tener toda esa serie de datos adicionales que Orwell aporta para conocerlos mejor, para quererlos mejor, para acabar devorándolos todavía mejor. Todo un banquete literario al que no deberían renunciar, ustedes que son tan afortunados de poder tener –poder es querer, amig@s- una aspidistra en cualquier rincón de sus confortables casas… ahora que aún están a tiempo de saber lo que eso significa.-  

2 comentarios:

  1. A mí ya me lo habías vendido con el fragmento que pusiste hace unos días, pero es que ahora con la reseña me dan ganas de comprarme dos ejemplares.

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