viernes, 30 de abril de 2010

Banderas de nuestros váteres

En Francia están indignados porque la Fnac ha organizado un concurso de fotos políticamente incorrectas y en la ganadora aparece un hombre, de espaldas, con los pantalones en los tobillos y limpiándose el trasero con una bandera francesa. El ministro del Interior se ha reunido con el presidente de la Fnac para pedirle explicaciones y, tras el encuentro, ha recalcado que la bandera ha sufrido "un ultraje inaceptable" y que "los valores y los símbolos de la República deben respetarse en todas partes y por todos". Igualmente indignada, la ministra de Justicia ha anunciado que estudia qué acciones jurídicas tomar para que al culpable le caiga un buen puro.
Conceptualmente, la foto ganadora es impecable. Si buscaban la imagen más incorrecta, no hay duda de que, siendo un concurso a nivel francés, la ganadora se lleva la palma. Pero ya se sabe que es tarea de las autoridades no tolerar salidas de tono. También se pusieron como las cabras cuando Serge Gainsbourg grabó en 1978 una versión reggae de La marsellesa. Era una burla afiladísima del himno francés –uno de los más bellos del mundo, por otra parte– que le acarreó amenazas de muerte por parte de la derecha.
Burlarse de los símbolos trae a menudo problemas. En Estados Unidos, desde finales del siglo XIX hay leyes que prohíben que la bandera sea denigrada en público, y eso incluye desde quemarla, pisotearla o escupir en ella hasta su uso vulgarizante, en comercios y marcas de empresas. A principios de los setenta detuvieron a un adolescente de Massachusetts porque tenía un roto en el culo de los pantalones y para arreglarlo le zurció una bandera pequeña. Burlarse de las banderas está en la testosterona de buena parte de la juventud y de las estrellas del rock. En una ocasión, Ozzy Osbourne tiró huevos podridos a una Union Jack. Del cantante de Iron Maiden, Bruce Dickinson, se dice que una noche quemó en Belfast una bandera de Irlanda y que en otra, en Suiza, usó la italiana como papel higiénico, igual que el señor de la foto de la Fnac con la francesa. A diferencia de los rockeros, a los que los escándalos les sirven de promoción, los políticos acostumbran a ir con pies de plomo al referirse a banderas que consideran enemigas. Con alguna excepción. Hará cosa de doce años, Umberto Bossi, el líder de la Liga Norte, dijo en un mitin que, él, la bandera italiana la usaba para limpiarse el culo. Exactamente dijo: "Io il tricolore lo uso per pulirmi il culo". Lo sentenciaron a un año y pico de cárcel, aunque al final pagó una multa de tres mil euros y listos.
Ese es el destino de las banderas: la gloria o la vejación, una dualidad ante la que es mejor aplicar el principio de Walter Spompinato, que reza así: "Tanto como homenajees a bombo y platillo a una bandera, tanto la ultrajarán otros; por eso, si no quieres verla denigrada, ríndele homenaje con discreción y, a poder ser, en privado".


Autor: Quim Monzó
Fuente: La Vanguardia


martes, 27 de abril de 2010

Nápoles: El infierno de la Camorra

Cuando uno lee los periódicos o ve una noticia en TV referente a las diferentes mafias que pululan por el mundo extendiendo sus tentáculos sobre cualquier actividad delictiva, o fuera de las leyes creadas por los hombres como sociedad civilizada, nunca acaba de dar veracidad a la información que se le transmite, demasiados tiros recibidos, por parte de quienes parecen informarnos con la lección bien aprendida sobre lo que, como y en que medida, se ha de decir. La sensación de verdad siempre queda disfrazada bajo una máscara invisible diseñada por el mayor y más poderoso sastre que conocemos en el mundo occidental, ese que en sus momentos de ocio más depravados nos viste con minifaldas confeccionadas con viejas cartillas de ahorro, cinturón vacilón que no desaproveche las moneditas de 2€ incluido, para después levantarnos la ilusión y darnos por culo sin concesiones. Poderoso caballero Don Dinero…
Leyendo esta novela, debo decir que durísima como estrellarte contra un muro de impotencia, uno (el mismo que escribe el párrafo de arriba) aprende como funciona esta gran empresa internacional, organizada desde la cantera de base que son los chavalines que habitan los barrios más pobres que circundan el puerto de Nápoles ansiosos de poder material, Secondigliano para ser más exactos. Eh! Para que te hagas una idea, mírate de arriba abajo o lo que rodea la habitación donde tienes el ordenador: Todo lo que existe pasa por ese puerto, absolutamente todo: telas, ropas, artículos de plástico, juguetes, martillos, videojuegos, chaqueta de moda, taladro, drogas a la carta, reloj, bambas o pantalón de marca… lo que quieras, Todo es Todo y Todo tiene un precio, Nápoles es el vertedero occidental donde el gigante Oriental, o sea la gran China cebada con mano de obra barata, aboca toda su porquería de imitación, a la mayor gloria de nosotros, consumistas a gran escala que nos empeñamos en ver desfilar nuestra calidad de vida por pasarelas de incultura… miles de contenedores diarios, que cargarán camiones en trayecto por todo Europa, por todo el planeta de hecho, que es como una pareja pecadora… pero con los papeles en regla, para que en unas horas tengas disponible cualquier producto en tu Centro Comercial favorito; hasta desembocar en los grandes capos, familias, y chupópteros varios que subsisten con las migajas que dejan estos grandes tiburones del negocio mercantil, si, los mismos que aprendieron antes a dar navajazos en la calle que a firmar un talón de millones de euros al cerrar un trato en la Costa del Sol, de puño y letra con pluma mojada en tinta roja, claro…
Entreabriendo los ojos para calibrar lo leído, entre tanta hostia en forma de documento que te los hincha a base de corrupta asimilación de la historia, uno (siiii, el mismo que d-escribe lo anteriormente dicho) acaba asumiendo el mundo en que le ha tocado vivir, mientras se recupera de la fuerte impresión que le ha producido el descubrimiento de los diferentes tejemanejes que lo dominan, a la vez que recomienda su lectura a todas aquellas personas que hace tiempo dejaron de creer en los cuentos de hadas, digamos que les puede servir, y de mucho, como manual de supervivencia para los tiempos que se avecinan.
Roberto Saviano nació en Nápoles y tiene 30 años, este es su primer libro (2006) y espero que no sea el último, después de comprobarse la interminable lista de nombres, lugares, actividades, funcionamiento del sistema, etc… que cita en su novela, vive oculto bajo protección policial. No se hasta que punto puede esto ser cierto o forma parte del marketing publicitario de un “best-seller”, lo que queda claro es que la sensación de veracidad que desprende esta crónica esta fuera de toda duda, o al menos así me lo parece. Muy valorada por el público, al igual que la película que hizo Matteo Garrone (2008) basada en ella, y que espero ver algún día. Impactante.-

