dissabte, 11 de setembre de 2010

Todos los fuegos el fuego

Terry Jones, el pitón

El galés Terry Jones es uno de los miembros de Monty Python. Dirigió La vida de Brian, Los caballeros de la mesa cuadrada y El sentido de la vida, donde –entre otras cosas– interpreta al excepcional gordo que en el restaurante se hincha a comer y a vomitar, hasta que revienta. Bueno, pues a Terry Jones le ha salido un homónimo no menos interesante. Es americano y ejerce como líder de una Iglesia cristiana radicada en Florida, que básicamente dedica sus esfuerzos a luchar contra el islam y los homosexuales. Para hoy, 11 de septiembre, este Terry Jones ha convocado a sus fieles –una cincuentena– a quemar coranes en público, en conmemoración de los ataques de Al Qaeda de hace nueve años. El clamor internacional contra su iniciativa –por el peligro que supondría para los soldados destacados en Pakistán o Afganistán– incluía incluso a la Interpol, que dictó una alerta global en prevención de que la quema desencadenase atentados contra el mundo democrático. Anteayer Jones empezó a decir que se lo replantearía si Obama o el Pentágono se lo pedían. El secretario de Defensa se puso en contacto con él y le pidió exactamente eso, pero cuando escribo esto aún no se sabe a ciencia cierta si Jones ha decidido finalmente quemar coranes hoy o no.

Terry Jones, el tonto

Desde antes de que Ray Bradbury publicase Fahrenheit 451 hay gran prevención contra la quema de libros. Se supone que es cosa de nazis e inquisidores. Pero ¿acaso es peor que destrozarlos y tirarlos a la papelera? A lo largo de la vida he metido en los contenedores de basura miles de libros que no me interesaban y no me siento nazi por ello. Agradeceré eternamente a Vázquez Montalbán que Pepe Carvalho utilice siempre un libro para encender la chimenea, costumbre que imito cuando me toca encender una. Pero es evidente que lo de quemar cosas ofende mucho. Banderas, por ejemplo. En cambio, en junio, la Asociación de Librepensadores de Helsinki organizó en una céntrica plaza de la ciudad un acto en el que cambiaban ejemplares de la Biblia y el Corán por revistas porno. Tú llevabas una Biblia o un Corán, se lo dabas, y ellos, a cambio, te entregaban una revista porno. Según la nota de la agencia Efe que dio aquí cuenta del hecho, la iniciativa pretendía "criticar la actitud negativa del cristianismo y el islam hacia la sexualidad y ofrecer una alternativa saludable a la literatura religiosa". Los organizadores explicaron que las biblias y los coranes que recogieron los tiraron a un contenedor de papel. Visto que, cuando lo de Helsinki en junio, apenas nadie se quejó, queda claro que, para ultrajar al Corán de forma que tenga repercusión mediática, es mucho mejor quemar ejemplares que cambiarlos por revistas porno para, luego, triturarlos hasta convertirlos en pasta de papel con la que imprimir nuevas revistas o novelas marranas. No deja de ser una incongruencia, francamente.

Autor: Quim Monzó
Fuente: La Vanguardia - 11/09/10