domingo, 13 de octubre de 2013

Ticket to Right


Montgomery (Alabama), 1 de diciembre de 1955

El chofer de un autobús público de línea se gira cabreado hacia atrás, recogiendo su panza sebosa hacia dentro para salvar el escollo del volante, se atusa el pelo grasiento y sacándose el raído mondadientes que cuelga de su boca, interpela a la negra que ocupa un asiento privilegiado del vehículo propiedad de la empresa que le abona religiosamente la nómina a final de mes, conminándola a que se levante y se retire hacia la perrera de la parte trasera por la sencilla razón de que ha entrado un blanco en su cacharro y, como manda la ley, hay que levantar el culo, dejar el asiento calentito, y cederlo a cualquier miembro de la ‘raza superior’…
La señora, que se llama Rosa Parks (1913-2005), desafía al conductor y se niega en rotundo. Estamos ante el bautismo o nacimiento real de los derechos civiles de cualquier persona en los ‘modernos’ EE.UU. El humanoide uniformado que conduce trasmite el correspondiente parte de incidencias y la alborotadora es sacada a rastras en lo próxima parada y encarcelada en prisión, se le acusa, ahí es nada, de perturbar el orden establecido. Encabezando las protestas por esta acción injustificada hace su aparición en escena un negrazo, de nombre Martin Luther King, y la cosa revoltosa se empieza boicoteando  a la compañía de autobuses, lo cual tras un intenso tira y afloja donde los negros dejan de subirse a sus guaguas, y por lo tanto de producir la mayoría de los ingresos económicos de la compañía y por ende del gobierno que la patrocina, esta y este recapacitan y cambian (un año después, 1956) sus códigos de valor en cuanto a normas de segregación social; no solo en el estado de Alabama sino en todo el poderoso imperio norteamericano.

A veces ganan los buenos… Don’t forget it!

4 comentarios:

  1. Admirable mujer, valiente como ella sola!
    Un abrazo.

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  2. Cualquier parcela de Libertad conseguida por el ser humano a lo largo de la Historia, siempre parte de un pequeño... minúsculo gesto.

    Salud.-

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  3. Una prueba de que sí sirven los pequeños gestos, porque una cambio no se genera si nadie lo inicia.

    Y cuando alguien nos desalienta y nos dice que lo que hacemos no sirve para cambiar nada, me acuerdo de Rosa Parks o de aquella historia de un hombre echando peces al mar que se habían quedado varados en la playa por miles.

    Otro hombre lo mira y le dice.

    -Déjalo, es imposible salvarlos a todos.

    y el hombre sin dejar de lanzar peces al agua le replica:

    -Pero éste sí se salvará, y éste, y éste...

    Un beso, Krust

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  4. No conocía esa historia del hombre anónimo que le devolvía la gracia al mar. Es preciosa, gracias por compartirla.

    Un beso, Tesa,-

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