domingo, 25 de abril de 2010

Integro y consecuente

Luis Tosar quiere que sus interpretaciones inviten a reflexionar sobre los problemas de una sociedad que le parece injusta. Su último papel, el temible preso Malamadre de Celda 211, le ha
valido un Goya y el reconocimiento por parte de sus colegas como mejor actor del año. Tosar cree que quedan temas pendientes, como la emigración, sobre los que el cine aún tiene mucho que decir.


Tras convertirse en un maltratador en Te doy mis ojos, ha vuelto a mostrar la parte más salvaje del ser humano en su papel de preso en la exitosa película de Daniel Monzón Celda 211. ¿Es intrínseco al género humano ese lado oscuro y temible?
Supongo que todo el mundo tiene una parte mala, algo de instinto
muy primario que es común en todos los seres humanos. Algunos lo sacamos de una forma más lúdica y otros de un modo más cruel en su relación con los demás. Yo procuro sacarlo en mi trabajo como actor. Creo que no hay forma más sana de hacerlo.

¿Ha conocido la violencia fuera del mundo de la interpretación? ¿La ha tenido cerca?
Yo crecí en un barrio de nueva formación en Lugo que era un poquito peculiar, con bloques nacidos en medio de la nada. Cuando nos fuimos a vivir allí, yo tenía dos años, la casa estaba rodeada de huertas y empezaban a urbanizarlo. Se puede decir que la ciudad no llegaba hasta aquel lugar en el que se juntaba lo mejor y lo peor de la sociedad lucense de ese momento. Durante años hubo mucha delincuencia, muchas familias de poder adquisitivo bajo, y ocurrían cosas. Recuerdo que una vez los vecinos se liaron en una pelea y tuve que meterme para pararlos. Incluso había cuchillos. Creo que es la cosa más osada que he hecho en mi vida.
¿Salió ileso?
Por suerte, sí. Era la típica historia en que el padre está encabronado con el novio de su hija, la niña se quiere ir de casa, viene el novio a buscarla y se arma. Mi madre, mi hermana y yo estábamos al lado y oíamos los gritos. Los conocía a todos y se estaba liando dura. Con toda la osadía de los 17 años, me fui para allí y logré parar la pelea. Cuando vi un cuchillo por en medio me dije: “Dios mío, dónde me he metido”.
¿Hubo más broncas?
Sí, era un barrio raro, en el que tenías que buscarte la vida. Al macarrita, enemigo de todos los chavales, lo llamábamos Mazinger, porque era la época de aquel personaje. Como era mucho mayor que el resto, era quien imponía la ley.
¿Sus amigos no eran peligrosos?
No, los amigos más macarrillas empecé a conocerlos después. En el caso de Celda he tirado mucho de contactos, de amistades, de gente que ha estado en la cárcel y a la que yo ya conocía porque ha ido apareciendo por casualidades de la vida. Luego yo tuve bastante contacto con la cárcel porque mi hermana, que es maestra, había hecho teatro en centros penitenciarios. Después tuve con un grupo una pequeña productora de vídeo, hacíamos cortometrajes y habíamos ido a exhibirlos en algún centro. Siempre tuve contacto con ese mundo y ahora lo he ampliado para preparar la película.¿Qué ha aprendido de la cárcel?
Que hay menos malos de lo que parece. Lo que hay es mucha gente que ha cometido errores muy tontos. Yo he hablado con un montón de psicólogos y educadores y ves que hacen un trabajo maravilloso porque hay gente que no son delincuentes, pero que ahí dentro acaban siéndolo. Y eso es muy palpable. Está muy bien la utopía de la reinserción social. Pero el porcentaje del éxito es tremendamente bajo. Porque es muy difícil no malearte cuando estás encerrado. Eso requiere un trabajo diario, y hay gente que lo consigue, pero la mayoría no.
¿Hay algo que cambiaría con urgencia?
Creo que determinados delitos no deberían penarse con cárcel. Como los de conducción. Las cárceles se están masificando en buena parte por eso. Conducción temeraria, imprudencia, todo lo que usted quiera. Pero ese es un error que puede cometer cualquier persona. Nadie está libre de que un día se le vaya un poco la mano con dos copas y pueda causar un accidente. Eso no quiere decir que seas un delincuente, sino alguien que ha cometido un error muy grave. Debería haber lugares sustitutivos, que no fueran exactamente cárceles, donde se pueda realizar un trabajo social o un servicio a la comunidad.
¿La violencia no está, jamás, ­justificada?
La violencia no debe estar, a priori, justificada. Entiendo que alguien reaccione con violencia ante determinados actos. Si un terrorista mata a tu hija, lógicamente es normal que quieras matarlo, pero no puedes justificarlo. Por supuesto, desde un Estado no se puede justificar jamás, y creo que desde una sociedad tampoco. A escala personal, que uno tenga ganas de matar en determinadas ocasiones me parece lógico porque hay desgracias que sacan lo peor de ti. Puedo entenderlo, pero no puedo aprobarlo ni justificarlo. Para eso está la ley.
Antes del rodaje mantuvieron un vis a vis con un preso histórico. ¿Tuvo la sensación de llegar a conocer a aquel hombre?
Fue muy esclarecedor saber cómo es el pensamiento de un tipo que lleva 20 años en la cárcel. Él decía que allí dentro la psicosis es el estado habitual de las cosas. Nos contó que cuando eres el líder vives en constante paranoia porque todo puede torcerse aún más. No sabes si el tío que tienes delante se va a chivar o si quiere estar en tu lugar. Tienes diferentes tratos y has de mantenerlos, y eso es un trabajo diario. Aquel tipo había recorrido prácticamente todas las cárceles de España y en cada nuevo centro tenía que medirse con el que fuera el jefe o con los que quisieran serlo. Era un Malamadre y no sabía por dónde le iba a venir, por eso su apariencia física era de tensión.
El nombre de aquel preso no aparece en los títulos de crédito de la película. ¿Tan gordo fue lo que hizo que deben preservar su anonimato?
Si, muy gordo, por eso lleva tantos años en la cárcel. Tiene muertos en el armario. Pero entró con 20 años y, después de haberse fugado, de haber liderado motines, secuestrado a funcionarios y haber hecho todo tipo de fechorías, ahora es un tipo encantador y está en otro viaje, intentando conseguir el tercer grado. Recuerdo que me dijo: “Desde que entré, mis ojos estuvieron siempre en la calle. Y siguen estándolo, lo que pasa es que sé que la manera en que lo hacía antes no sirve. Ahora sé que la violencia no me va a llevar a la calle”. Tiene educadores a su lado que están haciendo un trabajo espléndido. Y con reticencias, porque donde está ahora hay funcionarios de los que secuestró. Sólo tuvo un día de permiso en 20 años. En la calle lo reconocieron y volvió a entrar inmediatamente.
Tampoco Malamadre es tan fiero como aparenta. ¿Qué lo salva?
Tiene un código ético que conserva hasta sus últimas consecuencias, y eso es muy loable aunque puedas estar de acuerdo con él o no. Yo no lo estoy con muchas cosas de las que hace o dice. Es íntegro a su manera. Y logra traspasar las fachadas de las personas.
¿No le parece más malvado el maltratador de Te doy mis ojos?
Si, pero también porque el de Te doy mis ojos tiene menos armas para defenderse.
Mucha gente empezó entender lo que era el maltrato gracias a aquella película. ¿Cómo pudo plasmar con tanto realismo la violencia machista? ¿También la había presenciado antes?
No, no la había conocido de una manera directa, pero son mecanismos muy reconocibles. Yo creo que a poco que hurgues sabes cómo funciona. Nunca hablé con maltratadores, pero sí con víctimas. La directora, Icíar Bollaín, tenía muy explorados los mecanismos donde empieza a producirse el maltrato. Yo creo que todos tenemos una parte muy chantajista, de intentar llevar las cosas a nuestro terreno, en algunos mucho más marcado que en otros. En todas las relaciones hay algo que si lo dejas escapar se puede convertir en una relación de ese tipo.
Pero casi siempre es el hombre el que maltrata.
Sí. Además, el hombre está pasando en estos últimos años por una crisis de identidad. Se ha de adaptar a los nuevos tiempos, y algunos no saben o no quiere hacerlo. Yo creo que las relaciones violentas y de maltrato se manifiestan en muchísimas cosas que no tienen que ver ni siquiera con las relaciones entre hombre y mujer. Se manifiestan en las clases cuando somos pequeñitos. En el parvulario, en la educación básica, en el instituto. Hay continuamente relaciones así. Lo que pasa es que son menos evidentes o nos parece que son poco importantes, pero ahí está el germen de todo eso. Un tipo que es el tonto de la clase es alguien maltratado por sus compañeros, y los mecanismos son casi los mismos.
¿Qué rol representaba usted de niño?
He tenido varios. Fui el raro durante una temporada. Nunca me gustó el fútbol, y me interesaban otras cosas distintas a los demás. Era mucho más fantasioso. Yo quería ser aventurero. En Lugo, donde me crié, hay una muralla romana con 2.000 años de historia, por lo que siempre ha habido excavaciones arqueológicas. Eso lo he mamado desde pequeño, y siempre quise ser una especie de Indiana Jones que fuera por ahí viviendo aventuras.
Pero finalmente decidió vivirlas en la piel de otros.
Supongo que como una proyección de todo aquello que yo quería hacer cuando era pequeño y no podía, o finalmente no tuve arrestos para lanzarme a la aventura. Leía muchísimas novelas de aventuras, y la obra de Alberto Vázquez Figueroa me la tragué entera. Siempre soñaba con lugares fantásticos. Luego me di cuenta de que haciendo teatro era más sencillo, porque puedes
vivir otras vidas desde aquí mismo.

