lunes, 13 de diciembre de 2010

Enrique Morente (1942-2010)


Tocaba todos los palos del flamenco pero sobre todo tocaba los huevos a los puristas de la música en general, cogía un poema de Federico García Lorca como este, se arrejuntaba con una banda de R&R como Lagartija Nick y se marcaba uno de los mejores discos que se han hecho en este país en mucho tiempo: “Omega”. Y poco más que decir, el tiempo lo pondrá en su lugar. Hasta siempre, Enrique.-


CIUDAD SIN SUEÑO (Nocturno de Brooklyn Bridge)

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

3 comentarios:

  1. Bastaría lo que usted dice al principio para revisitar continuamente la obra de este cantaor que fue capaz de abrir nuevas rutas en los callejones sin salida de la intransigencia. Hay que cagarse, nuevamente, en la fatalidad y, de paso, decirle a Miquel Poveda que no tenga miedo, que adelante, que tome el mando.

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  2. Y en las avenidas abiertas en canal de la improvisación y la alquimia experimental!
    Muy de acuerdo con lo dejar el relevo generacional en las cuerdas vocales de Miquel Poveda, un traspaso de duende del maestro hacia su alumno más aventajado...
    He leído esta mañana en la prensa un artículo muy sentido de Poveda, a ver si lo pillo en alguna página digital y lo pego ahí abajo...

    Un abrazo, Sr. Lobo.-

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  3. MIGUEL POVEDA - 13/12/2010 - Tren Nocturno.

    Voy en el AVE desde Barcelona a Madrid para estar a tu lado. Me parece surrealista esta situación, no doy crédito a lo que me cuentan. Para mí
    siempre has sido un ejemplo a seguir, como artista y como ser humano que se mueve desde la libertad, el compromiso, la valentía y el amor hacia lo puramente artístico. No es justo.
    Los que te queremos y admiramos tenemos necesidad de que vuelvas a sorprendernos con tu obra, de degustar al Enrique más flamenco y más hondo que nunca. No es justo que en tiempos de crisis creativa, tú, el creador constante, nos dejes huérfanos de ideas y de sabiduría. No es justo que la humanidad se vea obligada a prescindir de tu patrimonio artístico. No es justo que nos quedemos sin el ser más ocurrente que he conocido nunca. No imagino no leer nunca más una de esas entrevistas geniales que siempre son un acontecimiento.
    Gracias maestro por dejarme participar en dos de tus espectáculos, de los que guardo un recuerdo impagable. Ahora solo tengo en mi mente esa media sonrisa tuya: daría lo que fuera por volver a verla y celebrar juntos que todo había sido un mal sueño. Te quiero, maestro.

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