diumenge, 22 de desembre de 2013

Tradiciones


Mi padre solía decir que la mejor lotería que le puede tocar a uno es tener un trabajo y mucha salud para poder disfrutar de las cosas buenas de la vida, dicho esto sólo compraba tres décimos del mismo número para el Sorteo de Navidad: uno para mi madre y para él, y otros dos para cada uno de sus hijos. Sí tocaba un triste reintegro o una pedrea, y mientras mi hermano y yo lo perderíamos invariablemente con el futuro Niño de marras, él lo cobraba al día siguiente e invertía su recompensa en pillar más cava y turrones para que no faltara de nada o para poder sacarlos de estrangis en aquellos momentos álgidos de las reuniones familiares, o cuando empezaba a decaer la fiesta… o cuando salían el eterno Raphael o la resplandeciente Caballé en la tele por ejemplo.
Este año mi padre ya no está aquí para compartir unas risas de alegría, pero mi madre, mi hermano y yo seguiremos jugando un solo número igual para cada uno. Acaba en 8. ¡Que la suerte nos/te acompañe!