Recurre a personajes que conoce para ayudarse en sus interpretaciones.
Procuro que haya algo concreto a lo que poderme agarrar. A veces no aparece y es un poco mezcla. Has de crear un monstruito con un poco de este y el otro. Un batiburrillo. En teatro es menos necesario, porque eres más dueño del trabajo y hay más asideros. Estás ahí dentro y durante dos horas hay pocas cosas que te molesten. Pero en el cine el proceso dura mucho tiempo y está partido, por lo que necesitas imágenes concretas, una sensación, una canción, una frase o un gesto que te sitúen inmediatamente.
Para Celda 211 copió la voz de un amigo suyo. ¿Suele hacer muchas aportaciones para enriquecer al personaje?
Algunos se prestan más que otros. Tienes que ser muy humilde a la hora de construirlos. Es un ejercicio duro, todos tendemos a que tu personaje sea el más lucido, pero los hay que por naturaleza deben ser grises. El actor ha de decidir no anteponer su vanidad, porque el personaje no puede brillar más de lo que le corresponde dentro del conjunto de la película o la obra.
¿Cuál es su mayor virtud como actor?
Creo que tengo bastante clarividencia para ver las historias en su conjunto. Para ver cuál es el lugar que ocupa cada personaje. Eso no quiere decir que me salga bien, pero creo que soy consciente de hasta dónde se puede llegar y cómo hay que dosificar.
¿Y lo que más le cuesta?
Organizarme. Soy muy caótico para el trabajo y pierdo muchísimo tiempo. Tengo cierta intuición para llegar a la esencia de un papel, para ver por dónde tiene que ir, pero a la hora de construirlo me empiezo a perder por infinidad de lugares. Veo muchas opciones y me cuesta decidir un camino concreto. Trabajo mucho, pero con poca metodología.
No es casualidad que casi todas sus películas inviten a reflexionar sobre alguna de las lacras de la sociedad.
No lo es. Tengo la esperanza de que lo que hago puede servir para algo. Tampoco es que sea utópico, y no creo que una peli pueda cambiar la vida absolutamente. Aunque no siempre obtienes una gran respuesta. En Te doy mis ojos tuve reacciones, pero francamente esperaba más. De hombres he recibido muy pocos comentarios sobre aquella película.
¿Pero no duda que aportó mucho en la lucha contra la violencia?
Creo que aportó visibilidad y debate social sobre el maltrato, que ya es muchísimo. Pero no hay conciencia de lo gordo que es todavía el problema. Hay que avanzar en muchos terrenos, y no es que hayamos hecho mucho hasta ahora. Creo que hay un tema educacional en el que todavía no hemos entrado de lleno y es el germen, donde se están cociendo las cosas. Cuando ves vídeos de chavales que están grabando una paliza a otro, ves que eso ya es el problema. Estamos en una sociedad en la que se nos va todo de las manos. Donde internet es muy útil para algunas cosas, pero es incontrolable.
Ha tratado la violencia, el paro (en Los lunes al sol), la mezquindad entre los ejecutivos (en Casual Day) entre otras muchas cuestiones. ¿Qué otras problemáticas le gustaría abordar para contribuir a través de su ­interpretación?
Con la inmigración aún tenemos mucho que currar. Faltan unas cuantas películas que cuenten qué pasa en este país que ha cambiado tanto en los últimos quince años. Ya no es la España que creemos que era, sino un país conformado por un montón de gente que vino de fuera. Muchos no han nacido aquí, pero muchos otros ya sí. Y creo que ahí sí que hay lío. Cuando llega la crisis parece que se olvida que dejamos trabajos que no nos interesaban y ahora reclamamos como nuestros. Me parece lógico porque la gente está sin curro, pero no puedes reclamar lo que despreciaste en otro momento cuando otros sí lo hicieron. Y ocuparon ese lugar con toda la alegría del mundo.
Además de la crisis, el cine sufre la amenaza de la piratería. No siempre las buenas películas recaudan dinero.
Celda es una película muy barata y ha sido increíblemente rentable. La piratería está ahí: el otro día vinieron mis padres con una copia que habían pillado en el top manta. Estoy muy contento porque la reacción del público durante esta última temporada, con Celda o con Ágora, ha sido de ir a las salas a ver las películas. Hay algo ahí que fluctúa, y cuando las cosas funcionan, el público quiere verlas con buena calidad. Sé de gente que se la bajó de internet y luego le apeteció verla en el cine. No es tan sencillo como decir “vamos a sacar a esta gente de la calle y vamos a eliminar la piratería”. También hay allí un medio de promoción que, aunque no lo parece, sirve, porque se habla de la película, circula por ahí.
¿Hay solución?
Los tiempos ya están cambiando, y tendrá que haber una gestión de lo que se hace por internet. Nosotros podremos hacer películas si la gente que las ve en internet paga algo por ello; si no, no podremos seguir. Es triste que una película como Rocknrolla haya sido la tercera en descargas en el ranking mundial y no ganara un duro en taquilla. Es maravilloso que la haya visto un montón de gente, pero los productores no van a poder hacer otra película. Si la gente pagara unos céntimos o un euro por una descarga, ya sería otra cosa. Está muy bien democratizar, que haya cine para todos, pero es que el cine está conformado por muchos profesionales y hay muchas familias que dependen de ellos.
