domingo, 28 de junio de 2009

Una noche en la Opera

Gran Teatre del Liceu, lleno hasta la bandera. 21.00 horas. Apaguen los móviles, la función va a empezar. No Smoking. No Drinking, No Photos (esta nos la saltamos, que los plebeyos respetuosos con las normas en casa ajena que asaltamos el templo operístico, ya tenemos cámaras digitales y hay que inmortalizar el-los instantes que la noche promete ofrecer), mejor así, los cinco sentidos puestos en el escenario y en la mágica atmosfera que se respira alrededor, personal variopinto en una media de 30-45 años, con algunas excepciones por encima o por debajo de esta franja realmente curiosas, por lo incipientes en degustar los placeres de la genialidad o por lo retardados en digerir, relamiendo el poso de la experiencia, el elixir de los dioses. A Bunbury o se le odia o se le adora, no tiene término medio, de mediocres ya está el mercado lleno. Ocupen su localidad.
Se apagan las luces, se encienden las video-pantallas y aparece la imagen de Farrah Fawcett enfundada en su mítico bañador rojo mientras suena la banda sonora de los episodios de “Charlie´s Angels” y sale la banda al escenario, minuto de condolencia y primera ovación de la noche, Enrique (que tiene mi edad, y supongo que también tuvo posters del ángel en su habitación, aplaude con todos), después ni una sola mención al vecino de tumba, rey del pop-eye espinático mediático para unos cuantos, ignorado, denostado, por alguien que sabe lo que es realmente currarse el escenario.
De lo que ocurrió después en esas dos horas y media que duró el concierto, necesitaría rebuscar en el diccionario de adjetivos elogiosos para encontrar alguno que se ajustara a lo que realmente sucedió anoche, toda una lección de profesionalidad de la banda en general y de Bunbury en particular, derrochando entrega y agradecimiento por los cuatro costados, en un concierto que a la espera de leer lo que dicen los entendidos en la crítica musical, yo me atrevo a calificar de irrepetible.

Desde que picamos en “El anzuelo” que abrió la velada hasta que nos dejamos por completo las agallas con “Y al final” que la cerró, todo el personal desgañitándose por intentar seguir el extenso repertorio, incluidos los 3 bises con 7 canciones más de regalo, que nos regaló el camaleón. Con un tesoro en forma de lista cada vez más rebosante de joyas musicales es difícil complacer a todo el mundo, me considero afortunado porqué tocaron casi todas mis preferidas, lo curioso fue comprobar como sonaban las improvisaciones de algunos clásicos como “Lady blue”, “No me llames cariño”, “Canto (el mismo dolor)”, “Que tengas suertecita”, “Infinito” o “Sácame de aquí”, con una banda prácticamente nueva con respecto al Freak Show por ejemplo, asombrosamente genial, con una acústica en el recinto que rozaba lo mágico acompasada por un derroche de voz y puesta en escena monstruoso, francamente increíble.

Así, la liturgia del momento hizo que una legión de exaltados intentara acceder al escenario, provocados por el maestro todo hay que decirlo, que amenazaba con tirarse de bruces al público, una vez se había cascado la botella de caldo escocés que descorchó tras la presentación y apuró a morro el último trago antes de afrontar el final de un concierto mítico. Tengo entendido que no se autorizó la entrada de cámaras al recinto (El Liceu es propiedad de los socios pudientes del mundo de la opera barcelonesa, a los que Bunbury dedicó un encendido, cuidado que se quema por tercera vez, discurso de reivindicación al Rock & Roll), pero confío en que alguna grabación clandestina se haya colado y puedan disfrutarla los que no tuvieron el privilegio de asistir a esta bacanal. Memorable.-


TEATRE LICEU - BARCELONA - 27/06/09
Enrique Bunbury
voz, guitarra acústica, hammond, stylophone, harmónica y coros
Álvaro Suite
(Suite, Bunbury & Vegas) guitarras y mandolina
Jordi Mena
(Escalones, Big Mama, Sau, Jarabe de Palo…)guitarras, dobro, lap steele, banjo y mandolina
Robert Castellanos
(Carrots, Suite)bajo
Jorge "Rebe" Rebenaque
(Los Rebeldes, Jarabe de Palo, Bunbury & Vegas)hammond, piano y acorderón
Ramón Gacías
(El Huracán Ambulante, Bunbury & Vegas)batería y percusión


* Fotos - Krust ( Se hizo lo que se pudo...)

2 comentarios:

  1. Pues yo qué sé, qué sé yo, Krust, así contado hasta me parece que me puede gustar el Bunbury. Desde luego el Liceo es un marco incomparable en el que hasta El Fary, sí (nunca el Bisbal así sea en el cielo con alitas y tocando el arpa. No hay duda de que lo flipasteis y eso ya no os lo quita nadie. Ya te contaré mi experiencia en Viveros rodeada de hormonitos :-))

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  2. Vete tú a saber, Marilia, espero que te guste. No te preocupes, llevan bastante electricidad y el chorro de voz de Bunbury es poco menos que incomparable, así que problemas de acústica no creo que haya en los jardines, además si te puedes agenciar una cervecita helada, hummmm
    Hormonitos todos? Ya verás que también hay muchísima fero-monita suelta, y es que el tipo las vuelve locas... de atar ;-)

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