¿Han convencido a los espectadores españoles más escépticos de que en este país se hace buen cine?
Deles tiempo. Hemos vivido un año muy bueno y estamos todos muy contentos, pero también es verdad que Celda es una película de muy buena calidad, pero también muy bien pensada para el público. Es un gran entretenimiento. Pero puede existir un cine de autor mucho más íntimo, mucho más personal, que también tiene su público. El cine español es muy variado y cada uno debe tener su espacio. Lo que hay que hacer es verlo para poder opinar. La gente enseguida dice que el cine español es una mierda. Y cuando preguntas cuál ha sido la última película que vio, te dicen Roque III (Yo hice a Roque III, de Pajares y Esteso, 1980).
Ha participado junto a otros personajes conocidos en el proyecto Keep Walking, impulsado por John Walker, para ayudar a jóvenes anónimos que persiguen un sueño. ¿Se sentía identificado?
Es un proyecto que está en la línea de lo que estamos hablando. Tiene un sentido y es algo que se había hecho muy poco. Y menos últimamente, que parece que todo deba tener el premio inmediato y una repercusión masiva. Has de salir en la tele porque si no, no existes. Y esto va en la línea opuesta. Pretende recordar que las cosas empiezan muy atrás. En mi caso, cuando uno está fantaseando en el colegio sobre qué va a hacer con su vida. Y luego decides en un momento dado apostar por algo y vas avanzando pasito a pasito.
¿Tiene la sensación de que le ha costado mucho conseguir el reconocimiento que hoy tiene?
Tengo la sensación de que me lo he pasado muy bien por el camino, durante todo el trayecto, porque he mantenido siempre la ilusión de hacer lo que me gustaba. Es una fortuna con la que no mucha gente cuenta y has de ser agradecido. Afortunadamente, hasta ahora he podido vivir de lo que más me gusta. Pero eso no quiere decir que sea fácil. Yo nací en un lugar de Lugo donde no había nadie que fuera actor ni nada que se le ­pareciese.
¿Cómo lo encajó la familia?
Relativamente bien. Se lo veían venir porque yo empecé a hacer el indio bastante pronto. Establecí algún contactillo con el teatro amateur, estaba metido con un grupo que hacíamos pequeñas funciones para ancianos o discapacitados, algo de labor social. Yo siempre andaba metido en esas cosas porque echabas una mano y hacías algo que te gustaba. Mis padres ya se lo olían.
¿Qué hacían ellos?
Mi padre se dedicó absolutamente a todo en esta vida. Empezó como sastre y también fue panadero y trabajó en un bar. Siempre tuvo dos empleos a la vez para sacarnos adelante. Cuando la sastrería se fue al garete con las grandes superficies, le tocó reciclarse y empezó a hacer cortinas. Yo me iba con él a instalarlas por ahí. Esto cerró, y pasó al sector del automóvil y luego a la telefonía móvil. En medio hubo un momento de paro duro. Mi madre ha sido ama de casa desde que se casó, a los treinta años, con un hombre cinco años menor. Fue una mujer bastante moderna para aquel momento y muy independiente.
¿Qué aprendió de su madre?
Que la vida es muy alegre aunque no lo parezca. Mi madre siempre sonríe. Siempre está contenta. Y le puede ir la vida mal. Mire que le ha ido a veces mal de cojones, pero tiene algo ahí, una flecha que siempre apunta hacia arriba. Mis padres siempre se portaron muy bien conmigo. Nunca hubo trabas, un poco por ignorancia asumida. Ellos apenas estudiaron porque vivían en el campo. Yo estoy muy agradecido porque no quisieron enfrentarse a algo que desconocían.
¿Después de ser el chaval raro de la clase, cambió?
Me convertí en más gamberrete. En el instituto pasé a otra onda que tenía más que ver con el teatro y la música. Empecé a los 17 a cantar en algún grupo y sigo haciéndolo (en la banda de rock The Ellas) porque es una vía de escape muy interesante.
¿Y se volvió serio y formal?
Siempre fui muy serio y formal. Por eso me elegían delegado en clase. Toda la vida me ha tocado ser el responsable del grupo. En algún momento me ha llegado a molestar tremendamente tener que cargar con una responsabilidad que no era impuesta por mí sino por el resto. Son roles que vas adquiriendo sin proponértelo.
Acaba de rodar con Icíar Bollaín en Bolivia. ¿Otra película con mensaje?
Con mucho mensaje. Es una película combativa y trata de la colonización. Sobre la guerra del agua en Bolivia, la única guerra que ganaron los civiles. La verdad es que no puedo imaginar a Icíar en una historia que no sea combativa.
Y pronto, una de miedo, que rodará con Jaume Balagueró (director de REC), junto a su novia, Marta Etura.
No será una película en la que la gente sienta miedo, sino más bien de inquietud. La historia avanza por otros caminos.
No debe de ser muy agradable verle a usted enfadado.
Casi nunca me enfado. Me lo suelo comer yo solo porque muy pocas veces he tenido la seguridad de que tengo la razón para cabrearme. Siempre intento pensar por qué el otro ha actuado así y cuando me doy cuenta de que tengo la razón he perdido el impulso para cabrearme. Ya se me ha pasado. Pero cuando estoy disgustado se me nota mucho.

Fuente: Magazine - "La Vanguardia" - 25/04/2010


miércoles, 21 de abril de 2010

Del tiempo y del olvido

Al recordar estas palabras desde la grandeza que desprende la palabra POESIA, y con todo el respeto que pueda infundirme hablar de ello en público, a nivel aficionado, voy a poner esto porque siempre he admirado a los poetas comprometidos con lo que transmiten, los que me erizan la piel, traspasan la carne y hacen que reflexione sobre el verdadero significado de las palabras cuando tocan mi fibra más sensible, allá donde se esconden las emociones… esas que tanto, y de tanto en tanto, nos cuesta mostrar, nos hacen dichosos de existir.
Julia fue la madre que se fue y después la hija que vino en el trayecto vital de la existencia de Goytisolo, que duró lo que el quiso, quizás un instante o puede que una eternidad, el delicado sonido del verbo trascender…
Mucha gente ha musicado la inmensidad de este pequeño mar de estrofas, Paco Ibáñez en la sabia memoria popular y colectiva, pero personalmente me encanta esta versión donde la presunta dureza del rock se funde con la suavidad de la melodía en una orgía de sensaciones, donde la voz de Yosi Domínguez se quiebra varias veces en un lamento de rabia incontenible, más que por el orgasmo que la alquimia escénica produce por comprobar in situ como la gente del pueblo conoce, asimila, hace suyo, el mensaje de la canción. A mí me hubiera pasado lo mismo…


lunes, 19 de abril de 2010

Des-Conectando

Tomando oxígeno, llenando las botellas pulmonares… vuelta a casa. Inmersión en la cruda realidad. Glu-glu-glu… Algún día volveremos, para quedarnos.

El turismo rural es una historieta que aparte de estar poniéndose de moda entre la gente a la que le gusta desconectar de sus problemas cotidianos provocados por el trabajo o los estudios, el stress que provoca una gran ciudad, o simplemente huir de las interminables obras o de la rutina familiar, en una escapada express, findes básicamente aunque como casi todo, esto va a gusto del consumidor, ya que esta modalidad se suele pagar por días de estancia; te proporciona unas sensaciones de aquellas que calan hondo, y que el subconsciente te traerá de vuelta cuando más las necesites, a la vez que te enseña a respetar a la Mother Nature abriéndote los ojos para que te des cuenta, de una puta vez, de lo pequeñísimo hijo de la insignificancia que eres con respecto a ella…
Olor a tierra mojada y a leña ardiendo en una chimenea, sabor a pan cocido en horno de piedra (con tomate, aceite y sal por supuesto) y a vinito de la casa que dicen los médicos que es aconsejable tomarlo con moderación, y dejarse llevar por senderos de aventura visual, guiados por el trino musicado de esos pájaros imposibles hasta donde el río de la vida, siempre sonando de fondo, te lleve… Paco, mi amigo ecologista, lo explicaría mejor, con la naturalidad y la experiencia que requiere el tema.
Esta masía, decorada con un buen gusto exquisito, ofrece al visitante un acogedor rincón donde aparcar la mochila de noche, descansar como un cabrón en una de esas camas antiguas desde las que no se oye ni el susurro de las estrellas que brillan en la oscura noche exterior, tomar una ducha salvaje al día siguiente (que importante es que funcione la regulación de los grifos como diosmonomando manda, je!), e incluirte un desayuno de campeón, ni las migas vas a dejar, para la jornada que te espera por el precio de 75€ x día la habitación doble (ejemplo: 2 personas – 2 noches – 150 €).
Supongo que las habrá más baratas, iguales o más caras, pero la extrema amabilidad de los propietarios, Yolanda y Guillem son una pareja joven que cierto día abandonaron Barcelona y se montaron el negocio trayéndose de la city solo a sus dos críos peques y a sus cuatro impresionantes gatos (que ejercen también de dueños moviéndose por toda la casa a su antojo), además de las maravillas que ofrece su enclave en un radio de acción de 25km (Banyoles, Figueres, Olot, o sur de la France, Perpignan…), hacen de este uno de esos sitios que vale la pena descubrir, disfrutar… y regresar algún día. Seguro.-

IMPRESCINDIBLE :
• Teatre Museo Dalí – Figueres – 11 € x persona
• Besalú – Pueblo medieval ( a 3 km. de la casa ).
• Lago de Banyoles – Se recomienda bordearlo a pie, 2 horas aprox.




FICHA :
· Nombre: Extèmpora
· Dirección : Cal Noi de l´Avi, s/n - Maià de Montcal - Besalú - Girona
· Teléfono: (972) - 59.04.54
· Página Web :
http://www.extempora.cat/




martes, 13 de abril de 2010

El chicochica

A la espera del estreno el próximo viernes en todos los cines del Reino de la “Alicia” de Tim Burton, que veré un poquito más adelante ya que estaré fuera de la City perdido por las maravillas que ofrece el despertar de la primavera en un refugio antistress de montaña, por cuestiones propias a mi voluntad, hoy me apetece poner algo de este genial director, una miajilla de la que posiblemente sea su mejor película, donde homenajea al conocido como “el peor director de la historia del cine”, que no es otro que ese Ed Wood interpretado magistralmente por Johnny Depp.
Dirigida en 1994 por el genial director californiano, estratégicamente colocada en su filmografía entre el inmenso cuento gótico que fue “Eduardo Manostijeras” y el estupendo delirio de invasión extraterrestre reflejado en “Mars attacks”, esta película habla de muchas, muchísimas cosas, más allá de reflejar minuciosamente la complejidad del personaje de Wood, encantador de serpientes de celuloide escondido bajo el disfraz de una persona+lidad contagiosamente alegre que copula sin condón en cada plano de este orgasmo visual en blanco y negro con esa imperturbable ilusión por dedicarse al mundo del cine que le caracterizó siempre; arremetiendo con fuerza contra todos aquellos que picoteaban, y que continúan haciéndolo en nuestras salas de proyección actuales, con desgana y mal hacer, la caspa adosada a modo de mugrienta serie Zzzzz, en la chistera mágica del séptimo arte.

Serie “B” decían de las pelis deEd (anda, ha salido un palíndromo de esos volando, fiuuuu!), pero como en los antiguos singles de vinilo, la calidad se escondía en la cara oculta del disco que casi nunca nos hemos parado a escuchar con el paso de los años, visualizando, imaginándolo, con detenimiento, porque es ahí donde el artista solía verter toda su sangre creativa en cada surco, con la modestia de quién conoce su grandeza y le abruma la fama…
Un estupendo pulpo-guión gigante escrito a seis manos, la envolvente banda sonora de Howard Shore, una fotografía preciosista que firma un tal Stefan Czapsky, además de un vestuario espectacular salido del armario demodé cargadito de plumas y lentejuelas de Colleen Atwood y sobretodo de un reparto de actores inmenso, con especial mención para Martin Landau y Bill Murray, hacen de esta peli una deliciosa excursión a las entrañas del “glamour” del cine, dicho esto desde la admiración que siempre me han producido aquellas personas que defienden a capa y espada, mareando a la contra, lo que quieren, o les gusta, hacer con sus vidas, pensando que a la “falta de talento” a veces se la suple con un poquito de dedicación, de entrega, de generosidad… y un muchito de amor por lo que se hace.-

• Para mis amigos virtuales: Octavio, que es lo más parecido a conversar con Ed Wood o Tim Burton en pleno siglo XXI, y Alicia, que estrena 27 añicos el próximo sábado con un maravilloso país de sueños en la mochila de la imaginación.
• Siento no haber encontrado la V.O.S. Imprescindible. Hasta lueguito.-


miércoles, 7 de abril de 2010

10050 Cielo Drive

La noche del 8 de agosto de 1969, dos semanas después de que el hombre pisara el satélite terrestre Selene por primera vez, un grupo de lunáticos liderados por Charles Manson que se hacían llamar “La Familia”, supongo que porque el pastor Charlie no estuvo presente en el acto pero mandó a sus corderitos feligreses a perpetrar la matanza del lobo acaudalado, se dirigió a esta dirección de Beverly Hills, California, para cometer uno de los asesinatos más salvajes y recordados de la historia de EE.UU.
El otro día pasaron un interesante documental en el canal 33, titulado “Manson” a secas, donde la voz en off de Linda Kasabian, seguidora del grupo y cuyo testimonio permitió detener a los autores a cambio de su inmunidad (ella también estuvo presente en la orgía de sangre, aunque tan solo se limitó a “vigilar” que no se acercara nadie, cierto que no intervino directamente pero también colaboró, ¿o no?, cosas de la particular justicia americana y su interminable protección a los soplones…); nos introduce en esta pesadilla de una noche de verano.

El trío compuesto por Patricia Krenwinkel, Tex Watson, y Susan Atkins, asesinaron salvajemente a Sharon Tate, la mujer del “diabólico” Roman Polansky, que andaba de viaje por Europa; recibiendo 16 puñaladas, además le cortaron los pechos para dejarla morir desangrada colgada de una viga, sin ánimo de recreo en la violencia es justo mencionar que para retorcer el rizo de lo escalofriante la chica se hallaba embarazada de ocho meses, mientras a su lado se balanceaba sobre la tela de esta apestosa “hazaña satánica” un tipo llamado Jay Sebring, peluquero personal de la actriz, y que en recientes investigaciones de un caso que nunca quedó clarificado del todo, pagó en su momento a un par de seguidoras de La Familia, a cambio de toda una serie de servicios sexuales extremadamente depravados, lo cual contradice la teoría de que entraron en esa finca por pura casualidad. También perdieron la vida apuñalados en el jardín, junto a la piscina privada, el resto de invitados a la reunión que se celebraba: Abigail Folger y Voytek Frykowsky. Además de un chaval de 18 años que “pasaba por allí”, Steven Parent, que tanto en el documental como en lo que he investigado al respecto, podría haber tenido la llave secreta para esclarecer los hechos y bastante que ver en el suceso, ya que abandonaba la casa en el momento que entraban los asesinos, fue el primero en morir, cosido a balazos en este caso…
Al día siguiente, 9 de agosto, fue el propio Charles Manson quién acompañó al trío a la mansión del empresario Leno LaBianca y su mujer Rosemary (otra teoría con muchos adeptos es la fascinación que sentía Manson por la estupenda película "Rosemary´s baby" de Polansky...) para ordenar el apuñalamiento de la pareja a sus secuaces y presenciar in situ otra verbena sanguinaria, no intervino el mismo por lo que en teoría no se manchó jamás las manos de sangre, pero ordenó la acción a sus feligreses, que acataban cualquier orden suya con fe ciega en el poder de su mente enferma…
Antes de abandonar el escenario del crimen, siempre escribían en las puertas o muros de las mansiones, a modo de graffitis utilizando la sangre de sus victimas, la palabra “Pig” además de la enigmática inscripción “Helter Skelter”, título de una canción de The Beatles, que puede hacer enrojecer de rabia a quienes proclaman a los Stones como sus majestades satánicas y jamás escucharon el descontrol me(n)tal de esta tonada...
Actualmente todos los protagonistas de las diversas matanzas, se ha demostrado que cometieron algunas más sin la repercusión mediática de esta, siguen vivos cumpliendo sus respectivas condenas a cadena perpetua, excepto Linda que vive en libertad en algún rincón indeterminado de USA bajo protección judicial.-


------------------------- ÁLBUM DE FOTOS "LA FAMILIA"
---------------------------------- 1. Charles Manson
---------------------------------- 2. Linda Kasabian
---------------------------------- 3. Patricia Krenwinkel
---------------------------------- 4. Tex Watson
---------------------------------- 5. Susan Atkins


lunes, 5 de abril de 2010

Marinero de luces



· Buyl ( Krust Áceo, Agencias )

Algunas de las escasas criaturas marinas que viajaban anoche en el autobús 91 de la línea Seawater Express que cubre el trayecto entre las colonias marinas de Sylvock y Buyl declararon que avistaron la presencia de un hombre rana sobrenadando por encima de sus cabezas. El conductor del vehículo, un pulpo con más de 30 años de navegación en sus tentáculos, afirma no haber presenciado el incidente ya que se hallaba concentrado en la carretera al producirse el presunto avistamiento, justo cuando atravesaban una peligrosa sima situada a escasas ocho millas marinas de destino, “la especial orografía de la zona requiere la máxima atención – declaró -, aunque sí es cierto que escuché una cierta algarabía procedente de la parte trasera del convoy, donde viajaban siete sardinas que embarcaron en Sylvock, visiblemente beodas tras haber disfrutado de la despedida de soltera de una gamba roja, según comentaron…”.
Las autoridades pertinentes tomaron declaración al resto de pasajeros: un calamar solitario que viajaba dormido de camino al trabajo en una tintorería de su propiedad, una pareja de berberechos que viajaban en el flanco izquierdo de ruta y dijeron no ver nada, tan solo algunas burbujas que ascendían procedentes del lado derecho donde las sardinas disparaban sus flashes a través de los cristales (la Policía Científica de Acqualaw requisó el carrete donde solo aparecían instantáneas de la juerga prenupcial, que se divulgarán a la prensa para escarnio de las participantes, además de una fotografía donde no se aprecia absolutamente nada pero que quedó requisada como curiosidad en el informe expedido para su posible investigación), además de una nécora que tuvo que ser atendida de urgencia, fuertemente impresionada por el presunto avistamiento: “Soy consciente de que nos tomaran por locos, pero nadie va a negar lo que mis ojos han visto, ha sido impresionante, en un momento dado el extramarino pareció asustado y escapó hacia la superficie, iba vestido de negro y portaba algo parecido a una botella amarilla pegada a la espalda…”.
Incidentes similares se producen en distintas partes de nuestro Fondo Marino cada cierto tiempo, pero como manifiesta Humphrey Bogavante, uno de nuestros más prestigiosos antropólogos: “Nadie da crédito a estos extraños sucesos que solo sirven para enfermar la imaginación de nuestros pequeños retoños. Está demostrado científicamente que es imposible la existencia de criaturas bípedas con aletas postizas que habiten en lo que nuestros antiguos ancestros llamaban Tierra Firme, así que llamemos nosotros espejismos a estos pequeños incidentes, quizás provocados por el juego de luces de los faros del vehículo al impactar contra las rocas u otras superficies. Además en el improbable caso de que existieran esos seres extramarinos, jamás se aventurarían a llegar hasta aquí abajo. Simplemente, imposible, así que bien haríamos en dedicar nuestros esfuerzos en hablar sobre fundamentos lógicos evolutivos y dejarnos de tanta tontería mística espiritual”.-

viernes, 2 de abril de 2010

A poca elipsis, mucho now!

Vayamos al grano, que hoy es viernes santo, he consumido la mañana contemplando el mar desde una roca, finiquitando esta lectura, y la tarde espatarrado en el sofá sufriendo por la libertad con el “Espartaco” de Kubrick en la TV1 sin interrupciones, así del tirón, además no tengo demasiadas ganas de escribir todo hay que decirlo, aunque sí una terrible necesidad de intentar plasmar en unas pocas líneas mi opinión sobre este libro, que en un vistazo rápido al Google para tomar prestadas un par de fotos que servirán para ilustrar esta breve reseña, me ha abierto un buen montón de opiniones de otros bloguers, que pienso investigar una vez este escrito haya sido crucificado en la virtualidad de la red, curiosidad por empatizar con amigos desconocidos, supongo…
David Monteagudo, escritor gallego afincado en Catalunya, trabaja en una fábrica de cartones en Vilafranca del Penedés, buen zumo de uva espumosa por aquella zona, en sus ratos libres escribe libros como hobby personal, una decena finalizados, lo cual posiblemente le permita encarar su futuro sentado ante la máquina de escribir moderna que es el ordenador, si por lo que parece tanto público como crítica desean que así sea.
Debuta con más de 40 años con esta novela, que fue rechazada por muchas editoriales antes de que alguien, una modesta editorial como Acantilado, apostara seriamente por él, en una de esas sorpresas que el mundo de la literatura deja caer de vez en cuando a quién rastrea el mundo de las letras en busca de calidad…
No he leído todavía “La carretera” de Cormac Mc.Carthy, tampoco he visto la peli, pero conozco lo suficiente sobre la trama para enseguida encontrar puntos de conexión con esta novela, aunque supongo que también divergencias, así que como todas las comparaciones son odiosas, prefiero buscar y si encuentro algo mejor… leerlo.
Este es de ese tipo de libros que resulta difícil comentar sin que se te escape alguno de sus interesantes giros argumentales, que los tiene, o destapar algún intríngulis que podrá sorprender a futuros lectores, así que me limitaré a dejar abierta la puerta de la imaginación a quién se embarque en este viaje hacia lo desconocido con la pandilla de protagonistas.
La historia, desde el punto de partida en el que aceptas la invitación a leerlo, nos cuenta como un antiguo grupo de colegas adolescentes vuelve a reunirse 25 años después, un cuarto de siglo + la edad del pavo = cuarentones como el propio autor, en un refugio de montaña con el pretexto de pasar un fin de semana todos juntos y contarse como les ha ido la vida y tal, mientras observan las estrellas que titilan en la noche oscura del hacerse mayor, preparan su cenita, ponen su musiquita, e intentan hacer entender al compañero que la pasada vía láctea que sigue brillando allá arriba no es nada comparada con el fulgor del camino de rosas que han recorrido hasta el presente, lo que no saben ninguna de las 5 chicas y los 4 chicos que comparecen es que el futuro aún está por red(escribir), je!, ahhh… yo no me apuntaba seguro a una movida de esas, y es que pienso que cuando el tiempo ha pasado, y por la circunstancia que sea, no has conservado la amistad con la gente que pasó por tu vida, es preferible dejar que la memoria las convierta inexorablemente en olvido…
Siguiendo el hilo metafísico que desprende todo lo que acontece entre sus páginas, y sumergiéndote en la vida privada de cada uno de sus nueve protagonistas, como diría el lobo feroz: “para conocerte mejoooooor”, vamos haciendo camino junto a ellos desde nuestra privilegiada posición de lector-espectador, hasta ese fin que da título a la obra, y que a mí, dejemos constancia por escrito, me ha gustado mucho. Interesante.-


This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend
The end of our elaborate plans
The end of everything that stands
The end...
..................... Jim Morrison